Por Manuel Hernández Villeta
Los soñadores se tienen que adueñar y conducir de nuevo a la sociedad dominicana. Sumergidos en la lucha por un diario existir lleno de amarguras, no hay, para muchos, tiempo para fantasía-realidad.
Los cambios sociales, las mejorías económicas, las transformaciones comunitarias, necesitan de soñadores, de mujeres y hombres que elaboren sus fantasías colectivas, y traten de dar ellos, o impulsar a otros, a que le den forma.
Cuando una sociedad está acorralada por el crimen, por la miseria, por el abandono social, por la desesperanza, se le corta la cabeza al sueño, y el conglomerado se convierte en un ejército de los hombros para abajo, sin cabeza, donde sólo se camina en círculos, sin objetivos ni posiciones firmes.
En los países autoritarios, donde hay tiranía, donde impera el puño de hierro y la bota, ese acorralamiento lleva a la sumisión, al abandono, a pensar que un hombre predeterminado lo va a resolver todo.
Pero también la maquinaria globalizante de la tecnología moderna convierte en bagazos a ciudadanos que no tienen derecho a un trabajo, a la comida, a la salud, tienen libertad para mover las piernas, pero penumbras en sus cabezas.
Es dar un paso atrás y pensar en lo que se tiene, poco o mucho, pero que se supone que está seguro y que no hay razón para dar un salto adelante.
Pero los soñadores que piensan en la libertad, en la pluralidad de las ideas, en un mundo donde no se persiga a nadie ni por su forma de pensar ni por el color de su piel, siembran las semillas.
Y cuando menos se espera se pare de nuevo el árbol de la libertad, que como todos los alumbramientos es violento. Un sistema que termina y otro que se inicia, tiene en sus manos sangre y tierra, solo la convivencia, la buena distribución de las riquezas, el respeto al derecho ajeno, puede hacer que todos puedan vivir en paz.
Don Benito, cuanto pienso en usted todos los días. Cuanto creo que su figura de indígena ilustrado debe poner sombras sobre nuestro país. Su frase se convierte en letra muerta, muchos la balbucean y no saben lo que dice, pero usted lo dijo vivir y dejar vivir.
Y es que el principal de los respeto nace de lo que usted decía en su frase lapidaria, si no hay respeto al derecho del que nos queda al lado, delante o en la lejanía no habrá paz.
El golpe que descargó sobre una quijada, convierte en pavesas el derecho del otro. Y comienzo a desmoronar el mío.
Cuando le quito la tierra al campesino a golpe de mayoral, se hace añicos el derecho del otro, y el mío se fue al zafacón, porque si no me respeto, no puedo tener fuerzas para ayudar o ver al otro como persona digna.
El respeto al derecho ajeno, debe ser la frase prredilecta de los dominicanos. En las cartillas para alfabetizar se le debe colocar en letras bien grandes. ¿Tiene importancia que Don Benito fuera Mexicano?. Que va, la globalización de las ideas las convierte en propiedad de todos. Y si vamos a enseñar a escribir, enseñemos a respetar.
Hoy el crimen, el narcotráfico y la violencia son mayores preocupaciones que las luchas ideológicas de mi juventud. Nadie está seguro, hay un dictador, que es el cuchillo o la metralleta, en manos irresponsables, de malandrines del bajo fondo, que están fuera de su lugar, que es la cárcel o el cementerio.
Creo que si a la lucha por la alfabetización se une la prédica por el derecho ajeno, estaremos por buen camino. El camino de la paz, es respetar el derecho del otro. Nosotros, para el vecino, para el compañero de trabajo, para la autoridad, para el jefe, somos el otro.
Alfabetizar y enseñar el valor de una frase escrita con sangre y sacrificios: el respeto al derecho ajeno es la paz.
2012-09-24 20:23:02