Internacional

Australia debería disculparse con sinceridad de sus feroces crímenes

diariodominicano.com

BEIJING, 1 dic (Xinhua) — De acuerdo con el razonamiento del primer ministro australiano, Scott Morrison, parece que la respuesta legítima a un vil crimen de guerra no es ofrecer disculpas o una confesión sincera, sino cambiar de tema y encontrar fallos en los demás.

Morrison y su Gobierno deberían simplemente preguntar al pueblo afgano y comprobar si su estrategia es aceptable siquiera remotamente.

El Gobierno australiano debería sentirse avergonzado. Su demanda de disculpas a China es tan irónica como absurda.

Lo que hizo un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino no fue más que oponerse a crímenes terribles contra los derechos humanos que merecen la condena unánime de la comunidad internacional y defender la verdad y la justicia.

Según una investigación publicada por las Fuerzas de Defensa Australianas, 25 soldados australianos estuvieron implicados en la muerte de 39 afganos, entre ellos varios niños, en 23 incidentes, y ninguna de esas muertes tuvo lugar «en el fragor de la batalla».

La investigación explica que varios soldados novatos se vieron incluso obligados a disparar a prisioneros de guerra para adquirir así la experiencia de «matar por primera vez». Los medios australianos calificaron el escándalo como «el episodio más desgraciado en la historia militar de Australia».

Multitud de dignatarios, entre ellos el gobernador general australiano, David Hurley, y el ex primer ministro del país Kevin Rudd han dado también un paso al frente y condenado los crímenes.

En vez de intentar desviar la atención pública culpando a quienes se pronunciaron por la justicia y los derechos humanos, el Gobierno australiano debería disculparse con sinceridad ante el pueblo afgano y llevar ante la justicia a los soldados que cometieron los horribles actos.

El Gobierno australiano debería sentirse culpable. En nombre de la lucha contra el terrorismo y la promoción de la libertad y los derechos humanos, Australia, de la mano de otros países occidentales, ha librado guerras en Afganistán e Irak. Sus invasiones temerarias han dejado a millones de personas ante el abismo del caos y la masacre.

El año pasado, una investigación publicada por el Instituto Watson de Asuntos Públicos de la Universidad Brown reveló que la prolongada guerra afgana ha dejado más de 40.000 civiles muertos y en torno a 11 millones de refugiados.

No es la primera vez que un escándalo de este tipo sale a la luz. Incidentes relacionados con la muerte de civiles y el maltrato de prisioneros en lugares como la bahía de Guantánamo han supuesto una violación grave del derecho internacional y los derechos humanos más básicos, además de provocar la indignación de todo el mundo.

El Gobierno australiano debería arrepentirse. Además de una disculpa oficial a los afganos, debería prometer de forma solemne a la comunidad internacional que este tipo de atrocidades no volverá a suceder, tal y como pidió el lunes en una rueda de prensa la portavoz del Ministerio chino de Relaciones Exteriores, Hua Chunying.

Canberra debería revisar su doble rasero sobre la protección de los derechos humanos y renunciar a sus prejuicios ideológicos y arrogancia frente a países como China.

Durante algún tiempo, el Gobierno australiano ha incurrido en varios actos de provocación con los que ha interferido en asuntos internos de China que conciernen a sus intereses esenciales. Como resultado, las relaciones bilaterales han quedado gravemente perjudicadas.

La comunidad internacional también debería hacer examen de conciencia sobre la tragedia en Afganistán. Frente a la intención de alguna potencia hegemónica de satisfacer sus propios intereses, la justicia internacional puede resultar lamentablemente frágil y la conciencia humana, ignorarse con suma facilidad.

Para proteger la equidad, la justicia y la verdad a nivel mundial, así como para promover los intereses fundamentales generales de los ciudadanos, todos los países deben mostrar valentía y ponerse del lado correcto tanto de la historia como de la humanidad. En lo que respecta a Australia, tomar la decisión correcta empieza por admitir sus propios crímenes.

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Imagen del 2 de noviembre de 2020 de la Casa de la Opera de Sídney, en Sídney, Australia. (Xinhua/Bai Xuefei)

2020-12-01 12:00:18