Por Alberto Salazar *
Colombo (PL) En estanquillos de periódicos o en librerías y bibliotecas; en calcomanías pegadas a los parabrisas de esos pequeños taxis llamados tuc-tuc; en las mochilas de los estudiantes; en medio de una perdida plantación cauchera o en la camiseta de un pescador del sur…
No importa donde vayas: hasta en los lugares más insospechados de esta isla del sur de Asia llamada Sri Lanka te asaltará un rostro enmarcado en melena inculta, barba rala y boina condecorada con una estrella dorada.
Y de la gente, ni se diga. Pudiera creerse que solo los más viejos lo recuerdan, pues ya van a hacer 50 años de su muerte, el 9 de octubre. O quienes estudiaron en Cuba, porque bastante que se habla de él en aquella otra isla, la del Caribe.
Pero uno se lleva cada sorpresa…
Puede ocurrir, por ejemplo, que por cualquier motivo te pares en una esquina de Colombo y estos muchachones te rodeen al descubrir que eres cubano. Y claro, salen a relucir el líder histórico Fidel Castro, la Sierra Maestra y habla-que-te-habla, hasta la guerrilla de Che Guevara en Bolivia. Justo ahí, te dices: ‘De esto sí van a saber poco o nada’.
Pero sí que saben. Y para probártelo, el más pillo se abre la camisa de par en par y ¿qué te enseña? Ahí, estampado en su camiseta, ves el mismo rostro del tuc-tuc, ahora con un habano de dos cuartas en la boca y casi como queriéndote decir que todavía anda por estas tierras donde estuvo en agosto de 1959…
Tu asombro desborda la esquina. Y en medio de la risa de los demás, aquel bribonzuelo te suelta en cingalés una andanada de la que no entiendes ni papa… Por suerte, siempre hay uno más seriecito que te lo traduce al inglés, y tú, de ahí, al español: ‘¿Ahora sí cree, señor, que sabemos quién fue este hombre?’
LA CAOBA DEL CHE
En Horana, una localidad de las afueras de Colombo, crece una caoba que el 8 de agosto de 1959 era una endeble postura en manos del legendario guerrillero. Como la amistad entre los dos países, la plantita creció y hoy, con más de 25 metros, suele cobijar bajo su sombra diversos actos de solidaridad con Cuba.
‘Nunca he podido aceptar la idea de que el Che murió. Para apartarla, me basta mirar la caoba, imaginarme que él es el árbol y que esas raíces aflorando sobre el terreno son sus ideas, regándose por todas las tierras del mundo’.
Dingiri Mahattaya tenía entonces 29 años y fue encargado de atender a Ernesto Guevara cuando este, durante una fugaz visita a Sri Lanka, recorrió una plantación de caucho en Horana.
‘Estaba interesado en conocer los métodos de siembra y explotación del árbol del caucho; se pasó el día recorriendo la finca, hablando con los trabajadores, y ya por la tarde sembró esta caoba, que entonces medía menos de un pie y no era más gruesa que mi pulgar’, me contó Mahattaya, único testigo vivo del hecho.
‘Yo era un simple empleado y mi misión era prepararle el desayuno, el almuerzo o un té, pero él siempre me trató con mucha consideración y al final de su visita hasta me regaló una caja de habanos’.
‘Por aquí han pasado decenas de personalidades de todo el mundo, pero a nadie recuerdo con más respeto que a aquel hombre barbudo, de uniforme verde olivo y boina negra de quien ni siquiera sabía entonces el nombre, pues solo me dijeron que se trataba de una persona muy importante.
‘Con el tiempo, leí sobre él, supe quién era y me grabé en la mente cada detalle de su visita. Ocho años después, cuando supe que lo habían asesinado en Bolivia, sentí una opresión extraña en el pecho, como una mezcla de dolor e ira. Será por eso que no asimilo la idea de su muerte’.
‘Alguien me dijo que este era el único árbol plantado por el Che que aún estaba vivo, pero yo no lo creo, debe haber otros por ahí, en Cuba, en Argentina, en Bolivia, ¿quién sabe…? De que sí estoy seguro es que esta es la caoba más famosa de Sri Lanka, de Asia y tal vez de todo el mundo.
‘Para mí al menos lo es, porque la savia que circula por ese tronco y esas ramas es sangre guerrillera que se resiste a la muerte y al olvido’.
EMBOSCADA GUERRILLERA EN COLOMBO
Al viajero inadvertido, el cartel lo toma por sorpresa, como una emboscada a la vuelta de la esquina: Café Che… ‘¿El nombre será por lo que estoy pensando o da la casualidad de que en cingalés hay una palabra igual?’
Después comprueba que sí, que en una concurrida avenida de la capital de Sri Lanka, hay un café-restaurante que lleva el nombre del legendario guerrillero argentino-cubano Ernesto Guevara.
El establecimiento ofrece prontas e inequívocas señales de identidad: los paneles de cristal que hacen de paredes llevan grabados el inconfundible signo de la hoz y el martillo, y dejan ver que el decorado interior está dedicado al Che.
El visitante no puede sustraerse a la tentación de entrar. Y cuando lo hace, piensa que sí, que el Café Che de Colombo está tan bien plantado aquí como pudiera estarlo en La Habana, Buenos Aires o cualquier capital latinoamericana.
Perfecto, no es. Ofrece algunos platos criollos, una decoración muy a propósito y un ambiente bohemio del que mucho gustan los jóvenes esrilanqueses que se dejan caer por allí, sobre todo los fines de semana…
Pero para ser perfecto, o para acercarse, aún tiene que matricular en su menú un congrí cubano y un asado argentino, incorporar a las ofertas del bar unos cuantos cócteles latinos, y habilitar un espacio donde el que lo desee pueda cebar un humeante mate o encender un kilométrico habano…
Meros detalles que uno perdona cuando al salir del café, se siente perseguido por las ráfagas de unas coplas que parecen inundar toda esta isla del Índico: Aquí se queda la clara, / la entrañable transparencia, / de tu querida presencia / Comandante Che Guevara.
*Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam. Fue enviado especial a Sri Lanka.
arb/asg
2017-10-06 01:24:28