{"id":71154,"date":"2008-01-28T03:36:54","date_gmt":"2008-01-28T03:36:54","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.ddns.net\/?p=71154"},"modified":"2008-01-28T03:36:54","modified_gmt":"2008-01-28T03:36:54","slug":"partida-perdida-bobby","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=71154","title":{"rendered":"Partida perdida, Bobby"},"content":{"rendered":"<p><body><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><em>REPORTAJE: LOS \u00daLTIMOS D\u00cdAS DE FISCHER <\/em><\/strong><br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n    <strong class=\"titulogrande1\">Partida perdida, Bobby<\/strong><\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\" class=\"text1noticias\"><em>Bobby Fischer muri\u00f3 con  tantos a\u00f1os, 64, como casillas tiene un tablero de ajedrez, perseguido en EE  UU, exiliado en Islandia y peleado con casi todos cuantos le acogieron.<\/em><br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n    <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/localhost:8080\/pictures\/fischer.jpg\" width=\"269\" height=\"269\" hspace=\"4\" align=\"left\" \/>A las ocho de la ma\u00f1ana del lunes, cuando todav\u00eda era noche  cerrada, un coche f\u00fanebre sali\u00f3 sigilosamente de las calles nevadas de  Reikiavik, seguido por otro veh\u00edculo. En el coche f\u00fanebre iba el ata\u00fad con el  cuerpo de Bobby Fischer, el genio estadounidense del ajedrez que muri\u00f3 el 18 de  enero, a los 64 a\u00f1os; en el otro iba una pareja de islandeses que hab\u00edan sido  sus vecinos y un sacerdote cat\u00f3lico franc\u00e9s al que Fischer, que naci\u00f3 y se  educ\u00f3 como jud\u00edo, no hab\u00eda conocido jam\u00e1s.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  <em>\u00abDesconfiaba  de todos\u00bb, asegura su amigo Saemi Palsson. Estaba tan obsesionado con  guardar secretos que, aunque conocimos su relaci\u00f3n sentimental con la japonesa  Myoko Watai, no supimos hasta que muri\u00f3 que era su esposa\u00bb<\/em><br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  <em><br \/>  \u00abEl  ajedrez era el refugio de las privaciones materiales y emocionales que  sufr\u00eda\u00bb, asegura el doctor Skulason. \u00abSe construy\u00f3 unos muros, una  forma de protecci\u00f3n inmadura y agresiva en la que la confianza fue  eliminada\u00bb<\/em><br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Recorrieron 45 kil\u00f3metros hacia el este de Reikiavik y se  detuvieron en una peque\u00f1a iglesia luterana, cerca del pueblo de Selfoss. All\u00ed  les recibi\u00f3 una mujer japonesa, budista, que hab\u00eda volado desde Tokio la noche  anterior y que dijo ser la esposa de Fischer. El granjero, due\u00f1o de las tierras  en las que se alzaba la iglesia, hab\u00eda cavado una tumba en el antiguo  cementerio del lugar. El peque\u00f1o grupo se api\u00f1\u00f3 en torno a ella, sin l\u00e1pida ni  cruz, y el sacerdote dijo una oraci\u00f3n. Hac\u00eda un fr\u00edo terrible y la negrura del  cielo contrastaba con el blanco de la tierra helada. <br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  A las diez, cuando la tenue  luz de la ma\u00f1ana empezaba a vislumbrarse por el este, concluy\u00f3 la ceremonia. El  ata\u00fad estaba ya bajo tierra, y la mujer de Fischer, los vecinos, el granjero y  el sacerdote se alejaron en silencio.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  La noticia de la muerte de Fischer tres d\u00edas antes hab\u00eda recorrido  el mundo, pero nadie de fuera del grupo del cementerio supo que el pol\u00e9mico ex  campe\u00f3n mundial de ajedrez -rabioso detractor de Estados Unidos y de los  jud\u00edos- estaba ya enterrado, hasta las cuatro de la tarde, cuando el vecino que  hab\u00eda estado presente, Gardar Sverisson, telefone\u00f3 a un amigo para cont\u00e1rselo.  Se hab\u00eda guardado tan bien el secreto, se hab\u00eda preparado tan deprisa el  entierro, que ni siquiera el sacerdote luterano en cuya iglesia se le enterr\u00f3  lo supo hasta despu\u00e9s de los hechos; ni siquiera el marido estadounidense de la  difunta hermana de Fischer se enter\u00f3, cosa especialmente mortificante si se  tiene en cuenta que hab\u00eda ido desde Estados Unidos espec\u00edficamente para eso (y  para extraer su porcentaje de la fortuna de Fischer, valorada en dos millones  de euros), sin saber que la ceremonia se estaba llevando a cabo justo en el  momento en el que aterrizaba su avi\u00f3n de Nueva York. Tampoco se lo contaron al  m\u00e1s viejo y leal amigo island\u00e9s de Fischer, Saemi Palsson.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Palsson, un h\u00e9roe local en Reikiavik sobre cuya amistad con  Fischer se est\u00e1 rodando una pel\u00edcula, dice que le entristece no haber sido  invitado al entierro, pero est\u00e1 de acuerdo -igual que media docena de personas  que conocieron a Fischer, y con las que he hablado en la capital islandesa- en  que as\u00ed es como al difunto gran maestro le habr\u00eda gustado. \u00abDesconfiaba de  todo el mundo, odiaba los medios de comunicaci\u00f3n y estaba tan obsesionado con  guardar secretos que, aunque supimos que hab\u00eda tenido una relaci\u00f3n sentimental  con la japonesa Myoko Watai, nadie de nosotros supo nunca, hasta ahora que se  ha muerto, que era su esposa\u00bb, cuenta Palsson.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Palsson fue polic\u00eda, cintur\u00f3n negro de yudo en los a\u00f1os  cincuenta; campe\u00f3n nacional de baile, de <em>twist<\/em> y <em>rock and roll,<\/em> y  durante los d\u00edas de gloria de Fischer, su guardaespaldas. Eso fue en 1972,  cuando Islandia fue escenario del duelo de ajedrez m\u00e1s memorable de todos los  tiempos, entre Fischer, de 29 a\u00f1os, y el campe\u00f3n sovi\u00e9tico Boris Spassky, que  se disputaban la corona mundial. <br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  El alto, desgarbado Fischer gan\u00f3, a pesar de  unas rabietas absurdas que pusieron la competici\u00f3n, de 22 partidas, en  permanente peligro. Henry Kissinger, entonces secretario de Estado con Richard  Nixon, se vio obligado a llamarle por tel\u00e9fono en uno de los momentos m\u00e1s cr\u00edticos  para recordarle su deber patri\u00f3tico. Funcion\u00f3. Fischer -\u00abverdaderamente es  el mundo libre contra los mentirosos, tramposos e hip\u00f3critas de los  rusos\u00bb, dijo- se vio como combatiente de la guerra fr\u00eda.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  De una testarudez \u00e9pica, Fischer se pele\u00f3 casi con todo el mundo  al que conoci\u00f3 en Islandia. La excepci\u00f3n fue Palsson, cuyo car\u00e1cter directo,  pero discreto, valor\u00f3 tanto Fischer que le contrat\u00f3 para que siguiera siendo su  guardaespaldas durante seis meses en Estados Unidos. Despu\u00e9s, Fischer se recluy\u00f3  durante 20 a\u00f1os y no volvi\u00f3 a aparecer hasta 1992, para disputar una nueva  partida con Spassky en Belgrado -a pesar de las sanciones internacionales  contra el r\u00e9gimen serbio que apoyaba Estados Unidos-, que le permiti\u00f3 ganar  mucho dinero, pero le supuso la enemistad de su propio Gobierno. Treinta y tres  a\u00f1os despu\u00e9s del desaf\u00edo de Islandia, en 2005, Fischer llam\u00f3 a Palsson desde  una c\u00e1rcel en Tokio, donde le hab\u00edan encerrado a petici\u00f3n de las autoridades de  Estados Unidos para extraditarle, acusado de utilizaci\u00f3n de un pasaporte no  v\u00e1lido, evasi\u00f3n fiscal y blanqueo de dinero. La raz\u00f3n de fondo del deseo de  castigar a Bobby Fischer, seg\u00fan insisten sus conocidos en Islandia, era la  irritaci\u00f3n que despertaba su espectacular falta de correcci\u00f3n pol\u00edtica. Desde que  suscit\u00f3 las iras de su Gobierno al jugar aquella partida en Serbia, el antiguo  azote de los sovi\u00e9ticos y ex h\u00e9roe estadounidense se hab\u00eda vuelto antiamericano  casi hasta la locura, y completamente contrario a \u00abesos apestosos  jud\u00edos\u00bb que, seg\u00fan dec\u00eda, ten\u00edan bajo \u00abtotal control\u00bb a Estados  Unidos. Negaba sonoramente la existencia del Holocausto y declar\u00f3 a una emisora  de radio de Filipinas que el atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva  York hab\u00eda sido una \u00abnoticia maravillosa\u00bb y que hab\u00eda llegado la hora  \u00abde acabar con Estados Unidos de una vez por todas\u00bb.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Sin embargo, Palsson, que hab\u00eda aprendido hac\u00eda tiempo cuando s\u00ed  y cuando no hacerle caso, vino a su rescate. Tras la llamada que le hizo  Fischer desde la c\u00e1rcel japonesa, Palsson viaj\u00f3 a Tokio y se form\u00f3 en Islandia  un comit\u00e9 de siete entusiastas del ajedrez (todos se\u00f1ores de la edad de  Palsson) para empujar al Gobierno a conceder a Fischer la condici\u00f3n de  exiliado. Tras numerosas fricciones con el Gobierno de Estados Unidos, el  milenario Parlamento island\u00e9s aprob\u00f3 un\u00e1nimemente romper lo que ellos  consideraban ser una lanza en favor de la libertad -y en las narices del T\u00edo  Sam- al otorgar la plena ciudadan\u00eda al americano que les hab\u00eda colocado en el  mapa.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  En marzo de 2005, Fischer descendi\u00f3 de un avi\u00f3n en Islandia con  un aspecto, recuerda Palsson, \u00abcomo el de Solzhenitsin\u00bb. Solzhenitsin  en un mal d\u00eda y en un campo de trabajo en Siberia: ten\u00eda los dientes, los pocos  que le quedaban, podridos, y la barba y el cabello, blancos, largos y descuidados.  Se arregl\u00f3 para un banquete de bienvenida en Reikiavik al que acept\u00f3 ir a  rega\u00f1adientes. Pero la imagen que ofrec\u00eda cada vez que apareci\u00f3 en p\u00fablico  durante los 2 a\u00f1os y 10 meses de su exilio island\u00e9s (no se fue nunca, por miedo  a que sus implacables compatriotas le extraditasen) era, como coment\u00f3 un  escritor island\u00e9s, la de \u00abun vagabundo sin techo, tirado en un banco de un  parque con una bolsa de pl\u00e1stico al lado\u00bb. La barba y el cabello volvieron  a enredarse r\u00e1pidamente, y siempre llevaba la misma ropa: camisa vaquera azul y  pantal\u00f3n vaquero, con gorra de b\u00e9isbol marr\u00f3n. Palsson dice que se cambiaba de  ropa, que ten\u00eda un vestuario amplio, aunque uniforme; pero los dientes no le  mejoraron nunca. Desconfiaba de m\u00e9dicos y dentistas, y ni siquiera se fiaba de  sus empastes de metal, que hizo que le quitaran, cuenta Palsson, por temor a la  radiaci\u00f3n.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Lo curioso era que Fischer, a pesar de su antiamericanismo, era  \u00abmuy, muy americano\u00bb, en palabras de una persona del mundo del  ajedrez island\u00e9s que le conoc\u00eda. Nunca sal\u00eda de casa sin la gorra de b\u00e9isbol,  pasaba gran parte del tiempo escuchando m\u00fasica estadounidense de <em>blues<\/em> en su MP3, com\u00eda hamburguesas con fecuencia en un restaurante de Reikiavik  llamado American Style, le encantaban las pel\u00edculas estadounideses de acci\u00f3n.  La \u00faltima que vio, en diciembre, fue <em>American gangster. <\/em>Su paranoia  tambi\u00e9n era la expresi\u00f3n de una tendencia a buscarse enemigos en todas partes.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Por eso se pele\u00f3 irremediablemente -excepto con dos- con todos  los dem\u00e1s miembros del comit\u00e9 de siete personas que le hab\u00eda salvado, un grupo  de fan\u00e1ticos del ajedrez que le miraban como los hinchas de f\u00fatbol miraban hace  unos a\u00f1os a David Beckham, y a los que acus\u00f3 (incluido Palsson) de haber  traicionado su confianza, o de querer estar con \u00e9l para inflar sus egos o sus  carteras.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Uno de los dos que permanecieron junto a \u00e9l hasta su muerte fue  Gardar Sverrison, el vecino que le enterr\u00f3 y que guarda un total mutismo. La  raz\u00f3n por la que Fischer se mantuvo leal a Sverrison hasta la tumba fue que  \u00e9ste nunca presumi\u00f3 de su amistad. \u00abLa norma parec\u00eda ser que, cuanto menos  hablabas de \u00e9l con otras personas, m\u00e1s te valoraba \u00e9l\u00bb, dice un conocido  suyo de la isla, que habla con la condici\u00f3n del anonimato. Sverisson estaba tan  cautivado por Fischer (otra condici\u00f3n de la amistad con \u00e9l) que se ha mantenido  fiel a ese principio incluso despu\u00e9s de su muerte.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  El otro miembro del comit\u00e9 con el que Fischer permaneci\u00f3 en  estrecho contacto fue un m\u00e9dico que dirige el hospital psiqui\u00e1trico  penitenciario de Islandia, Magnus Skulason. Durante los tres \u00faltimos meses de  vida de Fischer, que en parte pas\u00f3 en el hospital rechazando los intentos de  los m\u00e9dicos de curarle la infecci\u00f3n de ri\u00f1\u00f3n que le caus\u00f3 la muerte, nadie tuvo  tanta intimidad con \u00e9l como el doctor Skulason.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  El psiquiatra y el campe\u00f3n de ajedrez se conocieron en una  librer\u00eda de viejo llamada Bokin, pr\u00f3xima al piso de Fischer en el centro de  Reikiavik. Fischer pasaba la mayor\u00eda de sus d\u00edas solo, escuchando la radio o  leyendo los peri\u00f3dicos <em>-The Guardian, The Independent<\/em> y The New York  Times eran sus favoritos-, pero cuando se atrev\u00eda a salir, sol\u00eda ser para  buscar refugio en Bokin, donde pasaba largas tardes leyendo -y a veces,  durmiendo- en medio del polvo y el caos de la tienda, que, seg\u00fan cont\u00f3 al  propietario, le recordaba a una antigua librer\u00eda a la que sol\u00eda ir de ni\u00f1o en  Brooklyn. Bokin, que huele como todas las librer\u00edas de viejo en todas partes,  est\u00e1 decorada caprichosamente con carteles de gente famosa de cuando Fischer  era joven, como Mao, Stalin, Hitler, Brigitte Bardot, Richard Burton y Marilyn  Monroe. A los lados de la silla de madera en la que se sentaba Fischer, al  final de un pasillo largo y estrecho, hay, a la izquierda, biograf\u00edas, en  island\u00e9s y en ingl\u00e9s, de personajes tan variados como Shirley MacLaine, Francis  Drake, Sim\u00f3n Bol\u00edvar y Houdini, y a la derecha, libros de autoayuda con t\u00edtulos  como <em>Oc\u00fapate de tus asuntos: s\u00e9 tu propio jefe<\/em> y <em>Diez errores que  cometen los padres con los adolescentes.<\/em><br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Los libros preferidos de Fischer, que compraba en tales  cantidades que su piso lleg\u00f3 tambi\u00e9n a parecer una librer\u00eda de segunda mano,  eran los que trataban de la   II Guerra Mundial (naci\u00f3 en 1943); los fugitivos de la ley  -\u00aben cierto modos se consideraba uno de ellos\u00bb, dice el due\u00f1o de  Bokin, Bragi Kristjonsson, \u00aby sobre todo le\u00eda libros sobre desertores  sovi\u00e9ticos, con los que se identificaba hasta un punto que no pod\u00eda haber  imaginado en 1972\u00bb-, y c\u00f3mics, historietas infantiles de cuando era ni\u00f1o y  que le\u00eda en su piso, como pudo observar Saemi Palsson, entre grandes risotadas.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  El doctor Skulason, que pas\u00f3 muchas horas junto a Fischer en su  \u00faltima etapa, hablando de todo tipo de cosas, desde la teor\u00eda de los sue\u00f1os de  Freud hasta la perfidia de Estados Unidos en Irak, dice que hab\u00eda un gran  abismo entre la capacidad mental del genio del ajedrez (seg\u00fan dice el  psiquiatra, ten\u00eda un coeficiente de inteligencia superior al de Einstein) y el  mundo emocional infantil en el que estaba atrapado. \u00abVe\u00eda la vida como la  ve un ni\u00f1o peque\u00f1o, e, igual que un ni\u00f1o, siempre quer\u00eda salirse con la suya y  se enfadaba si se le negaba algo\u00bb, explica el doctor Skulason, hombre de  cejas espesas de un fuerte parecido a Sigmund Freud, que habla con tanta  concentraci\u00f3n que durante un buen rato, en nuestras dos horas de conversaci\u00f3n,  tiene los ojos cerrados. El problema surgi\u00f3, en gran parte, de la fama  repentina que adquiri\u00f3 a los 14 a\u00f1os, cuando se convirti\u00f3 en campe\u00f3n de ajedrez  de Estados Unidos. \u00abEra una carga excesiva para un chico que, desde los  dos a\u00f1os, se hab\u00eda criado s\u00f3lo con su madre, una mujer que pasaba mucho tiempo  fuera de casa\u00bb, explica el doctor Skulason. \u00abEra un chico solitario,  entiendo, y pobre. El ajedrez fue un refugio de las privaciones materiales y  emocionales que sufr\u00eda. Era muy t\u00edmido, y de pronto se encontr\u00f3 en el centro de  toda esa atenci\u00f3n, y sin una figura paterna que le sirviera de gu\u00eda. As\u00ed que  construy\u00f3 unos muros, una forma de protecci\u00f3n inmadura y agresiva en la que la  confianza -un elemento absolutamente necesario para unas relaciones sociales  saludables- fue eliminada\u00bb.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  El doctor Skulason pas\u00f3 la \u00faltima noche que durmi\u00f3 Fischer en  casa, 48 horas antes de morir, acompa\u00f1\u00e1ndole en su piso, junto a su lecho.  \u00abYo hablaba en mon\u00f3logo y \u00e9l se quedaba dormido, como un beb\u00e9. Luego se  despertaba con dolores y molestias, y yo exprim\u00eda unas uvas y le daba un vaso  de zumo, o un poco de leche de cabra, que, por desgracia, no consegu\u00eda retener.  Una vez se despert\u00f3, me dijo que le dol\u00edan los pies y me pidi\u00f3 que se los  masajeara. Yo lo intent\u00e9, le acarici\u00e9 suavemente, y entonces dijo las \u00faltimas  palabras, las \u00faltimas dirigidas a m\u00ed y, que yo sepa, a cualquier otra persona.  Cuando sinti\u00f3 que le tocaba dijo, con una voz de una suavidad terrible: &#8216;No hay  nada que alivie el dolor como el toque humano\u00bb.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  El doctor Skulason, que opina que ese contacto era lo que  Fischer m\u00e1s anhel\u00f3 a lo largo de toda su vida, dice que le sorprende ver cu\u00e1nto  echa de menos a Fischer, de quien cuenta que, a pesar de sus tendencias  tir\u00e1nicas, ten\u00eda la capacidad de ser una persona c\u00e1lida y afectuosa, una  descripci\u00f3n en la que coinciden varias personas con las que he hablado, incluso  Palsson, que ten\u00eda todos los motivos para sentirse ofendido por \u00e9l, pero que,  sin embargo, recuerda, con los ojos llorosos, su sincero apret\u00f3n de manos y sus  abrazos de oso.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Skulason dice que quiere que a Fischer se le recuerde no por sus  exabruptos infantiles antijud\u00edos -\u00abes igual de infantil tomar esas  tonter\u00edas que dijo en serio\u00bb-, sino \u00abcomo un hombre herido cuya  conducta externa disimulaba la bondad que llevaba dentro. No era un enemigo de  la humanidad. <br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Sus personajes m\u00e1s admirados, seg\u00fan me dec\u00eda, eran grandes  hombres como Nelson Mandela y Martin Luther King. Es una tragedia que, en lugar  de ayudarle a sacar lo mejor de s\u00ed mismo, el mundo le atacara\u00bb.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  La mente de Fischer era un caos neur\u00f3tico; su entierro lo  ejemplifica. La ceremonia furtiva, la esposa budista, el cementerio luterano y  el sacerdote cat\u00f3lico, un franc\u00e9s que reside desde hace mucho tiempo en  Islandia llamado Jakob Rolland, con el que he hablado, pero que no ha querido hablar  conmigo m\u00e1s que para reconocer que es verdad que invoc\u00f3, ante la tumba de  Fischer, a un Dios en el que Fischer no parec\u00eda creer, y para confesar que no  sabe absolutamente nada -ni siquiera c\u00f3mo se mueven las piezas- de la \u00fanica  religi\u00f3n a la que Fischer dedic\u00f3 toda su existencia, el juego del ajedrez.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  Salvo que el secretista se\u00f1or Sverrison sepa algo m\u00e1s, Fischer  no dej\u00f3 \u00faltimas voluntades, no transmiti\u00f3 ninguna diatriba final ni envi\u00f3  ning\u00fan mensaje de arrepentimiento al mundo. La \u00faltima nota escrita que dej\u00f3,  por lo que se sabe, est\u00e1 en la librer\u00eda Bokin. Es una nota sencilla, pero que  contiene ese clamor interno que detect\u00f3 el doctor Skulason a recuperar una  infancia solitaria, desprotegida, prematuramente perdida, cuyo recuerdo, no  obstante, le brindaba consuelo. La nota, que a\u00fan cuelga pegada con celof\u00e1n en  una mesa, est\u00e1 escrita a l\u00e1piz. Es una petici\u00f3n de un c\u00f3mic infantil que el  due\u00f1o de la tienda trat\u00f3 de localizar sin \u00e9xito. Dice: \u00abThey&#8217;ll Do it  Every time! By Jimmy Hatlo (cartoons) 40&#8217;s and 50&#8217;s\u00bb (\u00a1Lo har\u00e1n todas las  veces!, por Jimmy Hatlo (historietas), a\u00f1os 40 y 50), y est\u00e1 firmada  \u00abBobby F\u00bb. &#8211;<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  <strong>John Carlin<\/strong> 27\/01\/2008 \/El Pais<\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<h6> 2008-01-28 03:36:54 <\/h6>\n<p><!--\n<link rel=\"stylesheet\" href=\"css\/bootstrap.min.css\">\n\n\n<ul class=\"pagination\">\n\t    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=22831'>Previous<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n       \n    \n\n<li><a href='?page_no=1'>1<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2'>2<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=22830'>22830<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=22831'>22831<\/a><\/li>\n\n\n\n<li class='active'><a>22832<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=22833'>22833<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=22834'>22834<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=22911'>22911<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=22912'>22912<\/a><\/li>\n\n    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=22833'>Next<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n    \n\n<li><a href='?page_no=22912'>Last &rsaquo;&rsaquo;<\/a><\/li>\n\n<\/ul>\n\n\n--><br \/>\n<\/body><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>REPORTAJE: LOS \u00daLTIMOS D\u00cdAS DE FISCHER &#13; &#13; Partida perdida, Bobby &#13; Bobby Fischer muri\u00f3 con tantos a\u00f1os, 64, como casillas tiene un tablero de ajedrez, perseguido en EE UU, exiliado en Islandia y peleado con casi todos cuantos le acogieron.&#13; &#13; A las ocho de la ma\u00f1ana del lunes, cuando todav\u00eda era noche cerrada, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-71154","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/71154","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=71154"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/71154\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=71154"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=71154"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=71154"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}