Washington, 11 dic (PL) Una política federal en Estados Unidos para el control de armas parece estar hoy lejos de concretarse, entrampada entre quienes exigen mayores restricciones y quienes enarbolan el derecho consagrado en la Segunda Enmienda constitucional para su tenencia.
Tras la matanza de diciembre de 2012 en la escuela Sandy Hook, de Newtown, Connecticut, las iniciativas para limitar el acceso a algunos tipos de armamento parecieron cobrar impulso.
Casi todos los estados promulgaron por lo menos una nueva ley al respecto, la mayoría de ellas en territorios controlados por los republicanos, y de las cuales casi dos terceras partes buscaron reducir las restricciones y ampliar los derechos de los propietarios de armas, mostraron varios gráficos publicados este miércoles por el diario The New York Times.
Aquellos proyectos que apoyan aumentar las restricciones sobre el uso y propiedad de las armas vieron la luz casi siempre en estados donde la mayoría del poder legislativo estadual y diputados en el Congreso federal son demócratas.
Aunque el martes la Casa Blanca anunció la entrega de 100 millones de dólares para financiar proyectos de rehabilitación mental relacionados con tiroteos masivos, permanecen como asignatura pendiente la verificación de antecedentes penales para la venta de armas, la prohibición de comercializar armas de asalto y otras medidas solicitadas por la administración.
Incluso, legisladores demócratas reconocen que el movimiento hacia grandes reformas federales sobre el control de armas se encuentra en punto muerto, al menos por ahora, comentó por su parte el diario The Hill, especializado en temas del Congreso.
Si el sentido común no nos lleva a adoptar una legislación sobre armas como resultado de los sucesos en Newtown, donde 20 niños perdieron la vida, entonces nada lo conseguirá, opinó el representante demócrata por Maryland, Elijah Cummings.
El 8 de diciembre, el Senado dio luz verde a una iniciativa que prohíbe la fabricación, venta o tráfico de armas de fuego no metálicas que pueden evadir los equipos de detección, considerada por expertos como el principal esfuerzo gubernamental en 2013 relacionado con el control de armamento.
Una semana antes la medida fue avalada por la Cámara de Representantes.
Si bien tras la matanza de Newtown el presidente Barack Obama se mostró favorable a tomar medidas más fuertes sobre tráfico de armas, el optimismo cedió paso gradualmente a la decepción.
El golpe más fuerte se produjo en abril, cuando el Senado analizó una medida bipartidista para expandir los controles de antecedentes de todas las ventas de armas comerciales y la enmienda fue derrotada por seis votos.
Sin embargo, el tema del control armamentístico es usado por los más conservadores y entidades como la Asociación Nacional del Rifle para manipular a la opinión pública y poner coto a cualquier legislación que pueda limitar su posesión, teniendo en cuenta el amparo constitucional para portarlas y usarlas en defensa propia.
Erich Pratt, portavoz del grupo Dueños de Armas en Estados Unidos culpó a los demócratas de querer impulsar iniciativas demasiado restrictivas para disponer de pistolas y rifles, algo que no es bien visto en nuestro país, reconoció.
Pratt argumentó, además, que reforzar la verificación de antecedentes penales no impedirá que las armas sigan fluyendo hacia las manos de asesinos.
La ciudadanía continúa dividida al respecto.
Hace una semana, un sondeo de la cadena televisiva CNN mostró que el 49 por ciento de los estadounidenses favorecen un control de armas más estricto, mientras que el 50 por ciento se oponen a ello.
El apoyo ha caído seis puntos desde enero, cuando el 55 por ciento de las personas respaldó restricciones más severas, según el sondeo.
2013-12-11 20:11:20