Por Manuel Robles Sosa
Lima, 17 nov (PL) La aprobación ciudadana al presidente peruano, Martin Vizcarra, volvió a subir hoy, mientras su conducción, una especie de corrida al centro, es objeto de ataques y presiones políticas, empresariales y de la tecnocracia neoliberal. Un sondeo de la empresa Ipsos verificó un ascenso de su aprobación, de 61 a 65 por ciento respecto al mes anterior, algo que ninguno de sus cuatro últimos antecesores habían alcanzado en el octavo mes de gestión que lleva Vizcarra.
Para muchos, esa popularidad se debe a que, sin haber roto con el modelo económico neoliberal que rige desde hace más de un cuarto de siglo -y que las fuerzas progresistas consideran agotado y causa de la contínua crisis política-, Vizcarra ha sintonizado con los anhelos de la población contra el grave problema de la corrupción.
Ha marcado distancias con los partidos y logrado gobernar apoyado en el aval social, sin contar en el parlamento siquiera con el pleno apoyo de la pequeña y fragmentada bancada oficialista y con el apoyo crítico del progresismo y las dirigencias sindicales.
De esa manera, ha logrado que el eje de la política nacional se desplace hacia el centro, cuestionando el poder que ostentaban, con su control del parlamento, las fuerzas conservadoras, junto al empresariado.
Tras un gran escándalo de corrupción judicial, frente a la inacción del parlamento, planteó combatir ese flagelo en todos los frentes y propuso un paquete de reformas del sistema de justicia y un referendo con tímidas reformas en ese terreno y en el sistema político.
Esa posición encontró resistencias en el parlamento que debía aprobar las medidas y la consulta, pero fue respaldada por la ciudadanía y, con acotaciones críticas a su insuficiencia, por las fuerzas progresistas, con demandas generales de cierre del parlamento y, desde la izquierda, de una asamblea constituyente.
Entre las preguntas del referendo a realizarse el 9 de diciembre, la que tiene mayor respuesta afirmativa es la que plantea la no reelección de los impopulares congresistas.
Vizcarra ha contado así con el deterioro de partidos adversos, principalmente de Fuerza Popular (FP), mayoritario en el Congreso de la República, por la vertiginosa caída de respaldo de la población, y de su aliado parlamentario menor, el tradicional Partido Aprista.
FP sufrió en días pasados un duro golpe con la prisión preventiva de su jefa, Keiko Fujimori y la situación de García se agravó tras revelarse que cobró en 2012 por una conferencia en Brasil, 100 mil dólares cuyo origen era la caja dedicada al pago de coimas de la empresa Odebrecht, que ejecutó frandes proyectos bajo su último gobierno (2006-11).
Ante sus problemas con la justicia y su desplazamiento político, Fujimori y García contraatacan acusando al gobierno de presionar a la justicia y manipularla para someter a sus rivales y acrecentar su poder y García ha llegado a sugerir que hay un golpe de Estado en marcha.
El político socialcristiano Raúl Castro Stagnaro declaró abiertamente que el presidente Vizcarra se guía por quienes la derecha llama despectivamente ‘caviares’ -intelectuales de centro o centroizquierda- que supuestamente copan el poder,
El personaje acusó a Vizcarra de destruir con la supuesta persecución judicial a los que llamó partido fundamentales de la institucionalidad democrática, es decir los de derecha.
Esas voces apuntan a la impunidad de los políticos involucrados y a ellas se suman voceros de sectores empresariales como el expresidente de la Confederación de Empresarios, Roque Benavides, quien sostiene que ‘los problemas judiciales y políticos por los que estamos atravesando no ayudan’ a las inversiones y afectan la economía.
Desde el frente de la tecnocracia, el presidente del Banco Central de Reserva, bastión de esa política, Julio Velarde, sostuvo en un discurso público que el gobierno debe dialogar más con los empresarios y abstenerse de medidas que pueden afectarlos y compartió con ellos sus resquemores ante la regulación estatal y sus reclamos de reducción de derechos laborales.
Sin embargo, desde la visión de la izquierda, las sombras del gobierno están en la persistencia en el modelo neoliberal y los proyectos privatistas y pro-empresariales, como el de la propuesta de una nueva ley de hidrocarburos favorable a las transnacionales que propugnan funcionarios del sector, el fujimorismo y el aprismo.
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foto de gestion.pe
2018-11-17 14:22:13