Politica

SOCIEDAD DE USA: ¿EXTREMO O RADICALIZACION DE SU SISTEMA POLITICO?

Por Lorenzo Vargas-Lenchy

De ser tipificada como conservadora y de fuerte tendencia derechista, la sociedad norteamericana está enviando frecuentes señales que no ociosamente podrían despertar preguntas acerca de inclinaciones hacia actitudes y practicas orientadas al quiebre de modelos políticos domésticos tradicionales.

Hechos importantes, de trascendencia mundial, llaman la atención en tal sentido.

Sin pretensiones minuciosas, veamos algunos casos que tienen su clímax (aunque no génesis) con el advenimiento del Siglo XXI.

1. Es la Corte Suprema de Justicia de los EE. UU. quien decide la crisis electoral creada tras las denuncias de los demócratas de acciones ilícitas en los padrones electorales del torneo presidencial del año 2000. Para el asombro de la comunidad mundial, el triunfo de G. W. Bush es en gran medida, el producto de una decisión judicial (¿judicialización de la política en USA?) y no el resultado de una autentica salida política como se presume reclama todo sistema democrático. El candidato liberal, Al Gore, recibió entonces la más alta votación popular que candidato demócrata alguno haya recibido en toda la historia del Partido Demócrata, a la fecha. Sin embargo, perdió vía voto (colegio) electoral del candidato republicano, quien obtuvo medio millón de votos menos que el demócrata, hecho que tenía 112 años sin repetirse en la historia norteamericana. Dos hechos sonoros resaltan en estas elecciones: la histórica intervención del poder judicial a favor de un candidato y las fuertes denuncias de fraude electoral. Pareciera que en dichas elecciones el stablishmet norteamericano terminó imponiéndose.

2. En el 2008 ocurren dos (2) situaciones de quiebre de cultura política: la escogencia del primer descendiente de origen afroamericano, Barack Hussein Obama, como candidato presidencial del Partido Demócrata), y la posterior elección del mismo, pasando a ser el primer presidente negro de los E.U.A. Obama no sonaba como posible candidato para 2008. Los nombres de la cúpula demócrata eran figuras fuertes, a saber, John Edwards y Hillary Clinton, a quienes finalmente venció. Barack Obama terminó imponiéndose sobre dos favorecidos por el stablishment: doblegó a Clinton en las primarias de su partido, mientras derrotaba a McCain en las elecciones presidenciales. Triunfo que, sin desmedro de las cualidades del candidato, fue en gran medida la expresión de la voluntad de un creciente movimiento social cada vez más exigente y diverso en la realidad norteamericana. El propio Obama, que no pertenecía la elite del Partido Demócrata, era un cultivador de estos movimientos comunitarios que reclamaban y siguen demandando más justicia social, trabajo, equidad y mayor atención al ciudadano común en la sociedad norteamericana. Obama pasó a ser momentáneamente la «voz» de estas corrientes que tan complejamente se expresan en los EE.UU. de hoy. No es casual, por tanto, lo que ocurrió con Sanders y lo que acontece con Trump en la coyuntura actual, como veremos a continuación. La irrupción de Obama en la historia, representa algo más que un simple simbolismo de color en la vida norteamericana.

3. Otra irrupción histórica (en el año 2016) que marca la vida política y social de ese país, es la escogencia de una mujer, Hilary Clinton, como candidata presidencial del dominante Partido Demócrata, pudiendo resultar la primera mujer electa presidente, dentro del tradicional modelo bipartidista de USA. Tal parece que la subjetividad de la sociedad norteamericana está preparada o condicionada a aceptar una mujer como presidente que, de ocurrir, pasaría a ser el segundo hecho histórico de singularidad imperecedera en apenas 8 años, dentro de los 227 años que conforman la historia independiente de los Estados Unidos de América. Es un salto radical, independientemente de que Hilary gane o no las elecciones de noviembre de 2016.

4. El caso Bernie Sanders. Interesante fenómeno político la de este aspirante presidencial, derrotado por Hilary Clinton en las primarias del Partido Demócrata. Al igual que lo asume Trump desde el ámbito republicano, Sanders se dice una víctima del poder fáctico (stablishment) de su país. Con Sanders son muchas las cadenas tradicionales que se rompen, aun este no fuera escogido por su partido, a cuya cúpula acusó de conspiración y fraude en su contra. De hecho, su posición crítica en este caso se llevó de paro a la jefa del partido, Debbie Wasserman Schultz, presidenta del Comité Nacional Demócrata, a quien exigió su renuncia en plena campaña presidencial; acto sin precedente para un aspirante de la categoría de Sanders, dada su condición de independiente y sin conocida influencia en la cúpula partidaria. Un hecho que habla del grado de influencia y ascendencia política de Sanders en el «ciudadano de a pie». Con Sanders claramente se proyectan otras situaciones y fenómenos que dentro del contexto político norteamericano se pueden catalogar de extremos. Veamos algunas:

a. Pasó a ser el primer aspirante de izquierda con posibilidad de ser presidente en la historia de Norteamérica,

b. Por primera vez en la vida política de ese país se hizo masivo un discurso relativamente radical procedente de un aspirante de centro izquierda,

c. Es un activista de prolongada tradición social, con amplio historial en los movimientos de derechos humanos en USA. La fuerza política de Sanders reside principalmente en ese movimiento,

d. Político independiente, cuyas raíces no anidan en el Partido Demócrata,

e. Venció a muchos aspirantes demócratas de renombre, enfrentando a la todapoderosa Hilary Clinton, quien gana bajo cuestionamientos,

f. No pudo ser descartado en el camino, pese a todos los esfuerzos de los medios y grupos de poder para desacreditarlo y sembrar desconfianza. Señalar a un candidato (como al efecto ocurría con Sanders) de socialista e izquierdista en la sociedad norteamericana era fatal para cualquier aspirante. De nuevo, parece ser que con Sanders buena parte de la sociedad no responde más a tal prejuicio y chantaje,

g. Pudo haber sido el candidato demócrata, pese a proceder del segundo estado menos poblado de USA,

h. Con la más alta simpatía entre los jóvenes, aun siendo el aspirante de más edad: 75 años,

i. Rechazado abiertamente por todo el stablisment,

5. Donald Trump. Las situaciones extremas se multiplican en este fenomeno político, cuya razón no es exactamente el carisma o discurso del candidato. Es también la expresión de una parte considerable de la sociedad norteamericana que quiere otros rumbos, distintos a los tradicionales, en la vida de su país. Trump, tal como ocurrió con Obama y parcialmente con Sanders, es la voz de esos que están hartos de quienes tradicionalmente se han impuesto en los EE. UU. Él no es el fenómeno. El fenómeno está ocurriendo en la sociedad de aquel país; ahí reside su fuerza popular. Trump es solo un medio. Con Donald Trump se revelan otras tantas y no menos significativas situaciones cuya condición de extremo (parecidas a las de Sanders), debe llamar la atención de cientistas sociales y políticos. Veamos algunas expresiones de ruptura de modelo:

a. Es el candidato ant-ipolitico. Algo impensable unos años atrás para un candidato del modelo bipartidista made in USA,

b. Es un extra-partido, al igual que Sanders en el PD. No es un militante del Partido Republicano. Es un candidato sin tradición ni estructura partidaria, sin carrera política, precedente solo conocido con el expresidente Dwight Eisenhower en la historia de USA, de acuerdo a lo indagado

c. Venció a más de 20 aspirantes republicanos de poder, lo cual si no es un record, constituye un relevante average, duplicando en votos a los últimos contrincantes que le adversaron,

d. Tiene en contra a todo el poderoso stablisment, cúpula a la cual critica y ridiculiza despiadadamente,

e. Con oposición publica y campaña en su contra de la cúpula del propio partido que lo postula,

f. Su discurso y a quienes representa, ha llevado la polarización a toda la sociedad norteamericana, poniendo en evidencia la real situación y sentimiento de distintos estratos sociales sobre temas como racismo, igualdad política y cultural, inmigración, trabajo, equidad, entre otros,

g. De tan fuerte simpatía popular que, en lugar de bajar, crece, pese a su conflictivo, radical y espectacular estilo de hacer política y a la casi absoluta concentración de los efectivos medios de comunicación de USA, cuya incesante y dura campaña en su contra, pareciera se trata de un invasor y no de un candidato presidencial norteamericano. Bajo tales circunstancias, un aspirante como Trump hubiese perdido la candidatura el primer día de campaña. Pero ese no es hoy el caso del país del norte, donde amplias son las posibilidades de triunfo de este anticandidato.

En resumen, de cara a la coyuntura electoral de Norteamérica, estamos ante situaciones que premonizan la entrada en juego de nuevos modelos, de cambios insospechados a mediano plazo en el entramado político de aquel país. El solo nombre de los tres (3) políticos que han protagonizado la campaña electoral de los USA trae consigo germen de cambio o ruptura.

No se trata de un salto histórico con base ideológica, no por el momento. Se debe más bien, a la expresión de una demanda social creciente en aquella sociedad. El producto de una nueva expresión de presión ciudadana que se hace orgánica, visible y cada vez más importante en los procesos electorales de EE UU.

Lo del cambio o ruptura de esquemas, está demostrado, no es ajeno o traumático para aquella sociedad. Ocurrió con Obama. De hecho, es el resultado de una fragua en proceso que tiene anterioridad y que ha ido ganando espacio gradualmente: el fenómeno Sanders y el caso del candidato presidencial independiente Ross Perot (década de los 90), son solo ejemplos. Como es el caso también, a nivel social, del renombrado movimiento Occupy Wall Street (Ocupa Wall Street o Toma Wall Street).

No cabe dudas, la sociedad norteamericana está preparada para un paso posiblemente más radical en la elección de su presidente: una mujer o un antipolítico.

2016-11-07 22:48:32