Por: Oscar Domínguez G. *
Bogotá, 19 Feb 2011.- Para bogotanos y bogoteños, el sin carro es un día raro, atípico. Tiene cara de retrato hablado. Un día n.n. No es de aquí ni se parece a ninguno. Para quienes manejan, un día sin carro equivale a amar sin amor, o escribir un texto sin la a o sin la o.
Desde hace 12 años, Bogotá hace dieta de contaminación. Millares se quedarán en casa haciendo croché, llenando crucigramas o viendo telebobelas. Los damnificados podrán sacar sus perros a que se extroviertan fisiológicamente en el parque. Bueno, los que trabajan y estudian que se les apañen, porque de todas formas tendrán que rendir en la oficina.
Un día sin carro es una especie de año sabático de apenas 13 horas para que Bogotá respire mejor. También la jornada es un llamado a la ciudadanía para que explore formas de transporte distintas a las tradicionales. Cali, Medellín e Ibagué se han sumado al experimento cuya efectividad empieza a cuestionarse.
El día sin carro es un grito vagabundo en favor de la maltratada ecología. Y un fugaz tatequieto a la contaminación auditiva que nos tiene a los terrícolas de pipí cogidos con el otorrinolaringólogo.
La mockusiana ciudad del alcalde Samuel está hoy por cuenta de taxistas, conductores de transmilenio y miles choferes de buses, busetas, colectivos y similares.
Más de un gomoso de-voto del ex alcalde Peñalosa sacará a pasear su bicicleta, si la distancia entre su casa y el lugar del camello no incomoda su estado físico. La ciudad de Don Gonzalo se dará ínfulas de metrópoli europea con su gente haciendo cabriolas sobre dos ruedas.
Es como si de repente estuviéramos por unas horas en Semana Santa o en primero de enero, generalmente huérfanos de carros. Extrañaremos los trancones que entraron a formar parte del paisaje capitalino.
Un día sin carro es un pésimo día para los trabajadores informales que han colonizado los semáforos bogotanos para tratar de sobrevivir. Los comerciantes al borde de la úlcera tocan madera para que no les vaya excesivamente mal.
Quienes tienen carro se sentirán más perdidos que chulavita sin puñaleta y le pedirán al de las galletas que este día se liquide en menos que se persigna un cura ñato.
Feliz día, sobre todo para los taxistas bogotanos que hoy harán su agosto en febrero.
El autor es periodista colombiano. Colaborador de Prensa Latina y Diario Dominicano
2011-02-19 17:41:22