Por Frank González
Roma, 25 dic (PL) Tras dos años de espera en el Senado, la modificación de la ley de ciudadanía naufragó y con ella el derecho de 800 mil hijos de inmigrantes residentes en este país a ser considerados legalmente italianos, por ahora.
El proyecto impulsado por el gobernante Partido Democrático (PD) con el respaldo de la coalición de centro-izquierda ‘Libres e Iguales’, ocupó el último turno en la agenda de la cámara alta hace dos días, antes del inicio del receso parlamentario por el fin de año y, en la práctica, del mandato de la actual legislatura.
Con la oposición de la derecha encabezada por la xenófoba Liga Norte (LN), Fuerza Italia (FI) y Hermanos de Italia (HI), la abstención anunciada por el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la erosión del frente a favor tras la retirada del apoyo del partido Alternativa Popular (AP), la propuesta estaba condenada al fracaso.
En una clara maniobra obstruccionista, los opositores presentaron unas 50 mil enmiendas al texto aprobado por la Cámara de Diputados en octubre de 2015, lo cual obligaba al gobierno a recurrir al voto de confianza para lograr el visto bueno en tiempo breve.
Sin embargo, para la aplicación de ese instrumento cuya función, además de acortar el procedimiento es obligar a los legisladores de la mayoría a votar a favor de la iniciativa, el ejecutivo carecía del respaldo de todas las fuerzas del bloque sobre el cual descansa su estabilidad.
En esas circunstancias, la táctica escogida por quienes se opusieron a la modificación de la ley fue ausentarse, para impedir el quórum necesario para la discusión en el plenario, donde permanecieron 116 de los 149 senadores necesarios para validar el debate, entre ellos sólo 60 de los 89 pertenecientes al PD.
Para el director del diario católico Avvenire, Marco Tarquinio, lo sucedido fue ‘una falta de respeto para los jóvenes italianos con padres extranjeros que algunos políticos y líderes de opinión, dispuestos a azuzar sentimientos y resentimientos al margen de la comunidad nacional, pretenden considerar ajenos’.
Ni siquiera hicieron el esfuerzo de votar a cara descubierta, indicó el directivo del periódico propiedad de la Conferencia Episcopal Italiana, quien añadió que se trata de una ley esperada durante 16 años pedida con urgencia por la sociedad civil y desde hace por los menos ocho, por las asociaciones católicas en primera fila.
En opinión de Andrea Iacomini, portavoz de Unicef-Italia lo que debió ser un gesto de civismo fue todo lo contrario y añadió que los italianos deben pedir disculpas ‘a los 800 mil compañeros de clase de nuestros hijos, adultos del futuro, a quienes se les negaron una vez más sus derechos’.
La presidenta de la Cámara de Diputados, Laura Boldrini, calificó lo sucedido de ‘promesa fallida y ocasión perdida para darle mayor cohesión a nuestra sociedad, 800 mil muchachas y muchachos, que de hecho ya lo son, esperaban confiados convertirse en ciudadanos italianos’.
La legisladora subrayó a través de un mensaje en la red social Twitter, que tanto en los senadores ausentes, como sobre quienes provocaron la falta de apoyo a la propuesta, recae ‘una grave responsabilidad’.
En opinión de Cecilia Guerra, de Libres e Iguales, el fracaso se debió a la estrategia seguida por el PD de mantener la propuesta estancada a nivel de comisión por miedo a perder consenso y respaldo electoral, primero en el referendo sobre la reforma constitucional y después en las elecciones municipales de junio último.
En el lado contrario reaccionó jubiloso el senador de la LN, Roberto Calderoli, quien se atribuyó el mérito de la derrota de la iniciativa, lo cual consideró ‘una gran victoria’.
Mientras tanto, su colega Maurizio Gasparri, de Fuerza Italia, afirmó que ‘estamos orgullosos de que la legislatura concluya sin aprobar la ley loca sobre el ius soli, una normativa errada y demagógica a favor de los (inmigrantes) clandestinos’.
El proyecto involucraba dos conceptos jurídicos: el ius soli y el ius sanguinis expresiones del latín mediante las cuales se describen el derecho a la ciudadanía por nacer en un territorio, en el primer caso, y por lazos sanguíneos heredados de padres a hijos, en el segundo.
La ciudadanía italiana se adquiere actualmente por residencia o nacimiento, en cuyo caso el principio rector es el ius sanguinis, de manera que los hijos sólo podrán lograrla por vía indirecta como descendientes una vez sus padres la obtengan, después de 10 años de residencia legal en el país, o tras cumplir 18 años.
La propuesta incorporó el ius soli atemperado porque no preveía el otorgamiento automático de la ciudadanía, sino que exigía determinados requisitos en relación con los progenitores.
Establecía además el ius culturae, mediante el cual podían acceder a la ciudadanía los menores extranjeros nacidos aquí o llegados al país antes de los 12 años de edad, que hayan frecuentado la escuela italiana durante un mínimo de cinco años y superado por lo menos el nivel elemental o el medio.
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2017-12-25 07:31:03