Palabras del Doctor Roberto Rosario Márquez,
Presidente de la Junta Central Electoral el 10 de abril de 2014; en la ofrenda floral en el Altar de la Patria, con motivo del 91 aniversario de la Junta Central Electoral
Señoras y Señores:
Una vez más acudimos a este lugar, donde reposan los restos físicos de quienes entregaron lo mejor de sí, para ser coherentes con un sueño, con el ideal que simboliza el más sublime de los sentimientos terrenales. Nos referimos, obviamente, al ideal patriótico y reivindicador de la felicidad y la convivencia armónica de los dominicanos y dominicanas. Venimos ante ellos a honrar su memoria, a rendir cuentas, y a ratificar nuestro compromiso con aportar iniciativas y esfuerzos, para que la República Dominicana avance hacia escalones más elevados, en el trayecto hacia la realización plena del ideal duartiano.
Nuestra presencia aquí se enmarca dentro de las actividades conmemorativas del 91 aniversario de la Junta Central Electoral, institución sin la cual es difícil escribir la historia de la democracia dominicana, y que por mandato constitucional ha debido jugar un rol de primer orden en la defensa de la nacionalidad, y como guardián de uno de los derechos fundamentales imprescindibles para garantizar otros derechos: el derecho a la identidad.
El ser una institución nonagenaria, con el aval de vivencias muy extensas, y a veces traumáticas, en el afán de los dominicanos por mantener el sistema político democrático, nos acredita para exponer la democracia como algo más amplio que el derecho a elegir y a ser elegido.
Aspectos vinculantes a la democracia son, entre otros, la distribución de oportunidades que ofrece el Estado, cumplimiento de la ley, y la responsabilidad de los gobernantes de que la justicia: jurídica, económica y social, prevalezca como norma y se reproduzca como valor colectivo e imperecedero. Parte importante de la democracia, es la obligación de las instituciones y de sus funcionarios, de velar porque los servicios a la ciudadanía sean más eficientes, y porque los recursos públicos se utilicen de manera racional.
En consonancia con estos postulados, la Junta Central Electoral ha respondido a la necesidad de hacer de ésta una institución cada día más comprometida con la calidad del servicio, como complemento de la confiabilidad en todas las esferas de nuestra incumbencia, según la Constitución y las leyes.
El 31 de marzo del presente año recibimos la certificación de la norma ISO/TS 17582, para medir la administración de calidad de órganos electorales en todo el mundo, tomando como principios básicos la implementación, gestión y mejora ininterrumpida en los procesos, y la interrelación de estos elementos, para alcanzar objetivos establecidos previamente. La Junta Central Electoral es la primera institución que recibe esta certificación.
Actualmente, estamos abocados a un proceso de cedulación de más de 7 millones de personas, con un sistema dotado de la máxima tecnología de seguridad y capacidad para diversificar los servicios de este documento de identidad, que en adición a que los ciudadanos se sientan seguros respecto al uso exclusivo de su documento de identidad, podrán facilitar los trámites de sus servicios cotidianos.
Sin dudas, estamos en un lugar sagrado para los dominicanos, un lugar sublime, donde descansan los restos de nuestros padres fundadores.
Al término de mi intervención ante los restos de los más grandes dominicanos, no encuentro palabras más adecuadas, que las utilizadas por uno de los hombres más grandes de América, Abrahan Lincoln, en la dedicatoria al Cementerio Nacional de los Soldados, en la ciudad de Gettysburg, el 19 de noviembre de 1863. Cito:
«Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.
Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.
Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo. El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí decimos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, los que debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que, aquellos que aquí lucharon, hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que, de estos muertos a los que honramos, tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron hasta la última medida completa de celo. Que resolvamos aquí, firmemente, que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra».
¡Gracias!
2014-04-11 04:03:22