Internacional

Italia no llora, para bien asume el desafío

Por Silvia Martínez

Roma, 1 nov (PL) Los terremotos en el centro de Italia arrasaron valiosísimas obras patrimoniales, templos medievales, viviendas, comercios, pero sobre todo arruinaron recuerdos, sueños y añoranzas de sus moradores.

En segundos, la fuerza de la naturaleza cambió para mal el panorama y la vida de miles de personas, quienes de ‘confortables casas’ tienen ahora por vivienda el auto o una carpa, expuestas al frío de la noche, a la convivencia junto a otras decenas bajo un mismo techo de lona, a la benevolencia de un amigo o un familiar que las acoja o a la ayuda del gobierno.

En segundos cambió para mal el esfuerzo de años, la herencia familiar, el sitio natal; todo ‘explotó’ en nubes de polvo y piedras por la fuerza emanada de las entrañas de la tierra en Norcia, Arquata del Tronto, Ussita, Visso, Castelsantangelo sul Nera, Amatrice, Accumoli.

En segundos cambió para mal la cotidianidad de la escuela, el trabajo, el huerto, el desayuno y la cena en torno a la mesa familiar.

En segundos la tierra en el centro de Italia se hundió hasta 70 centímetros por el movimiento de las placas tectónicas y hay que suponer sea también para mal. Porque Italia no deja de temblar, las lámparas se balancean como primer síntoma doméstico del acomodo de las capas en la profundidad de la Tierra.

Pero Italia no llora, al menos ni una sola lágrima corre por la mejilla de ningún ciudadano, mas impresiona la dureza de la mirada, el brillo del dolor en los ojos, la voz de una garganta quebrada, que no es por miedo, aunque también; que no es por incertidumbre, aunque nada mejor se avizore.

Contrasta que muchos hablan de levantar sobre las ruinas sus nuevas vidas y sueños, apenas con una pequeña valija o un bulto pegado al regazo, como único trofeo de una escapada inusitada, abrazado a su perro, en medio de la angustia, vibrante en el pecho el susto breve pero intenso de la bravura de la tierra.

Llevará años levantar símbolos destruidos como la Basílica de San Benedetto, la Torre Cívica de Amatrice, cada morada y comercio, pero muy probada en esos empeños está la sísmica Italia, la nación con 51 sitios declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Los pintorescos poblados de la cadena montañosa de los Apeninos, cuyos orígenes se remontan en muchos casos al Medioevo, volverán a alcanzar su esplendor, para bien de sus moradores y de miles de turistas que cada año visitan la zona.

2016-11-01 08:40:55