Por Armando Jiménez
Al observar las frecuentes críticas del «izquierdista» Miguel Mejía contra el ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Juan Temístocles Montás, uno se pregunta si este señor regresó recientemente de Marte o de la Luna. Lo primero es que Montás fue Ministro de Economía durante las gestiones de gobierno del presidente Leonel Fernández y es obvio que si desde esa posición aplicó «políticas neoliberales» habrá que suponer que contó con la anuencia, el apoyo y la instrucción del jefe de la administración pública de entonces.
Uno no se imagina a un ministro Montás diseñando y ejecutando políticas económicas al margen del Presidente de la República o del resto del Gabinete Económico.
Sencillamente eso no se estila ni se tolera en nuestro sistema presidencialista. Mejía, que ostentó un cargo rimbombante en el anterior gobierno y que por obra y gracias de un aporte inferior al 1% de votos repite en esta gestión, no critica abiertamente a Fernández quien debiera ser el centro de su cuestionamiento porque era el jefe del gobierno y es obvio que este tipo de proceder se corresponde con aquello de que cerdo no se rasca en javilla.
Pero además, algo que pone al descubierto la falta de formación e inteligencia del «líder máximo» del Movimiento Izquierda Unida (MIU) es que ha sido justamente el éxito de la política económica aplicada en los sucesivos gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) lo que le ha garantizado la victoria en cinco elecciones consecutivas.
República Dominicana, por demás, ha sido el país de mayor crecimiento económico promedio de los últimos años en toda la región, un hecho reconocido por organismos internacionales como el propio Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Si de esos reconocimientos se parte, habría que colegir entonces que esas «políticas neoliberales» (así como las entiende Mejía) han sido extrañamente exitosas.
Sucede, sin embargo, que este país no ha sido laboratorio para la aplicación de políticas neoliberales y estamos seguros que el propio Mejía no sería capaz de sostener un debate con nadie de mediana formación sobre este acuñado tema, pues solo lo utiliza como parte de su cliché favorito, no porque conozca en esencia qué es «neoliberalismo» y con qué se come. Simplemente le gusta la frase e interpreta que con solo mencionarla desacredita o inhabilita. ¡Cuánta pobreza!
El «líder» del MIU parece empecinado, obsesionado y frustrado en una especie de locura por incomodar a Montás, al grado de que podría pensarse que alguna cuenta le estaría cobrando al político nativo de San Cristóbal. Pero de antemano se sabe que está recurrencia de ese funcionario público es parte del lobbismo político muy característico de quienes se apandillan y viven trazando planes inconfesables.
Pero más aún, Mejía da la impresión de que la simple filtración de las supuestas o reales pretensiones de Montás por alcanzar la nominación presidencial del PLD, del cual es fundador y dirigente con derechos legítimos, no así Miguel, le ha preocupado tanto que le impide el sueño, inquieta su futuro y desde ya quiere poner su barba en remojo.
Pero Temo, como se le conoce en el ambiente político-familiar, deberá estar preparado, acorazarse para resistir la andanada de quienes por haber dado un salto en su condición social se creen con derecho de medirse de tú a tú con quienes no solo han demostrado formación y capacidad política-intelectual, sino igualmente decencia, pulcritud y honorabilidad en toda su trayectoria de vida, pero esencialmente en el ejercicio público. «Nos ladran Sancho, será porque cabalgamos», podría rememorar justamente Montás cual un nuevo Quijote del siglo XXI.
2013-05-14 18:49:35