Economia

Palabras de presentación del ministro de Economía Juan Temistocles Montás, del libro Ecuador: de Banana Republic a la No República, de Rafael Correa, presidente de Ecuador



Permítanme agradecer la presencia de todos ustedes, muestra elocuente del interés que despierta nuestra Feria Internacional del Libro, dedicada este año a exaltar el aporte cultural de la hermana República del Ecuador. Congratulaciones al Ministerio de Cultura y a quienes han hecho posible esta nueva edición de la Feria que de seguro será un éxito.

Para mí constituye un alto honor hablar en este escenario en presencia de los dos líderes mejor valorados en América Latina, los presidentes Rafael Correa y Danilo Medina. Sin duda una feliz coincidencia de estos dos mandatarios que nos llena de satisfacción. Más aún, en ocasión tan especial, como es esta que convoca a ambas naciones a propósito del libro como vehículo de comunicación, transmisión de conocimientos y creación cultural.

Hace apenas tres días, en una entrevista en el Canal 24 Horas de la TVE, pude apreciar el talento, la gallardía y la claridad expositiva del Presidente Correa, quien se hallaba de gira por Europa. Hoy me corresponde presentar su obra Ecuador: de Banana Republic a la No República. Una estimulante compilación de ensayos escritos entre 1993 y 2005, organizados en cuatro ejes temáticos: 1) Modernización sin desarrollo; 2) La total entrega del país; 3) Desfaciendo Entuertos y; 4) Hacia una nueva política económica.

Escrita en un lenguaje entendible, que pone la historia del Ecuador en primer plano, la obra cuestiona el paradigma dominante de las políticas públicas en las últimas tres décadas y razona en términos latinoamericanos sobre una estrategia de desarrollo. Nos presenta críticamente el camino que condujo a la dolarización en el Ecuador, analiza la falacia del libre comercio, pone en juicio la burocracia internacional y llama la atención sobre los fundamentos de una nueva política económica.

Sus reflexiones se inician con una mirada al proceso de desarrollo del Ecuador, que tiene puntos de contactos con el camino transitado por nuestro país y otras naciones de América Latina. Quiero aquí referirme al diseño y ejecución de una buena política cambiaria alineada con los objetivos de desarrollo, por ser una de las políticas públicas que actualmente tienen mayor trascendencia. El tema, como se plantea en el libro, ejemplifica los efectos perversos sobre el aparato productivo y los hábitos de consumo, que tiene la apreciación de las monedas locales, al favorecer el consumo superfluo en detrimento de otras necesidades más perentorias, desde el punto de vista del desarrollo.

Cabe anotar, sin embargo, que el planteamiento del autor no favorece la ejecución de políticas cambiarias irresponsables, conducentes a devaluaciones que impacten severamente la inflación y el bienestar de la población. Al contrario, el autor persigue alertar sobre la necesidad de que el tipo de cambio se utilice correctamente para mantener precios relativos de los bienes importados alineados con la capacidad de generación de divisas de nuestras economías. De manera que el fortalecimiento transitorio de la moneda, originado por choques externos favorables, que no provenga de aumentos en la productividad, no actúe en detrimento de la generación de empleos, el aparato productivo nacional y, eventualmente, de la estabilidad macroeconómica.

Como destaca el Dr. Correa en su obra, la apreciación del tipo de cambio nominal como consecuencia del boom petrolero y el agravamiento de dicha apreciación por el endeudamiento externo que tuvo lugar en Ecuador a principios de los 70, fueron centrales en el aumento de las importaciones de materias primas destinadas a la producción de bienes de consumo. Subsidiados así mediante un esquema cambiario que permitió la transferencia de riqueza desde los sectores petroleros y primario exportador, hacia el sector manufacturero.

Las secuelas de estas políticas todavía se sienten hoy en la balanza comercial de ese país y en los rezagos que acusa su sector manufacturero. El paralelismo entre la experiencia dominicana y la de Ecuador, durante los 70 y los 80, no puede ser más evidente con la aplicación en nuestro país de la Ley de Incentivo Industria 299, la política cambiaria y las penalidades al sector agroexportador. Al mismo tiempo, la reflexión planteada nos alerta sobre los desafíos cambiarios que enfrentamos a futuro, resultado de los ingresos potenciales que generará la explotación de la mina de oro de Pueblo Viejo y otras operaciones mineras y que de no ser bien manejados pueden conducir a lo que los economistas llaman la enfermedad holandesa.

Una segunda línea de reflexión de la obra con plena vigencia como la primera, es el espejismo de bienestar provocado en la sociedad por prolongados o masivos procesos de endeudamiento, tanto público como privado. La actualidad del tema es tal, que sus alcances se pueden aplicar a economías que hoy padecen las consecuencias de políticas de endeudamiento, ejecutadas durante la última crisis financiera global con el fin de proteger el bienestar de los ciudadanos. Cuyos efectos presentes plantean serios desafíos a esos países, en lo económico, político y social.

El impacto en las cuentas fiscales del aumento de los niveles de endeudamiento y de las fluctuaciones de las tasas de interés -como resultado de cambios inesperados en las condiciones de los mercados financieros-, genera una preocupación que debe ser abordada por todos los países. Aun por aquellos que no enfrentan una situación crítica, pero que aspiran a realizar una gestión responsable de su fiscalidad.

Constituye un acierto del autor su tratamiento a la salida de capitales que tiene lugar en medio de los procesos de endeudamiento externo, en países que, como Ecuador en los 80, registran desequilibrios fiscales y externos importantes. La conclusión al respecto no da lugar a ambigüedades. Intentar compensar los problemas provocados por la apreciación en los tipos de cambio mediante endeudamiento externo, sólo conduce a inestabilidad futura, tanto en el tipo de cambio como en los precios internos.

En este tema también se destacan similitudes entre la experiencia analizada por el Dr. Correa y el caso dominicano. La llamada «sucretización» en Ecuador consistió en un proceso vía el cual sucesivos gobiernos, al iniciar los 80, asumieron la deuda externa privada a tasas de cambio preferenciales. Lo que significó importantes transferencias de riqueza al sector privado a costa del deterioro de las cuentas fiscales. En nuestro país, a principios de los 80, el Banco Central asumió las obligaciones derivadas de montos importantes de cartas de crédito del sector privado a una tasa de cambio muy por debajo de la real. Origen en cierta medida de parte de los problemas que refleja hoy el ente emisor en sus estados financieros.

La lección aprendida en este caso, es que no sólo puede ser negativo para nuestras economías llevar a cabo masivos procesos de endeudamiento, sino también que debemos tener especial cuidado con la socialización de las pérdidas que podría plantearse como solución al problema. El caso dominicano del 2003 es aleccionador.

Un tópico relevante discutido por el Dr. Correa, es la dolarización ocurrida en 2000 en Ecuador y el abandono del Sucre como moneda nacional. Ella se produjo en el marco de una grave crisis financiera, económica, social y política, que contrajo el PIB en 6.3%, con severa devaluación, subida de la deuda pública hasta el 102.3 % del PIB en 1999, déficit en cuenta corriente de 5.3% del PIB, déficit fiscal en torno a 5% del PIB en 1998 y 1999 e inflación de 61% en 1999. Cabe agregar que a lo largo de los 90s, Ecuador estuvo expuesto a fuertes shocks, tanto climáticos asociados al Niño, como el deterioro de los precios del petróleo y la guerra con Perú.

Conviene recordar que a finales de los 90s, en un contexto de precariedad económica, el debate sobre la dolarización como opción de política cambiaria fue intenso en América Latina, siendo adoptada por Ecuador y El Salvador.

A partir del análisis presentado por el Presidente Correa, llama la atención cómo en situaciones de crisis, como la vivida por Ecuador en 1999, las presiones pueden llevar a la adopción de políticas con alto riesgo, sin contar con suficiente comprensión de sus implicaciones en el mediano y largo plazo. Es decir, más allá de la urgencia de corto plazo. El Presidente Correa señala que la decisión de dolarizar fue una medida desesperada del Presidente Mahuad para salvar su gobierno con el apoyo del gran capital y el capital financiero, luego fue ratificada por el Presidente Noboa sin una clara convicción de su conveniencia.

Los que favorecen la dolarización, entienden que se queman las naves para no dar marcha atrás y así evitar la tentación de políticas monetarias irresponsables. El Presidente Correa se pregunta con razón, por qué, en lugar de eliminar de cuajo la posibilidad de realizar política monetaria y cambiaria, no se asegura que el Estado realice un diseño más responsable de dichas políticas. La dolarización en una economía pequeña y abierta como la ecuatoriana, sujeta a fuertes choques externos, ya sea climáticos o de precios de materias primas, que impactan la capacidad productiva del país. Implica renunciar a un instrumento de política económica que puede contribuir a revertir los desequilibrios generados por los choques externos.

El Presidente Correa señala que la experiencia de la economía ecuatoriana bajo la dolarización, no ha sido peor debido a que ha sido favorecido con un entorno de precios de petróleo favorable desde 2000, así como por el crecimiento de las remesas, lo cual ha permitido contar con recursos suficientes para financiar la cuenta corriente. En caso de que no hubiesen existido estas dos fuentes de divisas, se habría tenido que recurrir a un mayor endeudamiento y eventualmente a la cesación de pagos cuando se agotase la capacidad de tomar prestado.

El argumento de la dolarización como estrategia terminal para impedir la indisciplina monetaria y cambiaria, asume que ante la imposibilidad de depreciación, la única alternativa para elevar la competitividad es elevar la productividad del aparato productivo. Pero elevar la productividad demanda actuar en la remoción de los factores estructurales que determinan sus bajos niveles. Es precisamente en este punto donde la reflexión que realiza el Presidente Correa cobra relevancia actual para entender las dificultades que atraviesan algunas de las economías de la zona euro. La imposibilidad de contar con una moneda que mediante su devaluación restaure el equilibrio externo, hace que la única salida sea la recesión o contracción económica, ante el impedimento de que la economía continúe endeudándose. Y esto, como sabemos, está acarreando altos costos sociales. Y por supuesto, políticos.

El libro examina el manejo de la deuda pública de Ecuador durante los 90s y a raíz de la dolarización en 2000. Ilustra en detalle cómo se realizó la renegociación de 2000 y cómo opciones que parecían más favorables al interés del país no fueron asumidas, implementándose por el contrario una gestión de deuda muy favorable a los acreedores. Entiende el Presidente Correa que nunca se ponderó la recompra de la deuda ecuatoriana que se negociaba en el mercado secundario y, por el contrario, se adoptó un conjunto de obligaciones contractuales que daban una fuerte garantía de repago de la deuda a los acreedores.

A mi entender, las condiciones de renegociación de la deuda ecuatoriana no pueden verse de manera aislada de la alta inestabilidad económica y política que primó en ese país a inicio del siglo. Baste señalar que en el período 2000-2007, Ecuador tuvo cinco presidentes. La lección es que a la postre hay un círculo vicioso que es muy difícil de romper. Alta deuda asociada a choques externos, irresponsabilidad fiscal y la renuencia de las élites políticas y económicas a enfrentar el conflicto distributivo asociado al financiamiento del desarrollo económico, conduce a inestabilidad financiera, económica y política. Lo cual, a su vez, hace mas riesgoso al país y más cara la contratación de nueva deuda, que a su vez dificulta el cumplimiento de su servicio, exacerbándose las presiones que conducen a las crisis.

Un tema importante del libro que hoy presentamos es el cuestionamiento que en el mismo se hace del control inflacionario como principio y fin de la política económica. El autor plantea que proceder de esta manera conduce a postergar objetivos como crecimiento y generación de empleo, sacrificándose estos últimos en función de la macro estabilización de precios.

Resulta clave el cuestionamiento del autor a la satanización de todo gasto público y la ley de responsabilidad y transparencia fiscal que esa satanización trajo consigo en su país. Lo absurdo que significaba esa ley estaba en el hecho de que si el país descubría uranio y obtenía billones de dólares anuales, el Estado no podía construir una simple represa hidroeléctrica con esos recursos, pues era sencillamente ilegal. Por lo tanto, la represa sólo podía ser construida por el sector privado. En el caso del Ecuador, esta ley condujo a la ilegalización de la inversión pública, y con ello, pese a la recuperación de los precios del petróleo, a postergar las obras de infraestructura que requería el país.

Este tema es de vital valor para la República Dominicana, ahora que se habla de la necesidad de una ley de responsabilidad fiscal. No se trata de desacuerdo con un ejercicio fiscal responsable; no se trata de desacuerdo con mayores niveles de transparencia en el plano fiscal. Se trata del cuidado que hay que tener en lo que se consigne en la ley, para que no se convierta en una retranca al desarrollo del país.

En su obra, el autor desarrolla una lúcida y sugerente crítica a la ideología neoliberal, a la Economía en su pretensión de erigirse en ciencia positiva y a las corrientes de pensamiento en ciencias sociales que elaboran sus propuestas teóricas sobre el supuesto de que el interés individual y el utilitarismo están a la base de todo comportamiento humano.

La crítica a la ideología neoliberal pone al desnudo cómo esta propuesta económica y cultural se centra en la reivindicación del «mercado libre», entendido éste como una institución que aseguraría la coordinación de los intereses individuales a través de la actuación de la ya famosa «mano invisible», para generar por este medio el bienestar colectivo. Así las cosas, indica el autor, se eleva «el egoísmo, ese execrable defecto humano, a categoría de máxima virtud individual y social». El evangelio neoliberal se resumiría así en la afirmación: «buscad el fin de lucro y el resto se os dará por añadidura».

En consecuencia, el neoliberalismo, según el autor, «logra exacerbar las pulsiones egoístas y trata de eliminar las pulsiones sociales, fundamentales para el buen vivir de todos…» Esta crítica, a su juicio, se convierte en una idea clave para pensar y entender por dónde pasa la construcción de una nueva América Latina.

Las ideas neoliberales han sido predominantes en las ultimas tres décadas. Los modelos que utilizaron los economistas en estos años para explicar el comportamiento de los agentes del mercado y el funcionamiento de las variables económicas, se construyeron en base a una posición extrema acerca de la racionalidad de los actores económicos. Esos paradigmas se edificaron sobre la hipótesis de la eficiencia de los mercados financieros desregulados. Las raíces de la crisis económica mundial, iniciada en 2009, hay que buscarla en las políticas públicas que se pusieron en marcha al amparo de esas ideas

Según el autor, se ha pretendido plantear esas ideas como producto del rigor científico del análisis económico, presentándose en nuestros países como «la» teoría económica, cuando en realidad se trataría a lo más «de la opinión económica dominante» que «responde a visiones, intereses, percepciones y experiencias de grupos y países hegemónicos», y «completamente alejada de la pretendida objetividad científica».

Frente a esas ideas, el Presidente Correa defiende el papel del Estado. Sostiene que, como movilizar el ahorro hacia la inversión con eficiencia productiva y asignativa es la esencia de la política de crecimiento, el rol del Estado es fundamental a través de la provisión de bienes públicos que mejoren la competitividad sistémica, tal y como es el caso de la infraestructura. Señala que se requiere la intervención del Estado con estrategias explicitas de desarrollo, tales como la integración regional, la priorización de compras públicas para los productores nacionales, adecuadas protecciones al comercio exterior, y planificación nacional en general.

Un tema a resaltar es el referente a la crítica a los organismos multilaterales y sus burocracias. Inicia consignando que, en realidad, estas organizaciones estarían al servicio de la política exterior norteamericana: «La principal conclusión de la Comisión Metzler del Congreso estadounidense, creada en el año 1998 para sugerir reformas al FMI y el Banco Mundial, fue que estas instituciones fueron utilizadas por el Gobierno de Estados Unidos con fines de política externa».

En este contexto es importante que se le preste atención al planteamiento del Presidente Correa en orden a una nueva arquitectura financiera regional, que apunte a la creación de un banco regional, un fondo común de reservas, un sistema de pagos y un sistema monetario común. La idea es lograr, vía la nueva arquitectura financiera regional, políticas monetarias y de desarrollo más autónomas, sin depender de los caprichos de un supuesto mercado internacional, incluyendo en esto a los organismos multilaterales.

En tal sentido, cabe felicitar a los BRICS por su iniciativa orientada a la creación de un banco de desarrollo para operar en independencia de los tradicionales organismos multilaterales.

En la parte final, al reflexionar sobre una nueva política económica, el Presidente Correa insiste que la economía es una ciencia de variables reales, y que la verdadera estabilidad económica consiste en lograr el máximo crecimiento y empleo, para lo cual se necesita incrementar los llamados recursos productivos que la visión tradicional reducía a capital humano, capital físico y tecnología. Sobre este aspecto llama la atención al hecho de que este enfoque ha sido insuficiente para explicar lo ocurrido en Rusia en los años 90s, que teniendo todos los capitales tradicionales vio retroceder dramáticamente sus niveles de bienestar y desarrollo.

Correa sostiene que el enfoque tradicional sobre el crecimiento económico deja de lado aspectos fundamentales como el asunto institucional y plantea que cualquier intento de explicar el desarrollo haciendo abstracción de las instituciones es sencillamente un deliberado reduccionismo de la realidad. Señala que, desde el punto de vista exclusivamente económico, podemos considerar que la primera y principal política económica en toda sociedad es construir un adecuado marco institucional, claro y predecible, que permita a los individuos y al colectivo social tomar la mayor cantidad de decisiones económicas correctas.

El Presidente Correa piensa el tema institucional tanto desde el punto de vista formal (las leyes y el sistema de justicia) y no formal (las ideas, creencias, visiones y valores acerca del mundo y la sociedad, transmitidos socialmente). Esto último, combinado con la cultura, puede servir para reforzar las instituciones formales o también para debilitarlas.

Permítanme citar en este punto al Presidente Correa: «En ese sentido, algunos de los antivalores de la cultura latinoamericana que constituyen poderosos obstáculos para que funcionen las instituciones formales, y, en particular, la democracia y el Estado de derecho, son, entre otros, la cultura de la trampa, un inexplicable deseo de romper las reglas de juego formalmente establecidas, donde el que lo hace más y de mejor forma no es el más sinvergüenza, sino el más «sabido», con lo cual se destruye toda capacidad de organización. Un ejemplo de aquello es la generalizada evasión de impuestos, muchas veces convertida en deporte nacional en América Latina. Otro antivalor es la cultura de poder, donde las acciones se dan en función no de los derechos y obligaciones establecidos por las reglas formales, sino por la conveniencia del coyunturalmente mas poderosos».

Frente a esa realidad, el Presidente Correa plantea que lograr un cambio cultural en un país es probablemente la contribución mas importante a la democracia, al Estado de derecho, en definitiva, al fin último de la economía que es el desarrollo. Y para esto se necesitan líderes que suplan la ausencia de capital social, institucional y cultural.

Para concluir, permítanme decir que para el Presidente Correa es un imperativo moral vencer la pobreza. El mencionaba en la CEPAL, en ocasión de la puesta en circulación del libro que hoy comentamos, cuatro factores que son necesarios para lograr erradicar la pobreza: un sistema impositivo más justo por el cual los ricos paguen más impuestos; un gasto público que financie la titularidad de derecho como garante de la igualdad; el gobierno de los mercados en función de objetivos sociales y; una adecuada distribución del acervo social tanto público como privado.

Esos siguen siendo hoy los grandes desafíos de nuestros países.

Muchas gracias.

2013-04-23 04:55:03