Internacional

Expectativa de prisión de Lula da Silva redefine escenario electoral en Brasil

BRASILIA, 5 abr (Xinhua) — La decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil de negar el habeas corpus solicitado por la defensa del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva para evitar su prisión impacta directamente en el escenario electoral, al dejar fuera de la disputa al candidato favorito en las encuestas de intención del voto.

Especialistas indican que el ex presidente Lula da Silva (2003-2010) podría ser preso en tres semanas, para comenzar a cumplir la condena a 12 años un mes de prisión por los delitos de corrupción pasiva y lavado de dinero.

Aunque el Partido de los Trabajadores (PT) afirmó luego de la decisión de la Corte que mantendrá la candidatura del ex presidente, el propio Lula da Silva admitió a sus allegados que está virtualmente fuera de la carrera presidencial.

La presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, declaró que la candidatura será registrada de todos modos, aunque haya pocas posibilidades de que Lula pueda participar en la disputa presidencial, debido a la Ley de la Ficha Limpia, que impide la postulación de políticos condenados por la Justicia.

A seis meses de la primera vuelta electoral, prevista para inicios de octubre próximo, Lula da Silva lideraba los sondeos de intención de voto con cerca de 35 por ciento de las preferencias y un amplio margen sobre todos sus adversarios para la segunda vuelta.

La estrategia petista sería sostener la candidatura de Lula el máximo tiempo posible, mostrándolo como un perseguido político y registrar a última hora a otro candidato con la esperanza de que sea identificado como su representante.

La posibilidad de que el ex mandatario pueda transferir los votos a otro candidato del PT es una incógnita, como al ex alcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad, o al ex gobernador de Bahía, Jaques Wagner,

En esas condiciones, el tablero electoral gana mayor incertidumbre, con varios candidatos que pueden beneficiarse de la exclusión del ex presidente.

Los últimos sondeos divulgados el mes pasado mostraban que en caso de que Lula da Silva quedara fuera de la disputa, el diputado de derecha Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), lideraría con 20 por ciento de las intenciones de voto.

La ex ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, de la Red Sustentabilidad, se ubicaría en segundo lugar, con 14 por ciento de las preferencias.

Más atrás se ubicaría el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), con 9 por ciento; mientras que el ex ministro de Hacienda, Ciro Gomes, del Partido Laborista Brasileño (PDT), alcanzaba el 8 por ciento.

Podría terciar también en la disputa una candidatura del gobierno del presidente Michel Temer, encabezada por el propio mandatario o por el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, por el Movimiento Democrático Brasileño (MDB).

Las pretensiones de Temer de obtener la reelección o conseguir elegir un sucesor chocan con la fuerte impopularidad del gobierno y la débil recuperación económica, que demora en llegar al día a día de los electores.

Si bien Bolsonaro aparece en primera instancia como el probable líder en el nuevo escenario electoral, los analistas llaman la atención de que gran parte de su popularidad derivaba de aparecer como un contrapunto derechista a Lula da Silva.

La exclusión del ex presidente del proceso electoral podría reducir atractivo de Bolsonaro para muchos electores y eventualmente favorecer candidaturas más hacia el centro del espectro político.

Hacia la izquierda, Ciro Gomes, un político de origen en el noreste, al igual que Lula da Silva, podría recoger parte de los votos que iban para el ex presidente, en especial por levantar banderas como la defensa de la soberanía nacional y una inserción independiente de Brasil en el mundo.

Marina Silva, una ambientalista de renombre mundial, puede ganar impulso a partir del repudio generalizado del electorado a la corrupción en la política, pero sufre por la falta de una estructura partidaria sólida y de alcance nacional, lo que la obliga a depender de alianzas con otras fuerzas políticas.

El gobernador paulista Alckmin, en cambio, cuenta con el aparato del PSDB, el gran rival del PT en las últimas seis elecciones presidenciales, y con el apoyo del poderoso empresariado de Sao Paulo, el corazón económico del país.

La evolución del cuadro electoral dependerá igualmente de la temperatura del debate político, que en las semanas previas al fallo del STF alcanzó niveles peligrosos, debido a las pasiones que levanta a favor y en contra el ex presidente Lula da Silva.

La tensión ganó contornos inéditos en los últimos años, inclusive por la manifestación del jefe del Ejército, general Vilas Boas, quien horas antes de la sesión de la Corte advirtió que los militares esperaban «el fin de la impunidad».

El mensaje fue interpretado como un condicionamiento al máximo tribunal, levantando fuerte críticas de asociaciones de magistrados, dirigentes políticos y medios de comunicación, por considerarlo una expresión ajena a los marcos constitucionales.

La expectativa de que el proceso electoral pacificara, a través del voto popular, los efectos de la crisis política crónica en que está sumido Brasil desde 2013, parece diluirse ante los últimos acontecimientos.

Los realineamientos políticos y el clima social en las próximas semanas deben traer algunos indicios para despejar el panorama de las elecciones más inciertas en la historia reciente brasileña.

2018-04-05 11:29:22