Por Manuel Hernández Villeta
La libertad de expresión es innegociable. El derecho a un ciudadano a emitir su opinión, no puede ser cercenado por la mano dura de un tirano o un déspota ilustrado.
La libertad de prensa, de informar con objetividad a la población, no puede estar mediatizada ni por el dinero, ni por el miedo, ni por el favoritismo.
Por desgracia, la libertad de información, de expresión, es herida cada día, sea por la fuerza del dinero, el poder de los consorcios, el miedo, o los compromisos políticos y sociales.
Pero en la República Dominicana hay hoy una libre expresión del pensamiento, de las ideas, y si se presenta algún inconveniente, es debido a que los medios masivos principales están en manos de consorcios, que lo ven como una punta de lanza en defensa de sus intereses empresariales.
Comencé el periodismo en época donde la norma era violar los derechos de los ciudadanos a la libre expresión, y los periodistas conocían la represión, pero en la mayoría de los casos no doblaban la pluma, aún a riesgo de sus vidas.
Quiero dar un reconocimiento a uno de los puntales de la libertad de prensa en el país y que son olvidados a diario, los corresponsales periodísticos. En ocasiones sin tener salarios seguros, la mayoría arriesga su vida en la defensa de una libre información.
La libertad de prensa es como si fuera un árbol que todos los días tiene que ser abonado con el compromiso de lucha permanente para que no perezca.
La libertad de libre expresión no es un regalo milagroso de nadie, sino el sacrificio de sangre y muerte de generaciones de periodistas dominicanos, muchos de los cuales hoy viven en el anonimato y la miseria.
Mantengamos el derecho a la libre información y difusión de las ideas, aún sea a costa de nuestra sangre.
2013-04-05 16:06:40