{"id":666854,"date":"2026-02-24T00:36:26","date_gmt":"2026-02-24T04:36:26","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=666854"},"modified":"2026-02-24T00:37:58","modified_gmt":"2026-02-24T04:37:58","slug":"entre-el-conuco-y-el-invierno-1-de-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=666854","title":{"rendered":"Entre el conuco y el invierno 1 de 2 Conversaciones con la Di\u00e1spora"},"content":{"rendered":"\n<p> Jhonatas Rodriguez.<\/p>\n\n\n\n<p>Por Karim L\u00f3pez, para Di\u00e1spora &amp; Development Foundation, EE.UU.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Waterford, Connecticut. Estados Unidos<em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Siempre que se habla de migraciones, solemos gravitar hacia aquellas que parecen dise\u00f1adas para el aplauso. Esas que se cuentan desde escenarios iluminados, se convierten en estad\u00edsticas admirables, y en biograf\u00edas que subrayan el talento excepcional o la ambici\u00f3n desmedida. Luego est\u00e1n las otras, que son mayor\u00eda: las que no producen titulares, no alteran el curso de la historia colectiva, pero transforman, con paciencia invisible, la vida privada de quien las atraviesa. Son migraciones sin espect\u00e1culo, construidas a partir de la repetici\u00f3n de gestos m\u00ednimos: levantarse temprano, aprender un idioma palabra por palabra, aceptar un trabajo que no corresponde al diploma enmarcado, cocinar lo que la memoria dicta, aunque el calendario marque otra fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p>A esa segunda categor\u00eda pertenece la historia de Jhonatas Rodr\u00edguez.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de Waterford, Connecticut, antes del ingl\u00e9s aprendido a fuerza de confusi\u00f3n y cuadernos de ESL, hubo un patio de tierra en Licey Abajo, Rep\u00fablica Dominicana, donde la escoba levantaba el olor seco de las hojas reci\u00e9n ca\u00eddas. La \u201cbasura\u201d eran hojas de mango y de n\u00edspero, crujientes bajo los pies descalzos de los ni\u00f1os que las barr\u00edan antes de salir a jugar vitilla o canicas al resguardo de un sol que no conoc\u00eda de telecable ni tel\u00e9fonos. Las ma\u00f1anas empezaban con la caminata hasta el lechero, el balde tibio en la mano, y con el vapor del desayuno acompa\u00f1ando el camino al conuco para llev\u00e1rselo al abuelo. El conuco ten\u00eda un verde espeso, casi h\u00famedo, donde los pl\u00e1tanos colgaban en racimos pesados y la tierra negra se pegaba a las u\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAll\u00e1 todo suena a abundancia\u201d, dice Jhonatas ahora, como si hablara de un espejismo, \u201cpero la abundancia era de lo que se cosechaba para vender. Era todo escaso a la vez\u201d. Recuerda un solo huevo compartido en seis trozos de pl\u00e1tano, la mantequilla extendida para que rindiera, y el vaso de leche como lujo cotidiano. Recuerda tambi\u00e9n la risa conspirativa de la infancia: saltar las cercas llenas de espinas para \u201crobar\u201d tomates que ya todos ten\u00edan de cualquier forma en sus casas, hervir pl\u00e1tanos en una lata con agua como si la travesura fuera un ritual secreto. No era hambre lo que los mov\u00eda, sino el v\u00e9rtigo de transgredir en un lugar donde casi nada lo era.<\/p>\n\n\n\n<p>Creci\u00f3 con sus abuelos, bajo la sombra constante de la disciplina y la fe. Su madre trabajaba sin descanso como contadora; su padre era una figura nombrada por su primer nombre y no como \u201cpap\u00e1\u201d, convirtiendo esa ausencia en una forma de normalidad. La presencia, en cambio, era la de su abuela, que ol\u00eda a iglesia y a cocina. Cuando ella not\u00f3 que el ni\u00f1o a los nueve o diez a\u00f1os ya le\u00eda con soltura, lo puso al frente de las Horas Santas comunitarias. \u201cDespu\u00e9s que hice la Primera Comuni\u00f3n me llev\u00f3 a leer en la misa\u201d, cuenta, rememorando como el eco de su voz infantil se mezclaba con el murmullo de los bancos de madera y el olor a incienso pegado a la ropa.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s tarde, Jhonatas cargaba la cruz en las procesiones de V\u00eda Crucis, o se disfrazaba de centuri\u00f3n para modestas y locales representaciones teatrales de la Pasi\u00f3n. \u201cTodo eso se me qued\u00f3 como tradici\u00f3n, aunque no me considere particularmente religioso o practicante\u201d, dice hoy, y a\u00fan busca cada a\u00f1o en el calendario la fecha en que cae el Mi\u00e9rcoles de Ceniza. La memoria no siempre se elige, a veces se hereda como una segunda piel.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca imagin\u00f3 emigrar. Su vida parec\u00eda trazada entre Licey y Santiago, entre la PUCMM, donde se gradu\u00f3 en Ingeniero de Sistemas, y una maestr\u00eda en Finanzas que promet\u00eda estabilidad. El futuro no ten\u00eda forma de aeropuerto. Pero conoci\u00f3 a Cristina en la casa de su abuela. Una visita de vacaciones. Una conversaci\u00f3n con tintes pintorescos que devino en atracci\u00f3n. Despu\u00e9s, vuelos, despedidas en terminales iluminadas de madrugada, promesas suspendidas en llamadas de larga distancia. Hasta que lleg\u00f3 la propuesta de matrimonio en el mismo conuco escenario de proezas infantiles, que ahora se convert\u00eda en testigo del inicio de su mayor aventura. \u201cS\u00ed, tuve much\u00edsimas dudas. No fue una decisi\u00f3n f\u00e1cil\u201d, dice Jhonatas recordando el momento en que se present\u00f3 la oportunidad de irse del pa\u00eds. Los amigos aconsejaron cautela; los colegas, prudencia. Tanto financiera como socialmente no ten\u00eda necesidad de migrar. Un t\u00edo le ofreci\u00f3 una frase sencilla que reson\u00f3 como permiso: \u201cEres joven. Si no te va bien, puedes devolverte o empezar de nuevo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese \u201cempezar de nuevo\u201d result\u00f3 menos rom\u00e1ntico de lo que el verbo sugiere. Signific\u00f3 aterrizar en Owego, Nueva York, y sentir que el ingl\u00e9s aprendido en aulas caribe\u00f1as se evaporaba frente a la rapidez nasal de las conversaciones cotidianas. \u201cYo pensaba que entend\u00eda, pero qu\u00e9 va, viv\u00eda todo el tiempo confundido\u201d. Las palabras llegaban como lluvia fina que no lograba retener. Se inscribi\u00f3 en clases de ESL (English as Second Language) tres o cuatro veces por semana. All\u00ed, en salones con luz fluorescente y mapas colgados en las paredes, aprendi\u00f3 no s\u00f3lo gram\u00e1tica estadounidense sino historia, tradiciones, el origen de cada festividad. El idioma empez\u00f3 a asentarse como una capa nueva sobre la lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>El mercado laboral fue otra intemperie. Con dos t\u00edtulos bajo el brazo, imagin\u00f3 que bastar\u00eda con demostrar competencia. \u201cMi frase era: \u2018Hazme una prueba y ver\u00e1s, <em>let me take a test and you will see<\/em>\u2019\u201d. Pero el tel\u00e9fono permanec\u00eda en silencio, o sonaba para ofrecer una negativa educada. Entonces ampli\u00f3 opciones. Limpi\u00f3 oficinas mientras el olor a desinfectante sustitu\u00eda el olor a tierra h\u00fameda del conuco. \u201cEntonces era peor\u201d, recuerda, \u201cme preguntaban por qu\u00e9 quer\u00eda ese trabajo si estaba calificado para otros, o que me quer\u00edan, pero tem\u00edan que en 3 o 4 meses me fuera para algo m\u00e1s af\u00edn\u201d. Finalmente lo contrataron en el almac\u00e9n de una tienda de muebles. Cajas, inventarios, horarios marcados por relojes digitales. Desde all\u00ed ascendi\u00f3, paso a paso, como quien sube una escalera sin mirar demasiado hacia arriba. Casi diez a\u00f1os despu\u00e9s, sigue en la misma compa\u00f1\u00eda, con nuevas responsabilidades y una meta que pronuncia sin grandilocuencia: \u201cQuiero ser director de Tecnolog\u00eda de la Informaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que aprendi\u00f3 en ese tr\u00e1nsito no fue solo t\u00e9cnico. Fue una nueva relaci\u00f3n con el tiempo. \u201cAqu\u00ed son m\u00e1s rigurosos con el cumplimiento de las metas. <em>You have to make it happen<\/em>\u201d. Nadie vigila cada minuto, pero esperan resultados exactos. El reloj dej\u00f3 de ser una referencia flexible y se convirti\u00f3 en un compromiso. Sin embargo, esa \u00e9tica no le resultaba extra\u00f1a. Era, de alg\u00fan modo, la formalizaci\u00f3n corporativa de lo que ya sab\u00eda desde ni\u00f1o: \u201cSi quieres conseguir algo en esta vida hay que trabajar. Nada es gratis. Lo aprend\u00ed de mi abuela\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Rodolfo R. Pou<\/p>\n\n\n\n<p><a target=\"_blank\" href=\"mailto:rrpoum@diasporadevelopment.org\" rel=\"noreferrer noopener\">rrpoum@diasporadevelopment.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jhonatas Rodriguez. Por Karim L\u00f3pez, para Di\u00e1spora &amp; Development Foundation, EE.UU. &#8211; Waterford, Connecticut. Estados Unidos Siempre que se habla de migraciones, solemos gravitar hacia aquellas que parecen dise\u00f1adas para el aplauso. Esas que se cuentan desde escenarios iluminados, se convierten en estad\u00edsticas admirables, y en biograf\u00edas que subrayan el talento excepcional o la ambici\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":28,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[36,19],"tags":[4783],"class_list":["post-666854","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-hombresmujeresycosas","category-mi-voz","tag-jhonatas-rodriguez"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/666854","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/28"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=666854"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/666854\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":666856,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/666854\/revisions\/666856"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=666854"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=666854"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=666854"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}