La Habana, 27 ene (PL) Otra vez las víctimas, el lamento y los miedos afloran en medio de la historia de violencia y desesperanzas de un Afganistán carcomido por la guerra y el terror.
Un nuevo ataque suicida -el segundo más sangriento desde la caída del régimen talibán- se sumó en esta jornada a la larga lista y causó la muerte a 95 personas y heridas a 158, cifras susceptibles de aumento por la gravedad de las lesiones.
El hecho se registró en una concurrida zona comercial próxima a un antiguo edificio del Ministerio del Interior y a los consulados de India y la Unión Europea (UE).
En lo que va de año, han ocurrido episodios similares en varias partes del país, aunque ninguno de tamañas proporciones.
Los de mayores consecuencias los perpetraron esta semana en el Hotel Intercontinental de Kabul y en las oficinas de la organización no gubernamental (ONG) Save the Children, en la provincia de Nangarhar.
En el primero la cifra de víctimas letales superó la veintena y de ellas 14 eran extranjeros, según el reporte del Ministerio de Salud, que también confirmó el rescate de más de 150 empleados y huéspedes.
El segundo ocasionó la muerte a cuatro trabajadores, un transeúnte, un miembro de las fuerzas de seguridad, y los cinco atacantes.
Inmediatamente el organismo internacional de ayuda a los niños expresó su preocupación y horas más tarde anunció la suspensión de las labores de su personal allí en tanto no se les garantice la seguridad.
Tras conocerse este sábado la noticia de la nueva masacre, varias naciones y organismos se solidarizaron con el país.
La alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, reafirmó el compromiso con el proceso de paz al expresar que el bloque regional apoyará al pueblo y al Gobierno en ese empeño. También el Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, condenó enérgicamente el atentado y expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas.
Por su parte, el presidente de la Asamblea General de la ONU en su 772 periodo de sesiones, Miroslav Lajcak, manifestó sentirse alarmado por la reciente avalancha de feroces ataques en Afganistán.
Poco productivas han sido las publicitadas estrategias antiterroristas llevadas a cabo por Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte para enfrentar la creciente violencia.
De hecho, analistas coinciden en que permanecer en suelo afgano garantiza a Washington la consolidación de su estrategia política y económica en la región.
Lo cierto es que los talibanes continúan desafiando al Gobierno y expanden su poderío, al tiempo que el Estado Islámico, presente allí desde 2015, procura arraigarse en un nuevo escenario de actuación.
Mientras, las huellas del conflicto se acentúan en los más vulnerables.
Unos huyen de su país para sobrevivir al caos, en tanto otros, los que eligen o necesitan permanecer, tendrán que lidiar con la temida posibilidad de convertirse en otra víctima de una sangrienta historia de nunca acabar.
arc/ihr
2018-01-27 16:18:29