La Habana, 2 sep (Prensa Latina) Una gloria del deporte latinoamericano cumple hoy 76 años de vida: se nombra Orlando Martínez y volvió eterna su figura en 1972, al convertirse en el primer campeón olímpico del boxeo de Cuba.
Martínez, hombre de baja estatura y exigua corpulencia, talló su leyenda al ritmo de golpes y de una elegante capacidad de movimientos sobre el ring, la cual puso en práctica durante la cita bajo las siluetas de los cinco aros en Múnich, Alemania.
Camino al programa multideportivo, los especialistas no lo mencionaban a la hora de vaticinar la división de los 54 kilogramos, pero el llamado ‘Zurdo de Juanelo’ demostró que cuando se conjugan talento, deseo y corazón, el arte de Fistiana puede dejar resultados inesperados.
Es cierto, los expertos tampoco lanzaban valoraciones al aire sin argumentos sólidos: Martínez estuvo en México 1968, terminó sin medallas y estuvo muy cerca de ser eliminado del equipo nacional de la isla, que bajo la guía del profesor Alcides Sagarra daba sus primeros pasos hacia planos estelares.
Aquella primera actuación olímpica fue un cubo de agua fría para el pequeño pugilista, quien en los 51 kilos se vio superado por el húngaro Tibor Baradi (1-4), y observó el buen actuar de sus connacionales Enrique Regüeiferos y Rolando Garbey, ambos ganadores de las preseas de plata.
Empero, la crueldad de los detractores no amilanó a Orlando Martínez, pues en cuatro años perfeccionó la pelea de riposta, al punto de mostrar precisión de cirujano en el instante de contragolpear después del ataque adversario.
La técnica sobre el ensogado llenó de confianza al fajador, capaz de entender que a los 28 años era la última oportunidad de escalar el Monte Olimpo y saciar sus sueños con el oro más sagrado y puro.
Rumbo a la gloria eterna en territorio alemán, el pugilista de la mayor de las Antillas dominó en su debut al birmano Hamhung Win, por votación de 4 a 1; luego superó al irlandés Michael Dowling (3-2) y volvió a salir airoso en cuartos sobre el indonesio Ferry Egberty Moniaga (5-0).
En ese momento, el cubano ya tenía segura su presencia en el podio de premiaciones, pero sus técnicos principales, Sagarra y el soviético Andrei Chervonenko, sabían que el peso gallo tenía la dinamita suficiente para vestirse de frac.
Con elegancia, golpeo exacto, constantes combinaciones y una pulcra defensa, el antillano doblegó cerradamente 3-2 al británico George Turpin en la semifinal y después sorprendió a propio y ajenos en el combate decisivo, al dejar sin armas al favorito mexicano Alfonso Zamora (5-0).
‘Diseñé la táctica a emplear y me funcionó, porque empecé por jugar con él, desesperándolo con movimientos y esquiva, hasta que se desconcentró y quiso apurar un golpe para resolver’, espetó en 2011 Martínez en entrevista a la publicación Jit.
Téngase en cuenta que Zamora tuvo un exitoso paso por el profesionalismo, con 33 victorias, cinco derrotas y 32 rivales despachados por la vía del nocaut, y defendió exitosamente en varias ocasiones su título de campeón de la Asociación Mundial de Boxeo.
Por ello, 48 años después de aquel 10 de septiembre que lo envió directo al templo sagrado del olimpismo, Cuba y Latinoamérica celebran hoy el natalicio del púgil zurdo, ese que rubricó el debut del deporte revolucionario cubano en el medallero dorado de los Juegos Olímpicos.
Martínez, además, alcanzó cinco cetros nacionales, el título de los Juegos Panamericanos de México19775 y el premio de bronce en la cita centroamericana de Santo Domingo1974, para dejar un positivo balance de 226 triunfos y solo 23 reveses en más de una década de trayectoria deportiva.
2020-09-02 11:14:11