Por Manuel Hernández Villeta
El poder municipal es prácticamnte inexistente en el país. De ahí que no sea fácil de entender los pleitos entre los líderes medios de los partidos políticos por llegar a una alcaldía o sindicatura. Da la impresión que más bien se busca un tesoro escondido, y no el deseo de trabajar para mejorar las condiciones urbanísticas y de vida de los municipios.
La mayoría de los ayuntamientos del país tienen grandes fallas en su política de desarrollo comunitario. Casi todos se encharcan en el tema de la recogida de la basura, y ofrecer servicios que se consideran básicos.
Cierto que tenemos una población que crece en forma galopante, y por consiguiente sin ninguna planificación se construyen torres y nuevas urbanizaciones. Los ayuntamientos llegan a carecer de recursos para proceder a recoger la basura, aparte de su incompetencia tradicional.
La sala capitular tiene poca fuerza, porque no es un poder que se ha podido desarrollar, y en ocasiones los mismos regidores minimizan sus posibilidades de llevar a cabo iniciativas exitosas.
Los síndicos se van con medidas clientelistas, buscando futuro apoyo, y atraerse a capas empresariales y a personalidades públicas, por considerar que allí está la fuerza para ejercer los deberes de su administración.
Las comunidades de todo el país tienen que luchar para que se mejoren las condiciones de vida en los municipios. Ha llegado el momento de que participen en la vida política, formando movimientos que su única misiòn sea trabajar por el bien de su comunidad, y no ser un apéndice de los grandes partidos, que velan más por la globalización de los problemas nacionales.
Las organizaciones comunitarias con poder electoral podrían llegar a las sindicaturas o alcaldías presentando soluciones a la recogida de la basura, la poda de los árboles, el mantenimiento de los parques, eliminición de las aguas negras, lucha contra el ruido innecesario y el establecimiento de rutas del transporte público que sean efectivas.
Quizás la primera obligación y acción de trabajo de un síndico, debe ser rescatar las aceras. No hay en la Capital dominicana una sóla acerca por la cual se pueda transitar libremente, y ello es dejadez e irresponsabilidad de las sindicaturas.
Del área de las aceras hay que sacar las ventas de autos, los negocios formales e informales, las ventas de alimentos, los talleres de mecánica, y cualquier otra instalación física edificada en un espacio que debe ser para el libre tránsito de los peatones. En las zonas residenciales, las torres exclusivas se roban la acera para construir parqueos privados, o tener los equipos eléctricos de las cisternas.
Salvemos los municipios, que se deterioran y abandonan ante nuestros ojos, sin que nadie tome medidas salvadoras.
2015-09-13 23:18:05