Por Gerardo Laborde
MONTEVIDEO, 5 sep (Xinhua) — La alerta amarilla está encendida para las autoridades económicas de Uruguay ante una inflación que no cede y araña los dos dígitos en un contexto internacional que solo la fogonea.
Impulsado por alzas de los alimentos y bebidas, el Indice de Precios al Consumo (IPC) aumentó en agosto 1,18 por ciento, apenas por debajo del registro de julio (1,21 por ciento).
Demasiado para una economía que crece a tasas superiores al 3 por ciento pero que ha dado muestras de fuerte desaceleración, aunque menor a la de sus vecinos de la región.
En el úlimo año móvil el IPC acumula un avance de 9,48, cuando el techo del rango meta es de 7 por ciento.
El gobierno, en un escenario internacional de fortalecimiento del dólar, busca suavizar el alza del tipo de cambio (+17,6 por ciento en 2015) para no acicatear las subas de precios.
PREOCUPACION
Es un dato «obviamente preocupante, que reafirma la necesidad de seguir el combate contra estas presiones inflacionarias», aseguró el presidente del Banco Central (BCU), Mario Bergara.
Recordó que el país «está absorbiendo una depreciación importante de la moneda que se traduce también en mayores precios, sobre todo en aquellas cosas que se expresan en dólares, que se importan o exportan».
«Eso es una constelación de factores que presionan al alza la inflación», sostuvo.
Por eso, los resultados divulgados el jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE) «fueron, de alguna manera, previsibles».
En ese contexto, «vamos a continuar en la tónica de la política monetaria contractiva», afirmó Bergara.
Sobre el acuerdo con empresarios para congelar los precios de 1.400 productos de la canasta básica, que fue parcialmente incumplido por los comercios, aclaró que se precisa tiempo para que «los compromisos asumidos impacten».
El gobierno confía en que en los próximos meses el acuerdo «va a ayudar».
En el acumulado enero-agosto el IPC arrastra un incremento de 8,17 por ciento, el nivel más alto para ese período desde 2002.
Según analistas, la meta oficial es que la inflación no supere la barrera psicológica del 10 por ciento, lo que dispararía las expectativas y una oleada de reclamos de renegociaciones salariales.
El último registro inflacionario de dos dígitos corresponde al año móvil con cierre en agosto de 2004 (10,17 por ciento), dos años después de la crisis financiera de 2002, que impactó fuertemente en la economía y la sociedad.
Para el ministro de Economía, Danilo Astori, hay una dificultad de llegar al eje del rango meta, el 5 por ciento, a raíz de «la apreciación de la moneda norteamericana a escala mundial».
«Uruguay es una economía abierta, donde la apreciación del tipo de cambio juega un papel fundamental, junto con otras variables, sobre la inflación», explicó el viernes.
Entre las razones internas para el empuje inflacionario mencionó que el país ha experimentado «un proceso de crecimiento sostenido muy importante que ahora se desaceleró, pero que durante años estuvo en vigencia».
«Eso también representa una presión inflacionaria» por «la evolución de la demanda interna, (y) la evolución de los ingresos, que crecieron mucho», afirmó.
Recordó que en la actual era de gobiernos del izquierdista Frente Amplio (FA), iniciada en 2005, el salario real medio creció un 47 por ciento.
Astori cree que el efecto del acuerdo para congelar los precios va a comenzar a sentirse este mes.
«Estoy seguro de que a partir de septiembre el ritmo inflacionario va a ceder, en parte por el efecto de los acuerdos de precios», concluyó.
2015-09-05 12:46:04