Mi Voz, Portada

De aprendiz de tonto útil a maestro de mis tonterías

Manuel Matos Moquete

¿Qué ha pasado conmigo? ¿En verdad, soy un ave fénix como me tildan en una entrevista en un periódico? Ciertamente, la curiosidad espolea a cuantos no están al tanto de cuándo y cómo hubo un eslabón en mi vida, desconocido por ellos, que rellenó el vacío irremediablemente colmado de sentido. Para poder enhebrar el relato de mi carrera literaria y de mi vida, habría que penetrar en la caja negra del remoto tiempo transcurrido en la lejanía del sur profundo y de los acontecimiento que me sucedieron luego de emigrar de ese lugar.

A los ojos de alguna gente soy nulo en visibilidad intelectual y literaria. Soy un intelectual callado, dicen. “¡Qué pasa con ese hombre” !, se sorprenden, desconcertados. Ciertamente, nunca me vieron como estudiante de letras de la UASD o de otras universidades dominicanas que ofrecían esa carrera. No estudié en el país a nivel universitario. No tuve profesores dominicanos como Joaquín Balaguer, Max Henríquez Ureña, Pedro Mir, Víctor Villegas. Me hubiese gustado tenerlos, pero no los tuve. Tampoco tuve compañeros de estudios aquí, dominicanos; los que tuve de nuestro país, los conocí estudiando en el extranjero. Nunca he beneficiado de cómplices forjados en las relaciones primarias que se anudan en las aulas y en los cenáculos literarios. Nunca me vieron en actividades literarias, aun cuando compartíamos los mismos espacios y tiempos en Santo Domingo.

Nunca participé en talleres literarios como el César Vallejo de la UASD. Tampoco pertenecí a ningún círculo literario anterior o posterior a la guerra de abril de 1965, para atenerme al período de mi edad adolescente y juvenil. La ausencia del país en aquellos años fue poblada por un largo exilio que me vio arribar inocente y crédulo y me arrojó curtido, experimentado en rupturas y búsquedas.

Nunca fui el mismo. En realidad, quienes pensaban, y quizá sigan pensando, que soy un izquierdista metido a literato; o un literato que desertó de la izquierda, tienen y no tienen razón: antes de mi llegada al país en 1982 no me vieron o no sabían de mí como amante o practicante de las letras. Pero, desde entonces tampoco nadie me ha visto enarbolando dogmas políticos. Fui un simple militante de izquierda o un izquierdista simple de 1961 a 1975.Y de 1975 hasta la fecha, sigo siendo de izquierda, pero sin militar y me volví complejo y sin complejos. Complejo como para que ya difícilmente pueda ser instrumento de nadie. Ni de la izquierda ni de la derecha; y ni de las letras y sus entornos. Lo mejor que me ha pasado en mi vida es que he tenido que recorrerla dos veces: una como aprendiz de tonto útil; otra, como maestro de mis propias tonterías.