{"id":665596,"date":"2026-02-16T15:24:13","date_gmt":"2026-02-16T19:24:13","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=665596"},"modified":"2026-02-16T15:24:23","modified_gmt":"2026-02-16T19:24:23","slug":"castigo-fisico-infantil-y-su-impacto-en-la-salud-mental-en-republica-dominicana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=665596","title":{"rendered":"Castigo f\u00edsico infantil y su impacto en la salud mental en Rep\u00fablica Dominicana"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Por Dr. Ram\u00f3n Ceballo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En pleno 2026, la&nbsp;Rep\u00fablica Dominicana&nbsp;sigue arrastrando una deuda hist\u00f3rica con su ni\u00f1ez. El castigo f\u00edsico y otras formas de violencia disciplinaria contin\u00faan siendo pr\u00e1cticas comunes en muchos hogares. Con frecuencia, padres y cuidadores recurren a estas acciones como m\u00e9todos para \u201ccorregir\u201d o \u201ceducar\u201d a sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas pr\u00e1cticas pueden ir desde palmadas y nalgadas hasta golpes con objetos, como cinturones o chancletas, as\u00ed como empujones y bofetadas, normalizando la violencia como herramienta de formaci\u00f3n desde edades tempranas, produciendo un impacto en la salud mental de quienes la reci\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Antiguamente se pensaba que el castigo f\u00edsico ten\u00eda un efecto educativo en los ni\u00f1os pero hoy sabemos que puede provocar efectos muy negativos en la esfera emocional y social. La pr\u00e1ctica frecuente de la violencia da\u00f1a la autoestima de los ni\u00f1os propiciando inseguridad y falta de autoconfianza lo que aumenta la sensaci\u00f3n de soledad y abandono, adem\u00e1s, &nbsp;suele formarse una concepci\u00f3n negativa de su entorno y de las personas llamadas&nbsp;&nbsp;a protegerlos<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de seis de cada diez ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes han sido sometidos a m\u00e9todos violentos de disciplina dentro de sus propios hogares. No se trata de un problema marginal ni de casos aislados: es una realidad estructural que refleja fallas profundas en nuestro modelo social, educativo y cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>Datos de UNICEF y de la Oficina Nacional de Estad\u00edstica (ONE) indican que alrededor del 63 % de los menores entre 1 y 14 a\u00f1os ha experimentado violencia f\u00edsica o psicol\u00f3gica como forma de \u201cdisciplina\u201d. M\u00e1s preocupante a\u00fan, entre los ni\u00f1os de 3 y 4 a\u00f1os la prevalencia puede acercarse al 70 %. Es decir, estamos normalizando la violencia en la etapa m\u00e1s vulnerable del desarrollo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos concretos, cerca de la mitad de los ni\u00f1os entre uno y cinco a\u00f1os es sometida a castigos f\u00edsicos. Estas pr\u00e1cticas violentas, que pueden generar psicotraumas, van desde golpes y nalgadas hasta gritos, azotes o sacudidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Justo en esa etapa se est\u00e1 formando el cerebro emocional y social del ser humano, por lo que las experiencias vividas dejan huellas profundas. Lo que se siembra en esos primeros a\u00f1os suele manifestarse luego en la adolescencia y en la adultez, influyendo en la forma en que la persona se relaciona, maneja conflictos y construye su identidad emocional.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro dato revela la dimensi\u00f3n cultural del problema: alrededor del 57 % de los padres dominicanos admite utilizar el castigo f\u00edsico como m\u00e9todo disciplinario. Muchos no lo hacen desde la maldad, sino desde la repetici\u00f3n de patrones heredados. Pero el origen cultural de una pr\u00e1ctica no la convierte en correcta ni en saludable.<\/p>\n\n\n\n<p>Los estudios cient\u00edficos demuestran que el castigo f\u00edsico no mejora el comportamiento.&nbsp;Los estudios muestran de manera concluyente que el castigo f\u00edsico se asocia con consecuencias negativas de corto y largo plazo en el desarrollo de ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia que se normaliza en el hogar es la misma que luego se expresa en las calles, en las escuelas, en las relaciones de pareja y hasta en la pol\u00edtica. Un pa\u00eds que educa con miedo, forma ciudadanos que entienden la fuerza como forma leg\u00edtima de autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>La evidencia cient\u00edfica es clara. Diversos estudios y organismos internacionales, incluyendo la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS), coinciden en que el castigo f\u00edsico no educa, no mejora la conducta y no fortalece el desarrollo infantil. Por el contrario, aumenta el riesgo de agresividad, ansiedad, baja autoestima y problemas de conducta.<\/p>\n\n\n\n<p>Las evidencias cient\u00edficas coinciden en que el castigo f\u00edsico y la violencia verbal durante la infancia, no educa,&nbsp;&nbsp;no mejora la conducta ni fortalece el desarrollo infantil, por el contrario generan impactos profundos y duraderos en la salud mental de quienes las reciben, especialmente cuando ocurren en la infancia temprana. Debido a que estas pr\u00e1cticas aumentan el riesgo de ansiedad, depresi\u00f3n, inseguridad emocional y dificultades para manejar el estr\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, tienden a fomentar conductas agresivas, ya que el ni\u00f1o aprende que la violencia es un mecanismo v\u00e1lido para resolver conflictos. Tambi\u00e9n afectan la autoestima, al asociar la correcci\u00f3n con dolor, humillaci\u00f3n o rechazo, lo que puede trasladarse a la forma en que la persona se percibe y se relaciona en la adolescencia y la adultez.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, pueden impactar el desarrollo cognitivo y social, reflej\u00e1ndose en problemas de aprendizaje, dificultades para construir relaciones sanas y mayor probabilidad de reproducir ciclos de violencia en la vida futura. En esencia, lejos de educar, estas pr\u00e1cticas suelen dejar huellas emocionales que pueden acompa\u00f1ar a la persona durante toda su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La buena noticia es que existen alternativas.&nbsp;M\u00e9todos de disciplina no violentos que son mucho m\u00e1s efectivos para garantizar el pleno desarrollo y el buen comportamiento de las ni\u00f1as, los ni\u00f1os y los adolescentes.&nbsp;&nbsp;La disciplina positiva, basada en l\u00edmites claros, comunicaci\u00f3n respetuosa y consecuencias sin violencia, ha demostrado ser m\u00e1s efectiva para formar ni\u00f1os con autocontrol, empat\u00eda y responsabilidad. Pa\u00edses que han apostado por estos modelos muestran mejores indicadores de convivencia social y salud mental.<\/p>\n\n\n\n<p>El ejemplo que les damos a nuestras ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes se transforma en una de las mayores influencias para su comportamiento.&nbsp;Pero aqu\u00ed debemos decir una verdad inc\u00f3moda: la protecci\u00f3n de la ni\u00f1ez no puede seguir siendo vista como un tema secundario ni como una responsabilidad exclusiva de las familias. Es un tema de desarrollo nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de demonizar a los padres. Se trata de romper ciclos hist\u00f3ricos de violencia que el pa\u00eds ha tolerado durante generaciones. Si queremos una sociedad menos violenta, m\u00e1s democr\u00e1tica y m\u00e1s humana, debemos empezar por c\u00f3mo criamos a nuestros ni\u00f1os. La infancia dominicana no necesita m\u00e1s castigos. Necesita m\u00e1s Estado, m\u00e1s educaci\u00f3n emocional y m\u00e1s compromiso colectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque cada ni\u00f1o criado con miedo es un adulto que aprende a vivir desde el miedo. Y un pa\u00eds que se construye desde el miedo dif\u00edcilmente puede construir un futuro justo. No basta con leyes. Ni discursos. Se necesitan pol\u00edticas p\u00fablicas sostenidas, campa\u00f1as nacionales de educaci\u00f3n en crianza, programas de apoyo familiar y un sistema educativo que forme tambi\u00e9n a los padres, no solo a los hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramon Ceballo <a href=\"mailto:raceballo@yahoo.com\">raceballo@yahoo.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dr. Ram\u00f3n Ceballo En pleno 2026, la&nbsp;Rep\u00fablica Dominicana&nbsp;sigue arrastrando una deuda hist\u00f3rica con su ni\u00f1ez. El castigo f\u00edsico y otras formas de violencia disciplinaria contin\u00faan siendo pr\u00e1cticas comunes en muchos hogares. 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