BRASILIA, 17 ago (Xinhua) –– Para el politólogo Alberto Almeida, los cambios en la dinámica electoral en Brasil luego de una profunda crisis política en los últimos años y la incertidumbre sobre la candidatura del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, pueden llevar a muchos electores a que decidan su voto a último momento.
Los brasileños irán a las urnas el 7 de octubre en los comicios más inciertos de las últimas décadas, con Lula liderando las encuestas a pesar de estar preso por corrupción pasiva y con el ascenso de un representante de la extrema derecha, el diputado Jair Bolsonaro.
El miércoles concluyó el plazo para la inscripción de candidaturas, con 13 aspirantes a la Presidencia y con Lula como figura principal, aunque se prevé que su candidatura sea inhabilitada por el Tribunal Superior Electoral, sin fecha definida.
Almeida, especializado en la dinámica electoral brasileña, señaló que esta campaña se caracteriza por una fuerte pérdida de credibilidad de los políticos debido a la crisis económica y a la ola de denuncias de corrupción de los últimos años.
«Por un lado está la crisis económica y el desempleo. Muchas personas buscan empleo (desde) hace más de dos años sin éxito y sin señal de mejora de la economía», expresó.
«Por otro lado (está) la visión del electorado de que los políticos roban, que sólo piensan en ellos y un deseo de no pensar en política, no pensar en elecciones», señaló.
«Eso puede llevar, es una hipótesis, a una decisión del voto aún más tarde que lo habitual. El elector va a acompañar el debate político, pero va a decidir más tarde», apuntó el autor de libros como «La Cabeza del Brasileño» y «La Cabeza del Elector».
La campaña electoral también está marcada por el cambio en las reglas de financiamiento derivadas de los escándalos por los aportes ilegales, así como por la creciente importancia de las redes sociales.
«La cuestión del financiamiento es importante, porque las campañas este año van a tener menos recursos. Los líderes locales, en los barrios, eran pagados por los candidatos. Eso no va a haber más. Va a haber menos gente pagada para llevar al elector a votar, para divulgar las candidaturas», explicó el analista.
Mientras el cambio en el financiamiento va a tener un impacto en los votos en blanco, nulos, y un aumento de la dispersión, la utilización de las redes sociales puede ayudar a aminorar el impacto del horario gratuito de televisión, que ahora será menos.
A pesar de esos cambios, sin embargo, el sistema político tiene una inercia que se ha comprobado en las últimas elecciones presidenciales.
Los seis últimos casos (1994, 1998, 2002, 2006, 2010 y 2014) fueron disputados entre el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula, y el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), que lleva este año como candidato al ex gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin.
«El PT y el PSDB formaron sus coaliciones, fueron capaces de atraer aliados menores», expresó.
«Creo que el PT puede tener un lugar garantizado en la segunda vuelta, por el peso que tiene en el noreste, porque buena parte de los votos de Lula irán para el candidato del PT. El PSDB tiene como desafío reducir el porcentaje de votación de Bolsonaro y conseguir esos votos», apuntó.
Según Almeida, profesor de Ciencia Política en la Universidad Federal Fluminense, los votos del PT ahora están con Lula e irán para otro candidato del PT, mientras que parte de los votos de Alckmin están con Bolsonaro.
En caso de que la Justicia Electoral diga que Lula no puede ser candidato, él debe enviar una carta diciendo quién es el candidato del PT, probablemente el actual candidato a vicepresidente, el ex alcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad.
«Siempre tomo como ejemplo la región noreste, el elector nordestino piensa: ‘quien cambió el noreste fue el PT, son los únicos que se fijan en nosotros’. Por eso digo que eso está garantizado, es muy probable que Haddad u otro que vaya a ser el candidato del PT entrará en la segunda vuelta», explicó.
Con relación a Bolsonaro, Almeida explicó que tiene un elector muy decidido, más ideológico, pero otros electores que lo apoyan pueden cambiar su voto a lo largo de la campaña en beneficio de Alckmin.
«Bolsonaro tiene hoy entre 15 y 20 puntos de intención de voto, digamos que 18», señaló.
Explicó que Bolsonaro podría caer unos 5 o 6 puntos, más de 5 millones de votos, «porque Alckmin tiene mucho tiempo gratuito de televisión y va a hacer críticas que ataquen la credibilidad de Bolsonaro».
Agregó que la estrategia de Alckmin debe ser acusar a Bolsonaro de no ser diferente de los otros políticos y mostrar que Brasil es un país complejo, que Bolsonaro no tiene la estructura ni las condiciones para gobernar el país.
Además, gracias a tener el apoyo de partidos de centro, el candidato socialdemócrata tendrá 22 veces más tiempo gratuito de televisión que el derechista Bolsonaro, candidato del pequeño Partido Social Liberal (PSL).
La expectativa, a partir de lo que indican las encuestas, es que un candidato necesitará poco más de 20 por ciento de los votos válidos para llegar a la segunda vuelta.
«La votación de Lula en primera vuelta llega hasta 37 por ciento de los votos válidos, es muy alto. Creo que el candidato del PT va a tener menos, pero puede llegar a entre 25 y 30. Otro candidato imagino que tendrá entre 20 y 25 por ciento de los votos válidos», explicó Almeida.
El alto nivel de agresividad que se vio en la campaña electoral de 2014, sobre todo en la segunda vuelta, puede repetirse y anticiparse, ocurriendo ya en la primera vuelta, dijo.
«Creo que puede haber una agresividad muy grande entre Alckmin y Bolsonaro. Como hipótesis principal tengo a Alckmin atacando a Bolsonaro, una campaña agresiva en la primera vuelta», señaló.
«Pero Alckmin iría en ese caso con mucho desgaste para la segunda vuelta con esa campaña agresiva», consideró.
Alckmin tendría que pagar ese costo de imagen para lograr llegar a la segunda vuelta, apareciendo como un candidato más agresivo de lo que sería normalmente.
«Eso puede perjudicar parte de su votación para la segunda vuelta. Una parte pequeña del elector de Bolsonaro, de 2 o 3 puntos, puede quedar irritada con esa agresividad que podría acabar votando al candidato del PT», indicó.
Esa agresividad está vinculada a un proceso de polarización política que no sólo se manifestó en las disputas electorales, sino también, por ejemplo, en el proceso de «impeachment» que llevó a la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff en 2016.
«Creo que el próximo presidente que sea electo, cualquiera que sea, va a tener que intentar disminuir el conflicto en Brasil, va a tener que hacer ese esfuerzo», expresó Almeida. Fin
2018-08-18 00:18:26