Opiniones, Portada

Un País Libre de Pobreza


Por el Doctor: Isaías Ramos


Este Gobierno se empeña en introducir modificaciones a nuestra constitución como si en estos momentos fuera lo urgente y lo más importante. Para lograr su plan, se gastan recursos y tiempos valiosos que muy bien podrían dedicarse a lo que es verdaderamente importante.


A veces, pienso que es la excusa perfecta de su fracaso en la promesa que realizaron al pueblo en las elecciones, de que se haría justicia contra los corruptos, y, sobre todo, que los recursos robados serían recuperados y no ha sucedido ni la
una ni la otra.


El pretender construir una justicia independiente con la participación de los mismos que robaron y saquearon el país, es simplemente una quimera de mal gusto para un pueblo que ya está despertando de su letargo. Un corrupto jamás combatirá la corrupción, y mucho menos, propiciará una justicia independiente.


Ahora, si al presidente le urge tanto este tema, puede introducir una solicitud en el Congreso Nacional para un referéndum popular. Estoy seguro que ningún congresista tendría el valor de negarle al pueblo su participación directa en la modificación que requiera nuestra constitución.


También pareciera que el Gobierno no entiende que este pueblo ya está cansado de los parches que la partidocracia viene realizando durante décadas para manipular, engañar, y crear falsas expectativas en el pueblo.


En esta partidocracia, nunca han sido capaces de venderle un proyecto de nación al pueblo que lo lleve por un camino de desarrollo y progreso, con ideas claras sobre el país que queremos construir. Mucho menos la patria que aspiramos dejarle a nuestros hijos, ni los hijos que le queremos dejar a nuestra patria.


El sistema utiliza diferentes métodos de manipulación y engaño, mientras de manera silente y constante nos va llevando a la pobreza, inestabilidad y miseria.


Vemos como ellos han ideado diversas formas de economía “mixta», donde el Estado cede, transfiere o hipoteca de manera desordenada los bienes o patrimonios públicos al sector “privado». A este último se le garantiza ganancias y lucros
exorbitantes y sin riesgo, mientras se le impone cargas tributarias enormes a la clase media y trabajadora del país concomitante con endeudamiento a las futuras generaciones, para así poder garantizar las “ganancias” a los “inversionistas».

Pareciera que ya no sólo estamos ante una doctrina del “dejar hacer». Estamos ante un sistema que se impone de manera sutil, pero que lleva una agenda oculta. Dicha agenda acelera el proceso de transformación del sistema hacia un tipo de neo feudalismo, en el que la distancia entre los que “tiene» y los que “no tienen» no hace más que aumentar cada día.


Es tanto, el abuso de poder y de opresión al que éste sistema a sometido al pueblo, puede provocar que el mismo colapse.


El sistema está sustentado sobre bases muy débiles como son: la especulación del capital, la opresión y los privilegios de unos pocos. Esto ignorando el mérito, la producción, la productividad, los principios y los valores.


El pueblo se cansó de que sólo se gobierna para garantizar el estatus quo y los beneficios de una élite político-económica que es egoísta, insaciable y avariciosa.


Estamos convencidos de que llegó el tiempo de trabajar para la liberación, la inclusión, la cooperación. Es el tiempo de que gobiernen los que piensan y actúan en favor de las mayorías, de una manera organizada y productiva, con igualdad de
derechos y oportunidades, en una economía liberada al servicio de la vida y del pueblo.


Cada dominicano, quiera o no, tiene el deber y la responsabilidad de no quedarse de brazos cruzados. Toda decisión que tomemos inclinará la balanza de la victoria hacia
la liberación o la esclavitud. Siempre cuidándonos de no caer en el fascismo y la intolerancia, ya que muchas veces el resentimiento se disfraza de fervores “nacionalistas», que son como los herbicidas tóxicos y mortales para la sociedad. Las
ansias de justicia nos pueden llevar a cometer el error de venganza ante tanta iniquidad, aberraciones y saqueos.


Hoy, más que nunca, necesitamos construir el gran cambio soñado por nuestros libertadores, porque después de tanto caos, injusticia, y desigualdad, merecemos una vida en libertad. Una vida en abundancia para todos. El propósito de un buen gobernante es que todos sus ciudadanos tengan una vida digna hasta el final de sus días.
Esta pobreza que afecta a la mayoría de la población sólo se combate educando, garantizando servicios de salud universal y servicios básicos esenciales de calidad. A menor desigualdad, lograremos menos delincuencia, más confianza, mejor salud, ciudadanos más educados y vidas más longevas y felices.

Enviado por Roger Jose Figueroarogerjoseandujar@gmail.com