{"id":672037,"date":"2026-03-30T19:31:24","date_gmt":"2026-03-30T23:31:24","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=672037"},"modified":"2026-03-30T19:43:21","modified_gmt":"2026-03-30T23:43:21","slug":"contarlo-hasta-que-exista-la-reescritura-de-la-experiencia-1-de-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=672037","title":{"rendered":"Contarlo hasta que exista: La reescritura de la experiencia 1 de 2\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p>Conversaciones con la Di\u00e1spora. \u2013 Luz Mar\u00eda Mack.<strong>&nbsp;&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>por Karim L\u00f3pez, para Diaspora &amp; Development Foundation, <a href=\"http:\/\/ee.uu\">EE.UU<\/a>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Brooklyn, New York. Estados Unidos&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>En una ciudad donde la identidad suele diluirse entre acentos y silencios heredados, Luz Mar\u00eda Mack decidi\u00f3 que la memoria no pod\u00eda seguir pidiendo permiso para existir. Su historia \u2014marcada por \u201cun peque\u00f1o vestido amarillo y rosado y zapatos apretados\u201d\u2014&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la geograf\u00eda emocional de la di\u00e1spora, el retorno casi nunca es un punto en el mapa, sino un gesto rescatado del olvido. Un gesto que sobrevive al asfalto neoyorquino como una ra\u00edz que fractura la acera. Luz Mar\u00eda Mack entiende que ese regreso no se encuentra en los registros de migraci\u00f3n, sino en el tradicional acto de besar la mano a un mayor. Para sus hijos, criados en un hogar donde lo dominicano se trenza con lo afroamericano, dicho acto no es un simple gesto de cortes\u00eda; es una frecuencia de radio que captan de forma intermitente. En ellos la interpretaci\u00f3n era como ir a la iglesia a pedir perd\u00f3n, o permiso, para existir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dicha \u201cpetici\u00f3n de permiso\u201d es quiz\u00e1s la met\u00e1fora m\u00e1s precisa de la experiencia migrante que Mack intenta desmantelar a trav\u00e9s de su obra literaria. Nacida en Villa Mella, Santo Domingo, criada en Pu\u00f1al, Santiago, y trasplantada al New York cambiante de los a\u00f1os 80, su vida ha sido un tr\u00e1nsito entre el espa\u00f1ol que era su \u00fanico refugio y un ingl\u00e9s que se le impuso como una barrera burocr\u00e1tica desde el primer d\u00eda de escuela. \u201cElla no habla ingl\u00e9s, la tenemos que atrasar dos a\u00f1os\u201d, recuerda que dijeron de ella en su registro escolar. Hay otro tipo de memoria m\u00e1s silenciosa a\u00fan, una que no aparece en los documentos ni en los formularios. Un peque\u00f1o vestido amarillo y rosado y zapatos apretados con el que la hicieron realizar una caminata de Cuaresma por las aceras estadounidenses, su madre insistiendo en hacer de Dyckman un peque\u00f1o eco del campo cibae\u00f1o, donde la soledad reemplazaba las juntas familiares de Semana Santa. Episodios como estos son el motor silencioso donde comienza la arquitectura literaria de una mujer que decidi\u00f3 que, si el mundo no guardaba un lugar para los ni\u00f1os de Pu\u00f1al en New York, ella misma lo contar\u00eda hasta que existiera. Y es una obra que hoy existe en plataformas tales como Disney y PBS.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mack no lleg\u00f3 a la literatura por vocaci\u00f3n, sino por ausencia. No porque quisiera escribir, sino porque no hab\u00eda d\u00f3nde leerse. Una carencia de mercado que calaba como un insulto personal. Al convertirse en madre, se enfrent\u00f3 a un vac\u00edo estad\u00edstico desolador. Seg\u00fan las cifras que ella misma expone durante conferencias impartidas en escenarios tales como Columbia University, el porcentaje de historias con protagonistas latinos era menor al 4%. \u201cCuando comenc\u00e9 a comprar libros para mis hijas, no ve\u00eda nada dominicano, ni textos donde ellas pudieran verse representadas\u201d, explica con una mezcla de frustraci\u00f3n y determinaci\u00f3n. Incluso los \u00edconos globales de la \u201chispanidad\u201d le resultaban ajenos. \u201cDora la Exploradora no fue creada por un autor hispano, sino por uno alem\u00e1n, Chris Gifford\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ante ese abandono, Mack opt\u00f3 por la creaci\u00f3n. No busc\u00f3 autorizaci\u00f3n de las grandes editoriales para existir, sino que financi\u00f3 su propio universo. Su obra literaria, reconocida por instituciones de la talla de PBS, Disney y el Bank Street College, se despliega como un tejido multidisciplinario donde el libro es solo la primera piedra. Su trabajo es una criatura multiplataforma: 2D, animaciones en YouTube y juegos que democratizan el acceso a la cultura en escuelas donde a veces el \u00fanico libro es un PDF impreso por un maestro exhausto. La labor que realiza es una respuesta a la \u201cdominicanidad trendy\u201d que practican los grandes estudios. Menciona, por ejemplo, la serie <em>The Owl\u2019s House <\/em>de Disney, cuya&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>protagonista es dominicana. \u201cLa hicieron dominicana porque est\u00e1bamos de moda. \u00bfSabes cu\u00e1ntos dominicanos crees que trabajaron ah\u00ed como escritores o ilustradores? Ninguno\u201d. Para Luz Mar\u00eda, la representaci\u00f3n no es un accesorio est\u00e9tico, es una cuesti\u00f3n de soberan\u00eda narrativa. \u201cNos dejan fuera de la mesa de las oportunidades econ\u00f3micas de contar nuestras propias historias\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Textos de su autor\u00eda como <em>El Secreto del Pl\u00e1tano <\/em>o <em>Bachatica<\/em>, no se limitan a la nostalgia decorativa. Manifiestan la identidad dominicana no como un slogan, sino como una atm\u00f3sfera. Mack es meticulosa con lo que ella llama la \u201cuniversalidad del detalle\u201d. No necesita nombrar el pa\u00eds para que el lector inhale el aroma del campo. \u201cEn <em>El Secreto del Pl\u00e1tano<\/em>, uno no sabe que la acci\u00f3n se desarrolla en Santo Domingo hasta que yo lo digo, pero ese es mi punto\u201d. Lo que define la obra es la precisi\u00f3n de la mirada, llevada a cabo por los ilustradores con los que trabaja para plasmar su visi\u00f3n: el abuelo en la mecedora, el mosquitero, el brillo de las losetas en el piso, las curvas de las mujeres que bailan, el cuadro de la Virgen de la Altagracia en la pared. Un reto especial es el hecho de que algunos de los ilustradores de sus libros no han sido dominicanos, lo que para ella tambi\u00e9n ha sido un ejercicio de resignificar y canalizar la manera en la que otros pueden ver y percibir la dominicanidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esa insistencia en lo visual es una estrategia pedag\u00f3gica. Luz Mar\u00eda entiende que la di\u00e1spora es una \u201ccontinuidad\u201d m\u00e1s que una ruptura. Es una forma de vida donde lo perdido se vuelve m\u00e9todo. \u201cQuiero que la familia en mis libros se vea como un ente diverso; que cuando un ni\u00f1o lo mire pueda decir \u2018esta puede ser mi familia tambi\u00e9n\u2019\u201d. Es una dominicanidad que se resiste a ser blanqueada o simplificada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNosotros no somos un bloque \u00fanico ni somos unidimensionales\u201d. Ella observa con una iron\u00eda melanc\u00f3lica a aquellos que, en la di\u00e1spora, intentan borrar su rastro. Habla, por ejemplo, de una mujer en su lugar de trabajo que no encaja en la idea com\u00fan de \u201cdominicanidad\u201d. \u201cPor m\u00e1s que lo escondan, la mancha del pl\u00e1tano nunca se les quita; he notado que cuando la gente piensa en dominicanos, piensa en personas alegres, con sabor, amigables, y cuando ven a alguien que no es as\u00ed, como esta chica, dicen \u2018eso no es dominicano\u2019, cuando lo son completamente\u201d. La pregunta queda en el aire, casi como susurro: \u00bfqui\u00e9n decide c\u00f3mo se ve una cultura? \u00bfQui\u00e9n define sus l\u00edmites? En ese sentido, la obra de Luz Mar\u00eda Mack no solo persigue representar; busca complicar la representaci\u00f3n. Sus libros abrazan esa colorida complejidad: el dominicano altanero, el reservado, el que se averg\u00fcenza y el que lleva la bandera en el pecho en una oficina del gobierno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Contin\u00faa. &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Rodolfo R. Pou <a href=\"mailto:rrpoum@diasporadevelopment.org\">rrpoum@diasporadevelopment.org<\/a>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-diario-dominicano wp-block-embed-diario-dominicano\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"F9lDUTjzi6\"><a href=\"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=672036\">Contarlo hasta que exista: La reescritura de la experiencia\u00a0<\/a><\/blockquote><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; visibility: hidden;\" title=\"\u00abContarlo hasta que exista: La reescritura de la experiencia\u00a0\u00bb \u2014 Diario Dominicano\" src=\"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=672036&#038;embed=true#?secret=2I2tgcVUcV#?secret=F9lDUTjzi6\" data-secret=\"F9lDUTjzi6\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-diario-dominicano wp-block-embed-diario-dominicano\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"FoXRgskNmn\"><a href=\"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=672038\">Contarlo hasta que exista: La reescritura de la experiencia 2 de 2\u00a0<\/a><\/blockquote><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; visibility: hidden;\" title=\"\u00abContarlo hasta que exista: La reescritura de la experiencia 2 de 2\u00a0\u00bb \u2014 Diario Dominicano\" src=\"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=672038&#038;embed=true#?secret=df0IPjzDUo#?secret=FoXRgskNmn\" data-secret=\"FoXRgskNmn\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conversaciones con la Di\u00e1spora. \u2013 Luz Mar\u00eda Mack.&nbsp;&nbsp; por Karim L\u00f3pez, para Diaspora &amp; Development Foundation, EE.UU.&nbsp; &#8211; Brooklyn, New York. 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