LIMA, 12 feb (Xinhua) — La orden de detención contra el expresidente peruano Alejandro Toledo (2001-2006) emitida el jueves por la Justicia del país ha supuesto un duro golpe para los peruanos más humildes, aquellos que creyeron en las promesas del político de luchar contra la corrupción.
Adalid del combate contra las prácticas del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), que está actualmente preso por crímenes de lesa humanidad y corrupción, Toledo fue precisamente quien organizó la llamada «Marcha de los Cuatro Suyos», determinante para la caída del fujimorismo.
Este jueves, el magistrado Richard Concepción Carhuancho, titular del I Juzgado de Investigación Preparatoria de la Sala Penal Especializada, emitió la orden de captura nacional e internacional contra el exmandatario, acusado de delitos de lavado de activos y tráfico de influencias a favor de la constructora brasileña Odebrecht.
Tras evaluar la petición de detención preventiva de Toledo durante 18 meses hecha por el Ministerio Público, el juez la aceptó por considerarla razonable para garantizar su comparecencia ante el juzgado.
La pesadilla para Toledo empezó cuando las Justicias brasileña y estadounidense filtraron una información dando cuenta de que el presidente del consorcio brasileño, Marcelo Odebrecht, había confesado el pago de 29 millones de dólares en Perú para ganar licitaciones de obras públicas.
De acuerdo con las indagaciones preliminares, el pago ilícito realizado ascendería a cerca de 20 millones de dólares, monto fraccionado en varios pagos y depositado en la cuenta bancaria del empresario israelí Josef Maiman, amigo íntimo de Toledo.
Pese a que el expresidente proclamó su inocencia en unas declaraciones desde París y aseguró que se trataba de una persecución política en su contra, las pruebas documentales obtenidas por el fiscal Hamilton Castro fueron contundentes.
Multitud de personas que fueran seguidoras del político peruano confesaron, algunas con lágrimas en los ojos, estar decepcionadas por los recientes acontecimientos.
«Yo marché junto a Toledo y mi familia le dio todo el apoyo cuando organizó la ‘Marcha de los Cuatro Suyos’, pero lamentablemente la ambición del dinero pudo más que la moral y la ética de un fallido estadista», contó a Xinhua Luis Fernando Zapata.
A su juicio, el político peruano se burló de todos sus seguidores y utilizó el cargo público para hacerse más rico, aludiendo a la compra de departamentos, el pago de hipotecas de una casa de playa y la compra de una lujosa oficina, con las supuestas coimas pagadas por Odebrecht.
«Ahora, ¿en qué se diferencia de Fujimori? Es triste para quienes confiamos en él que se haya convertido en un fugitivo de la Justicia peruana, al igual que los narcotraficantes, los sicarios y criminales de la calle», anotó.
Zapata aludía así a la campaña de búsqueda internacional emprendida por el gobierno del actual presidente, Pedro Pablo Kuczynski, que colocó a Toledo entre los criminales más buscados por su país y ofreció una recompensa de 30 mil dólares por información que ayude a su captura.
Aún queda en la memoria colectiva de los peruanos la imagen del candidato Toledo en el año 2000 cuando, con una vincha en la frente, se lanzó a las calles para cuestionar el régimen de Fujimori.
Entonces, su figura de indígena nacido en los Andes peruanos, de origen humilde y de economista con un doctorado en la Universidad de Stanford (EEUU) era su mejor carta de presentación para salvar a un país en crisis.
Llegó a la Presidencia y gobernó entre los años 2001 y 2006. El país salió de la crisis política y económica que le dejó el régimen de Fujimori, sin que nadie sospechara de los presuntos negocios millonarios urdidos con Odebrecht, en los que Toledo le habría otorgado la construcción de la carretera interoceánica, que une Perú y Brasil.
Una vez hecha pública la orden de detención, antiguos colaboradores, exministros, congresistas y exdirigentes del partido de Toledo, Perú Posible (PP), se presentaron rápidamente en los medios de comunicación para desligarse del exmandatario y pidieron contra él todo el peso de la ley.
Uno de ellos, el exvicepresidente David Waisman, fue enfático y aseguró que Toledo traicionó la confianza de todos sus colaboradores, al tiempo que manifestó su deseo de que, si es encontrado culpable, «se pudra en la cárcel».
El empresario peruano, quien fuera uno de los más cercanos colaboradores de Toledo, no ahorró palabras para criticarlo y dijo que se siente utilizado porque desconocía sus actos ilícitos con la empresa brasileña.
Paradójicamente, si Toledo es capturado y repatriado a Perú, lo más probable es que ingrese en la misma cárcel policial donde cumple Fujimori una condena de 25 años de prisión.
Las autoridades del Ministerio Público también investigan a otros altos funcionarios de los gobiernos de Alan García (2006-2011) y Ollanta Humala (2011-2016) por el supuesto cobro de coimas para favorecer a Odebrecht con la concesión de obras públicas.
2017-02-12 14:12:23