{"id":680557,"date":"2026-06-03T19:17:29","date_gmt":"2026-06-03T23:17:29","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=680557"},"modified":"2026-06-03T19:17:31","modified_gmt":"2026-06-03T23:17:31","slug":"donald-trump-anticristo-o-sombra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=680557","title":{"rendered":"Donald Trump: \u00bfAnticristo o Sombra?"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Carlos Manuel Abaunza Carranza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La vida p\u00fablica de Donald Trump parece haber sido escrita como una variaci\u00f3n grotesca de La profec\u00eda (1976), aquella pel\u00edcula en la que Damien Thorn, el ni\u00f1o destinado a encarnar al Anticristo, crece bajo el amparo del privilegio, la riqueza y el poder. Damien no conquista el mundo desde los m\u00e1rgenes, sino desde el centro mismo de la honorabilidad: la familia influyente, el Estado, la diplomacia, la promesa de grandeza. Trump, como Damien, no aparece como una anomal\u00eda externa al sistema, sino como su hijo m\u00e1s transparente. No irrumpe contra la civilizaci\u00f3n occidental; emerge desde sus entra\u00f1as. Es el producto terminado de una cultura que confundi\u00f3 \u00e9xito con acumulaci\u00f3n, carisma con impunidad, verdad con espect\u00e1culo y redenci\u00f3n con poder.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Anticristo es una de las figuras m\u00e1s persistentes del imaginario occidental. Incluso antes del Apocalipsis atribuido a Juan, la imaginaci\u00f3n religiosa ya hab\u00eda elaborado la posibilidad de una fuerza hist\u00f3rica capaz de invertir el sentido de lo sagrado: no la simple negaci\u00f3n de Dios, sino su parodia. El Anticristo no aparece necesariamente como monstruo, sino como seductor. No se presenta como enemigo frontal de la fe, sino como su falsificaci\u00f3n m\u00e1s eficaz. Su fuerza no reside en destruir la verdad, sino en producir una verdad\u2014o m\u00faltiples verdades\u2014alternativa, emocionalmente irresistible, socialmente contagiosa y pol\u00edticamente \u00fatil.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>En esa clave, Trump resulta una figura inquietante. No porque sea literalmente el Anticristo \u2014esa afirmaci\u00f3n pertenece al terreno de la fe, la profec\u00eda y la imaginaci\u00f3n apocal\u00edptica\u2014, sino porque su figura pol\u00edtica parece encarnar muchos de los rasgos simb\u00f3licos asociados a esa tradici\u00f3n: el embaucador, el falso profeta, el hombre que convierte la mentira en m\u00e9todo y la obediencia en espect\u00e1culo. Si Cristo afirma ser \u201cel camino, la verdad y la vida\u201d, Trump parece haber construido su mundo pol\u00edtico sobre la inversi\u00f3n exacta de esa f\u00f3rmula: el atajo, la fabricaci\u00f3n de realidad y la exaltaci\u00f3n del ego. La mentira no es en \u00e9l un accidente moral, sino una t\u00e9cnica de gobierno. The Washington Post document\u00f3 30,573 afirmaciones falsas o enga\u00f1osas durante su primer mandato, una cifra que muestra no solo una disposici\u00f3n individual al enga\u00f1o, sino una arquitectura completa de distorsi\u00f3n p\u00fablica.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lo verdaderamente perturbador no es que Trump mienta. Los pol\u00edticos han mentido siempre. Lo perturbador es que sus mentiras, incluso cuando son emp\u00edricamente refutadas, no pierden eficacia. Al contrario, muchas veces se fortalecen. Sus seguidores no creen en Trump a pesar de la mentira, sino a trav\u00e9s de ella. La mentira opera como una prueba de fidelidad. Cuanto m\u00e1s improbable es la afirmaci\u00f3n, m\u00e1s claramente divide a los creyentes de los incr\u00e9dulos. En ese sentido, Trump no solo manipula la verdad: funda una comunidad emocional alrededor de su negaci\u00f3n. Su palabra no describe el mundo; lo reemplaza.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aqu\u00ed aparece Nietzsche, inevitablemente. En El Anticristo, Nietzsche no est\u00e1 interesado simplemente en una figura demon\u00edaca, sino en una genealog\u00eda de los valores. Su cr\u00edtica apunta contra las morales que, bajo la apariencia de virtud, producen resentimiento, inversi\u00f3n de fuerzas vitales y domesticaci\u00f3n del esp\u00edritu. Trump ser\u00eda, parad\u00f3jicamente, un Anticristo nietzscheano en sentido invertido: no porque supere la moral cristiana hacia una afirmaci\u00f3n tr\u00e1gica de la vida, sino porque convierte el resentimiento en energ\u00eda pol\u00edtica pura y, por ende, en dominaci\u00f3n. Su discurso no libera al individuo de la moral de reba\u00f1o; lo reorganiza dentro de otro reba\u00f1o, m\u00e1s ruidoso, m\u00e1s agraviado, m\u00e1s dispuesto a confundir crueldad con autenticidad. Trump no destruye el resentimiento: lo industrializa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Teol\u00f3gicamente, tambi\u00e9n resulta dif\u00edcil ignorar la resonancia entre Trump y los siete pecados capitales. La soberbia aparece en su incapacidad de reconocer l\u00edmites, errores o derrotas\u2014o en amenazar a civilizaciones enteras con su desaparici\u00f3n. La avaricia, en su sed insaciable por m\u00e1s poder y acumulaci\u00f3n. La ira, en la violencia simb\u00f3lica, verbal y material con la que arremete contra quienes lo cuestionan, convirti\u00e9ndolos a todos en enemigos absolutos. La envidia, en su obsesi\u00f3n por querer operar con la impunidad con la que, seg\u00fan \u00e9l, otros l\u00edderes mundiales gobiernan. La gula, no solo como apetito material, sino como voracidad por ser siempre el centro de la atenci\u00f3n medi\u00e1tica. La lujuria, en su historia p\u00fablica de esc\u00e1ndalos sexuales. Y la pereza, en el desprecio por la complejidad, por el estudio, por la deliberaci\u00f3n lenta, por toda forma de pensamiento cr\u00edtico. Trump no parece cometer estos pecados: parece haberlos convertido en su estilo, su identidad, su modus operandi.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos eventos recientes en la vida de Trump son particularmente esclarecedores: su reconocimiento p\u00fablico de que no entrar\u00e1 al cielo y la flamante publicaci\u00f3n de su propia imagen como Cristo. En 2025, Trump dijo p\u00fablicamente que no estaba seguro de poder entrar al cielo, llegando a afirmar que quiz\u00e1 no era \u201cheaven-bound\u201d. La frase podr\u00eda parecer una broma m\u00e1s dentro de su repertorio de exageraciones, pero adquiere una fuerza simb\u00f3lica particular cuando se lee junto con su apropiaci\u00f3n pol\u00edtica del imaginario cristiano\u2014con la reciente publicaci\u00f3n de s\u00ed mismo como Cristo. Trump se presenta, e incita a que otros lo presenten, como instrumento de una misi\u00f3n divina, como el iluminado que resucita y encarna una nueva versi\u00f3n del destino manifiesto. En este contexto, su inquietante postura ante su propia salvaci\u00f3n no debilita su figura: la vuelve m\u00e1s ominosa. En cualquier caso, no se trata de un santo que duda de su virtud, sino de un magnate que parece intuir, aunque fuera solo teatralmente, la gravedad moral de su propia trayectoria.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El argumento del Anticristo es, evidentemente, m\u00e1s religioso que cient\u00edfico. Pertenece al registro del s\u00edmbolo, de la profec\u00eda, del mito pol\u00edtico y de la imaginaci\u00f3n moral. Tomado literalmente, corre el riesgo de convertirse en el mismo tipo de pensamiento m\u00e1gico que pretende criticar. Pero tomado simb\u00f3licamente, permite iluminar algo m\u00e1s profundo: Trump como s\u00edntoma de una crisis espiritual, cultural y ps\u00edquica de Occidente.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Desde una postura m\u00e1s sensata, podr\u00edamos decir que Trump no encarna al Anticristo, sino a la Sombra Colectiva. En la psicolog\u00eda junguiana, la sombra designa aquellos aspectos reprimidos, negados u oscuros de la psique que el sujeto no quiere reconocer como propios. Lo que una persona no logra integrar en s\u00ed misma reaparece como proyecci\u00f3n, como s\u00edntoma, como compulsi\u00f3n. Lo mismo puede decirse de una sociedad. Toda comunidad pol\u00edtica tiene una sombra: sus violencias no resueltas, sus deseos inconfesables, sus jerarqu\u00edas negadas, sus nostalgias autoritarias, sus fantas\u00edas de pureza, castigo y dominaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Trump funciona como el gran revelador de esa sombra. No invent\u00f3 el racismo, la misoginia, la xenofobia, el desprecio por la verdad o el culto a la vanidad hecha espect\u00e1culo. Los hizo visibles. Los autoriz\u00f3. Los sac\u00f3 del \u201ccl\u00f3set moral\u201d de la cultura liberal y los coloc\u00f3 en el escenario principal de la democracia estadounidense: la Casa Blanca. En ese sentido, su aparici\u00f3n tiene algo de cat\u00e1strofe, pero tambi\u00e9n algo de diagn\u00f3stico. Trump no es solo una causa; es una revelaci\u00f3n. Muestra lo que ya estaba all\u00ed, latente, esperando ser voz autorizada dentro del discurso p\u00fablico. Quiz\u00e1 por eso su figura resulta tan dif\u00edcil de combatir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para destronar a Trump, no basta con derrotarlo electoralmente, ridiculizarlo intelectualmente o desmentirlo con datos. Si Trump es una sombra colectiva, entonces su derrota no puede ser \u00fanicamente pol\u00edtica. Tiene que ser tambi\u00e9n \u00e9tica, cultural y espiritual. Una sociedad no se cura expulsando su sombra, sino reconoci\u00e9ndola, nombr\u00e1ndola e integr\u00e1ndola. Trump ha venido a sacar los contenidos m\u00e1s oscuros de una naci\u00f3n a la luz p\u00fablica. Parad\u00f3jicamente, aunque esa luz pueda parecer infernal, tambi\u00e9n puede ser el inicio de una \u201csanaci\u00f3n colectiva\u201d; no porque Trump redima a nadie, sino porque nos obliga a mirar, sin anestesia, aquello que Occidente a\u00fan no se atreve a reconocer de s\u00ed mismo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>ESTE ARTICULO ES DEL SOCIOLOGO Y PERIODISTA RESIDENTE EN KASAJISTAN, ACTUALMENTE ES COSTARRICENSE<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Manuel Abaunza Carranza La vida p\u00fablica de Donald Trump parece haber sido escrita como una variaci\u00f3n grotesca de La profec\u00eda (1976), aquella pel\u00edcula en la que Damien Thorn, el ni\u00f1o destinado a encarnar al Anticristo, crece bajo el amparo del privilegio, la riqueza y el poder. 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