Internacional, Portada

Tras terremoto y tormenta tropical, Les Cayes clama por ayuda

diariodominicano.com

   Por Carolina Endara
   LES CAYES, Haití, 17 ago (Xinhua) -- En una esquina del hospital Immaculee Conception, en Les Cayes, Haití, Larnette Noel permanece en estado de shock, respira agitadamente y mira hacia la nada junto al cuerpo de su hija Bernard Lonia, de 26 años de edad, fallecida durante el terremoto que golpeó al país el sábado pasado y que hasta el momento ha dejado más de 1.900 muertos.
   Larnette se balancea de un lado al otro y solo se toma algunos instantes para regresar a la realidad cuando le hacen una pregunta.
   Ella se encontraba en su casa cuando empezó el terremoto, Larnette alcanzó a salir rápidamente mientras que su hija no lo logró.
   El cuerpo de Bernard permanece en el piso sobre un trozo de madera y cubierto con una sábana blanca, mientras su madre dice que está esperando ayuda para poderla sepultar.
   Larnette es una de tantas personas que tras el terremoto se encuentran devastadas por la muerte o el estado de salud de sus familiares.
   En distintas áreas del Hospital Immaculee Conception se ven madres cuidando de sus hijos, algunos nacidos hace solo unas horas, otros de apenas unos pocos años de edad, la mayoría en un estado grave de salud.
   Además del dolor que comparten en común, todas claman por lo mismo, ayuda para sus hijos, vivos o muertos.
   Al hospital llegó un grupo de doctores desde Port-au-Prince, quienes de forma voluntaria se organizaron para viajar a Les Cayes a brindar su ayuda de forma gratuita.
   Sin embargo, la docena de médicos parte en una camioneta hacia otro destino y quienes se quedan se ven sobrepasados por la atención que necesitan los pacientes.
   La madre de un niño de un año de edad se queja diciendo que la ayuda médica no es suficiente y se niega rotundamente a aceptar el diagnóstico para su hijo, que es la amputación de ambas piernas.
   En otra área una mujer cuida a una adolescente cuyo pie fue traspasado por una varilla, otra cuida a un infante que llora desesperado y un familiar afirma que el niño tiene una lesión en la columna vertebral.
   Algunos logran recibir atención en una cama o una silla, pero la mayoría en colchones sobre el piso.
   Aquí no existe el distanciamiento social, las mascarillas obligatorias, ni el gel en las manos a la entrada del recinto, la COVID-19 no es la emergencia, sino intentar salvar vidas.
   Médicos, familiares y pacientes, muy pocos portando algún tipo de protección facial, insisten en lo mismo, la gran necesidad de recibir ayuda.
   Una enfermera remarca que lo urgente son más medicinas y más doctores, con los médicos voluntarios sumándose a la petición de insumos, medicamentos, camas y personal.
   En las calles del centro de Les Cayes el panorama es igualmente desolador, pero a la vez confuso, con áreas de mucho movimiento y otras que parecen haber sido olvidadas.
   Aunque la lluvia da poca tregua a la remoción de escombros, la búsqueda de sobrevivientes y de cuerpos, hay lugares donde la necesidad obliga a las personas a seguir buscando materiales, sobre todo varillas de acero, que esperan vender o utilizar para la reconstrucción de sus propias casas.
   En un hotel completamente destruido en la zona céntrica de Les Cayes, decenas de hombres se reúnen a esperar a que la maquinaria remueva trozos de cemento, tras lo que aprovechan para tomar materiales.
   En ese lugar fueron encontrados hasta el momento cinco cuerpos y se desconoce si hay más.
   Sin embargo, en otros lugares, a pesar de haber varias edificaciones grandes completamente destruidas, cerca de ellas solo se ven personas de pie que observan y esperan, no hay señales de rescatistas o maquinaria alguna.
   Los residentes hablan de la esporádica llegada de cuerpos de rescate, pero casi nadie lo hace sobre ayuda humanitaria, insumos, comida o agua.
   En lugares alejados al área central, las personas se encuentran ante un panorama un poco más complejo, debido a que además de la emergencia hay poco abastecimiento de combustible en las gasolinerías, y se ha iniciado la venta informal del producto en envases precarios desde las aceras.
   Hay además heridos de todas las edades que se sientan afuera de sus casas, algunas veces recibiendo tratamiento proporcionado por un familiar.
   En varios caminos se manifiesta otra problemática, la falta de agua potable.
   Camiones cisterna son rodeados por personas sosteniendo contenedores que son desesperadamente llenados y trasladados a pie hacia sus casas.
   El agrupamiento de personas sobre el camino hace que los conductores, sobre todo de motocicletas, toquen sus claxons innumerables veces alertando de su paso, que la mayoría de veces es a toda velocidad.
   Entre el grupo se generan altercados, enojos, discusiones a gritos, la necesidad es mucha y el agua escasa.
   Las dificultades parecen no tener fin, mientras las apersonas esperan que sigan llegando fuertes lluvias causadas por la tormenta tropical Grace.
   Residentes de las afueras de Les Cayes buscan entre los escombros de sus casas materiales para reconstruir e intentar tener un refugio provisional contra la lluvia.
   Algunos golpean con martillos sobre techos de láminas que intentan separar, sacan varillas, colchones, algo de ropa, y algunos más solo caminan sobre los restos de sus casas con la mirada perdida.
   Cuando empieza a oscurecer en las áreas rurales se debe enfrentar la falta de luz eléctrica, haciendo del atardecer un momento de angustia ante tantas dificultades y la posibilidad de la caída de más lluvias.
   Por si no fuera suficiente, el miedo sigue presente como el primer día, haciendo que muchas personas elijan permanecer en refugios que improvisan con colchones, cobijas y grandes plásticos en zonas aledañas a sus casas, ya que se niegan a dormir en ellas por temor a las réplicas.
   Cada lugar y zona presenta una distinta problemática, lo común entre todas ellas y las personas que las habitan es la misma, una necesidad urgente de lograr atraer la atención del mundo al que le ruegan por ayuda.