Por Manuel Hernández Villeta
En América latina se terminaron las ideologías. Pero no la historia. El presente camino para llegar a ser futuro se sigue escribiendo con sangre y sacrificios. Hoy las luchas son por puro economicismo, por la llegada pura y simple al poder. La lucha entre izquierdas y derechas quedó petrificada en la década de los sesenta.
Los izquierdistas de la época de las guerrillas en República Dominicana y en otros lugares de América, hoy son mujeres y hombres del sistema. La derecha los esperó y los conquistó. No pudieron llegar al gobierno desde la revolución proletaria, pero han hecho su propio gobierno, ligándose a sectores que en la praxi los vencieron.
Los hechos que motivaron las explosiones sociales de los sesenta y un par de décadas siguientes están ahí. No se les tocó ni una pulgada. Nada ha cambiado. Lo único diferente es el ropaje y la bandera que levantan sus protagonistas.
La derecha siguió siendo derecha. Siguió manteniendo el capital, las industrias, la tierra, y las armas. La izquierda únicamente se refugio en los apolillados libros que hoy nadie lee, y los viejos robles que sobrevivieron tratan de capear su nuevo aburguesamiento.
Es dificil que se dé en muchos países de América Latina el renacer de las izquierdas. Habrá gobiernos con sentido social, pero respetuosos en extremo de los detentadores tradicionales del poder, y de los que tienen el capital. Es más, se es izquierdista en las elecciones, y aburguesado luego del triundo.
Ente las década del sesenta al ochenta América Latina se desangró. Sus mejores hijos fueron exterminados en luchas político-militares donde nadie consiguio beneficios. Los sandinistas llegaron por las armas al poder, pero fueron vencidos en elecciones, y ya con moderación, ganaron en otras elecciones.
En Brasil se continúa esperando cambios que sean trascendentales, porque se hace difícil la convivencia entre los grandes sectores mercurialistas, y las políticas que hablan de cambios sociales. Lula no pudo cambiar esa correlación de fuerzas, pero tampoco lo podrá hacer la actual presidenta.
América Latina necesita concertación. Que el capital tenga un rostro humano. Que entre los gobiernos y los empresarios se comprenda que se deben enfrentar los problemas de forma conjunta para evitar los estallidos.
No hay cambios en lontanza, y hoy lo más que se escuchan son los cantos de sirenas en oídos tapados con cera, insuficientes para provocar cambios, pero medicina ideal preventiva para mantener esperanzas, donde solo hay dolor.
2013-11-19 03:52:49