Internacional

Recuerdan hoy en Serbia bombardeos de OTAN en 1999



Por Roberto Molina Hernández

Belgrado, 24 mar (PL) Un día como hoy, en 1999, cuando la tarde moría y se proyectaban las primeras sombras de la noche, los pájaros de la muerte de la OTAN iniciaron los bombardeos a territorios de la entonces República Federal de Yugoslavia.

No medió declaración de guerra alguna, ni había una autorización del uso de la fuerza en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, pero nada de eso se tuvo en cuenta, ni siquiera la tan civilizada Acta Final de Helsinki y el hecho de que este país hubiera iniciado las negociaciones para el proceso de preingreso a la Unión Europea.

Falsos argumentos de protección de los derechos humanos y miles de medias verdades y flagrantes mentiras diseminadas a raudales por el mundo a través de la ‘prensa libre’ de occidente bastaron para perpetrar el crimen que se extendió por 78 días.

Las primeras bombas y misiles cayeron en Kosovo y Metohija, una manera singular de ‘proteger a la población civil de origen albanés masacrada por las fuerzas yugoslavas’, como se informaba al mundo.

Y los primeros blancos fueron instalaciones militares y policiales en aquella región y la base aérea de Batajnica, en la lejana Belgrado, que además de destrucción causaron la muerte a poco más de una docena de soldados y reservistas.

También, por supuesto, se sucedieron los primeros ‘daños colaterales’, un eufemismo para justificar el destrozo de instalaciones civiles considerados ‘peligrosos’: los trasmisores de varios canales de la radio y televisión de Serbia, antenas de la radio de Belgrado y de la firma de celulares Mobtel y un centro telefónico.

En los días subsiguientes, hasta completar ‘la tarea’, los halcones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, bajo el mando de Estados Unidos- que realizó la mayoría de las incursiones- vomitaron su mortal carga sobre puentes, refinerías, fábricas de medicamentos, hoteles, edificios públicos, hospitales, trenes de pasajeros y otros muchos objetivos, entre ellos la embajada de China.

Paralelamente, se desplegó la guerra sicológica, con el lanzamiento de 35 millones de octavillas, en idioma serbio, para intentar soliviantar y desmoralizar a las tropas y a la población civil.

En tanto, las fuerzas militares yugoslavas permanecían casi intactas y resistieron la agresión a pesar de esa superioridad aérea y la obsolescencia de su equipamiento.

De acuerdo con datos aún sin precisar, murieron de mil 200 a dos mil 500 personas, de ellos mil 31 efectivos del ejército y la policía. También 87 niños.

Los heridos, entre graves y leves, fueron cinco mil 173 soldados y polícias, seis mil civiles- de ellos dos mil 700 niños- y varias decenas de personas aún permanecen en el limbo de desaparecidos.

Los daños materiales ocasionados se calculan en varios miles de millones de dólares.

Las bajas y pérdidas de los atacantes nunca se han revelado.

Cuando el 10 de junio comenzó el repliegue de las fuerzas gubernamentales de territorio kosovar, pararon los vuelos de la muerte. Dos días después, el presidente de la entonces Yugoslavia, Slobodan Milosevic, firmó el acuerdo que permitía el ingreso allí de tropas de EE.UU. y la OTAN, al mando de la ONU.

Entre las primeras falacias que rodaron por tierra, se encuentra la del estadio de Pristina, presentado al mundo como un campo de concentración de las fuerzas yugoslavas para 100 mil albanokosovares cautivos. La instalación estaba intacta y el césped del terreno completamente verde y sin señales de pisadas masivas.

El resto de la historia es más o menos conocido: logrado el objetivo de separar a Kosovo de Serbia, el Pentágono construyó la mayor base militar fuera de Estados Unidos, los albanokosovares siguen sin los ríos de leche y miel prometidos y perdura el conflicto Belgrado- Pristina, a pesar de años de negociaciones y de acuerdos incumplidos.

2018-03-25 01:14:56