sábado, 1 de octubre de 2016 – 12:00 AM
Por Benjamín Morales Meléndez / Especial ELNUEVODIA.COM
Este empresario, que por 23 años dirigió la mayor cadena de supermercados de Colombia, conversó largamente con El Nuevo Día sobre su experiencia en la negociación en La Habana y lo que espera ocurra tras la firma del acuerdo de paz. (Xavier J. Araújo Berríos)
BOGOTÁ, Colombia.- Gonzalo Restrepo es un exitoso empresario colombiano que estaba retirado hasta que hace año y medio, cuando fue incluido en el equipo de negociadores plenipotenciarios del gobierno de Colombia para acordar la paz con la guerrilla.
Desde entonces, trabajó intensamente en conseguir un pacto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) que llevara a poner fin a 52 años de guerra civil en el país.
Sus esfuerzos rindieron frutos. El acuerdo fue firmado esta semana y será llevado a votación mañana en un plebiscito en el cual el pueblo deberá votar «Sí» o «No».
Este empresario, que por 23 años dirigió la mayor cadena de supermercados de Colombia, conversó largamente con El Nuevo Día sobre su experiencia en la negociación en La Habana y lo que espera ocurra tras la firma del acuerdo de paz.
END: ¿Qué reflexión tiene después de cuatro años de negociaciones con las FARC-EP?
GR: Fue un ejercicio muy interesante y muy difícil, porque no se trataba de una rendición, sino de un acuerdo en el cual las dos partes de consideraban iguales en la mesa. Llegar a esa mitad no era posible si ambas partes no cedían en esas cosas que no son esenciales y que podían prescindirse para encontrar un acuerdo que trajera la paz a Colombia. Y yo creo que lo encontramos muy bien. El acuerdo tiene cosas que no son perfectas, pero en el todo es un buen acuerdo para Colombia.
END: ¿Cómo fue ese punto en que las negociaciones por poco quiebran y cómo fue el momento en que se sintieron que habían llegado a un acuerdo?
GR: El gran éxito de este proceso es que hubo una planificación secreta previa de seis meses, en la cual se definieron claramente seis puntos de encuentro muy generales, que fueron el manejo de las drogas, la tierra, la participación política, la dejación de las armas, las víctimas y el aspecto técnico del pacto. Me parece que esa visión adelantada hizo posible llegar a un punto de encuentro. Hubo momentos en los cuales hubo mucha tensión. En el punto de la justicia transicional, por ejemplo, no fue fácil encontrar esa fórmula, porque hay acuerdos internacionales a los que Colombia está suscrita y había que llegar a un acuerdo que cumpliera con esos pactos. No fue fácil llegar a un punto de encuentro en que las dos partes se sintieran cómodas sin que hubiese una impunidad total, que fuera una justicia efectiva. El otro punto muy sensitivo fue la dejación de las armas, porque de eso dependía que pudieran pasar a la política, y ese proceso de dejación de armas tiene muchos requisitos que no hizo que la negociación fuera fácil. Pero al concluir esas dos negociaciones sabíamos que el acuerdo estaba cerca.
END: ¿Qué le sorprendió de las FARC-EP, para bien o para mal?
GR: Me sorprendió para bien su organización. Es una organización de tipo militar, autocrática y muy buena, con una obediencia grande. Por supuesto, ellos tienen diversos perfiles. Como parte del proceso uno hace relaciones individuales y ve que existe el que ama más el campo o el que se dedica más a las comunidades. Me sorprendió que son personas muy bien preparadas en términos generales. Tienen una visión realista de lo que debe ser el desarrollo del campo, aunque hay que ver en la ejecución cuán eficaz es. Me sorprendió que son persistentes, insistentes, que son buenos negociadores.
END: ¿Cómo fue esa experiencia de negociar con las FARC-EP?
GR: Creo que el equipo negociador del gobierno hizo un trabajo monumental, aguantar esa presión y tensión por cuatro años doce mucho de sus capacidades. Yo estuve el último año y medio, no todo el tiempo. Fue una gran experiencia, porque es una dinámica muy distinta a la de hacer negocios, pues pueden pasarse días en elaborar una frase. Requiere de gran paciencia y de un gran sentido de sacrificio y dignidad muy grande, pero poder escuchar al otro y ponerse en sus zapatos.
END: Usted que estuvo sentado de frente con ellos, ¿se puede confiar en las FARC-EP?
GR: En términos generales podría decir que hay personas en las cuales se puede confiar, hay personas que no llegué a conocer. Me parece que el deseo de parar la guerra como medio para llegar a un fin es una decisión totalmente aceptada y real. Las FARC se dio cuenta de que la ruta es la discusión de las ideas democráticas, de que la libertad de empresa no puede ser eliminada.
END: Usted como empresario era una suerte de antagonista natural de las FARC-EP, ¿cómo pudo manejarse con ellos?
GR: Desde el punto de las FARC, por su perspectiva marxista, no ve al sector empresarial como fundamental en la sociedad. Pero del otro lado, cuando uno mira la forma como ellos quieren desarrollar ese campo colombiano, pues también van a hacer empresas, porque una empresa no es otra cosa que más de una persona trabajando en equipo, manejando recursos para obtener un excedente y seguir creciendo. Cuando ellos hablan de una cooperativa, están hablando de una forma de empresa.
Una cosa es el discurso, pero en la realidad ellos quieren formar sus propias empresas.
END: ¿Cuáles van a ser esas oportunidades de negocio que se van a abrir en el campo colombiano?
GR: Todos los negocios rurales son de economías de escala, las cuales se logran con grandes extensiones de tierra controladas por una gran empresa agropecuaria o se logran por varias extensiones a pequeña escala unidas entre sí a través de algún sistema que las vincule, y le dé esa economía de escala. Eso le da poder para negociar, buscar mejores precios, suministros, etc. En Colombia creo que van a poder subsistir las dos formas. En eso los señores de las FARC van a entender que el conocimiento del empresario es muy importante y que hay que trabajar juntos. Y veo alas FARC abiertas a eso.
END: El empresariado colombiano, ¿cómo está viendo todo este proceso?
GR: En un sentido general, con los que he conversado, está con el proceso y están con la paz. Ya están viendo más lo que sigue, porque el diablo está en los detalles y en este caso los detalles están en la ejecución del acuerdo. Esta es una gran oportunidad para hacer un cambio en el modelo del país.
END: ¿Cuál es el mayor legado que le deja este acuerdo al país?
GR: Siempre es mejor tener más que menos. Es mejor tener dos caminos que uno solo. El camino de la guerra, la confrontación y la muerte ya lo conocemos. El otro camino no lo conocemos, da miedo, pero es mucho convincente, porque es el camino de la construcción. Se le está dejando a la generación que sigue un camino, darse la oportunidad de construir algo que va a funcionar. El primer año va a ser crucial.
END: Un triunfo del «No» en el plebiscito, ¿cuán demoledor sería?
GR: No entiendo mucho de lo que postula el No. Me parece que no sería muy entendido a nivel internacional que votemos en contra de este proceso. El problema fundamental que veo al No es que no explican qué sigue si la gente vota en contra, no hay un camino definido.
END: ¿Por qué hay que votar por el Sí, cuál es el argumento contundente?
GR: Por primera vez tenemos un acuerdo de paz por primera vez, aunque no sea perfecto. Si no somos capaces de aceptarlo nos quedaremos viviendo en el pasado, en el mundo de la guerra y de la muerte. Cuando pase el plebiscito, Colombia debe abrazarse nuevamente y el Sí ofrece un camino de perdón, reconciliación y reconstrucción. Es un camino de saneamiento.
END: ¿La paz llegó para quedarse en Colombia?
GR: Creo que la paz llegó para llegarse, no es una paz perfecta, pero es la oportunidad para que un país se mire diferente hacia el futuro.
2016-10-01 07:49:57