{"id":665544,"date":"2026-02-16T00:55:47","date_gmt":"2026-02-16T04:55:47","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=665544"},"modified":"2026-02-17T02:07:53","modified_gmt":"2026-02-17T06:07:53","slug":"cuando-pretendieron-comerme-vivo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=665544","title":{"rendered":"Cuando Pretendieron Comerme Vivo"},"content":{"rendered":"\n<p>ARCHIVO; Por V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes <\/p>\n\n\n\n<p>Imagen de archivo cuando el se\u00f1or Grimaldi desempe\u00f1\u00f3 los cargos  de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Rep\u00fablica Dominicana ante la&nbsp;<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Santa_Sede\">Santa Sede<\/a>, ante la&nbsp;<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Soberana_Orden_Militar_y_Hospitalaria_de_San_Juan_de_Jerusal%C3%A9n,_de_Rodas_y_de_Malta\">Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusal\u00e9n, de Rodas y de Malta<\/a>&nbsp;y ante la&nbsp;<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Rep%C3%BAblica_Hel%C3%A9nica\">Rep\u00fablica Hel\u00e9nica<\/a>&nbsp;(<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Grecia\">Grecia<\/a>)<\/p>\n\n\n\n<p>A comienzos de 2014 el aire en Santo Domingo ten\u00eda la densidad de los d\u00edas en que la historia se vuelve personal. No era un conflicto cualquiera ni una pol\u00e9mica pasajera: era la sensaci\u00f3n, cada vez m\u00e1s visible, de que fuerzas externas e internas se conjugaban para empujar a la Rep\u00fablica Dominicana hacia una redefinici\u00f3n profunda de su identidad constitucional, cultural y demogr\u00e1fica. Y en medio de ese vendaval, quienes defend\u00edamos el orden jur\u00eddico de la Naci\u00f3n nos convertimos en blancos visibles de una tormenta cuidadosamente alimentada desde m\u00faltiples frentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo hab\u00eda comenzado meses antes, en 2013, cuando el Tribunal Constitucional dominicano dict\u00f3 su famosa Sentencia 168-13.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella decisi\u00f3n, que se insertaba en una larga historia jur\u00eddica sobre la nacionalidad y la migraci\u00f3n irregular en el pa\u00eds, no fue le\u00edda en el exterior como un acto soberano de interpretaci\u00f3n constitucional, sino como una afrenta ideol\u00f3gica que deb\u00eda ser combatida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, el peque\u00f1o pa\u00eds caribe\u00f1o que hab\u00eda sido durante siglos crisol de razas, frontera hist\u00f3rica y laboratorio de convivencia, fue presentado en ciertos foros internacionales como una anomal\u00eda moral del hemisferio.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cr\u00edticas no se limitaron a informes t\u00e9cnicos o an\u00e1lisis jur\u00eddicos. Vinieron acompa\u00f1adas de una ofensiva cultural que ten\u00eda la fuerza simb\u00f3lica de los nombres consagrados. Entre ellos, el de Mario Vargas Llosa, quien desde tribunas prestigiosas arremeti\u00f3 contra lo que consideraba una deriva nacionalista dominicana. Aquellos textos, repetidos y amplificados por medios internacionales, no solo cuestionaban una decisi\u00f3n constitucional, sino que insinuaban que el pa\u00eds deb\u00eda someter su tradici\u00f3n jur\u00eddica y cultural a un nuevo canon moral global. Las cr\u00edticas alcanzaron incluso al Cardenal Nicol\u00e1s de Jes\u00fas L\u00f3pez Rodr\u00edguez, quien hab\u00eda defendido p\u00fablicamente la soberan\u00eda dominicana y la continuidad hist\u00f3rica de sus valores culturales. De ese modo, la pol\u00e9mica dej\u00f3 de ser un debate jur\u00eddico para convertirse en un enfrentamiento simb\u00f3lico entre dos visiones del mundo: una que part\u00eda de la soberan\u00eda constitucional de los Estados y otra que pretend\u00eda subordinarla a nuevas corrientes ideol\u00f3gicas transnacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>En paralelo, otro hecho cargado de significado pol\u00edtico alter\u00f3 el clima nacional: la designaci\u00f3n del embajador estadounidense James \u201cWally\u201d Brewster. Su llegada no fue percibida \u00fanicamente como un nombramiento diplom\u00e1tico ordinario, sino como un gesto pol\u00edtico de la administraci\u00f3n de Barack Obama \u2014con Joe Biden como vicepresidente\u2014 en un momento en que Estados Unidos promov\u00eda activamente una agenda global de derechos civiles vinculada al matrimonio igualitario y a la redefinici\u00f3n cultural de la familia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En s\u00ed mismo, el nombramiento no era un problema institucional; lo que gener\u00f3 inquietud fue la posibilidad de que desde la sede diplom\u00e1tica se ejerciera presi\u00f3n para influir en debates que pertenec\u00edan al \u00e1mbito exclusivo de la soberan\u00eda dominicana.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en ese contexto cuando pronunci\u00e9, el 14 de febrero de 2014, mi respuesta al embajador Brewster. No hablaba como polemista ni como agitador, sino como diplom\u00e1tico y ciudadano que hab\u00eda jurado fidelidad a la Constituci\u00f3n de la Rep\u00fablica Dominicana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Record\u00e9 entonces que nuestra Carta Magna protege la vida desde la concepci\u00f3n hasta la muerte natural y define el matrimonio como la uni\u00f3n entre un hombre y una mujer, en consonancia con nuestra tradici\u00f3n jur\u00eddica y cultural.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1al\u00e9 que la laicidad del Estado dominicano, establecida desde la Constituci\u00f3n de 1963 y reafirmada en la de 2010, no implicaba el desconocimiento de las ra\u00edces cristianas que hab\u00edan modelado nuestra historia. Y subray\u00e9, sobre todo, que el principio de igualdad soberana de los Estados \u2014consagrado en el derecho internacional\u2014 obliga tanto a las grandes potencias como a los peque\u00f1os pa\u00edses a respetar la cultura, las tradiciones y el ordenamiento jur\u00eddico de cada naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellas palabras desataron reacciones intensas. Se multiplicaron los art\u00edculos, los comentarios y las insinuaciones que pretend\u00edan presentar mi postura como una muestra de intolerancia o atraso cultural.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando comprend\u00ed con claridad la dimensi\u00f3n real del conflicto: no se trataba solo de un debate sobre matrimonio o familia, sino de una disputa m\u00e1s amplia sobre la capacidad de la Rep\u00fablica Dominicana para definir su propio destino sin tutelas externas. Sent\u00ed, con la crudeza que solo ofrece la experiencia pol\u00edtica directa, que pretend\u00edan comerme vivo. Pero en realidad no era a m\u00ed a quien quer\u00edan devorar, sino al principio mismo de soberan\u00eda que yo representaba en ese momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la pol\u00e9mica cultural ocupaba titulares, otro tema a\u00fan m\u00e1s delicado se desarrollaba en el trasfondo: la cuesti\u00f3n migratoria haitiana. Desde el terremoto de 2010 y el progresivo colapso institucional de Hait\u00ed, la presi\u00f3n migratoria hacia la Rep\u00fablica Dominicana hab\u00eda aumentado de manera constante. La comunidad internacional, en particular sectores de la diplomacia estadounidense y de organismos multilaterales, insist\u00eda en la necesidad de soluciones humanitarias, regularizaciones masivas y pol\u00edticas de integraci\u00f3n. Tales propuestas, en abstracto, pod\u00edan parecer razonables; pero en el contexto de un Estado insular con recursos limitados y una frontera hist\u00f3ricamente porosa, despertaban el temor leg\u00edtimo de que se pretendiera trasladar a nuestro territorio un problema estructural que el sistema internacional no hab\u00eda logrado resolver en Hait\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el paso de los a\u00f1os, y en medio del agravamiento de la crisis haitiana, surgieron declaraciones diplom\u00e1ticas posteriores que alimentaron la percepci\u00f3n de que exist\u00eda un plan, impl\u00edcito o expl\u00edcito, de gestionar la crisis demogr\u00e1fica haitiana mediante su absorci\u00f3n progresiva por la Rep\u00fablica Dominicana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la precisi\u00f3n estad\u00edstica o de la ret\u00f3rica pol\u00edtica, lo cierto es que el flujo migratorio irregular ha sido constante y visible, y que la discusi\u00f3n sobre su magnitud \u2014si se cuenta en cientos de miles o en millones\u2014 refleja no solo un debate demogr\u00e1fico, sino una angustia hist\u00f3rica vinculada a la capacidad del Estado dominicano para preservar su equilibrio social, econ\u00f3mico y cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>De ese modo, a comienzos de 2014 confluyeron tres presiones simult\u00e1neas: la cr\u00edtica intelectual internacional a nuestras decisiones constitucionales, la ofensiva cultural derivada de nuevas agendas globales impulsadas por potencias occidentales y la creciente inquietud geopol\u00edtica por el impacto de la crisis haitiana en nuestro territorio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En esa encrucijada hist\u00f3rica, defender la Constituci\u00f3n dominicana no era un acto de conservadurismo ideol\u00f3gico, sino un deber elemental de fidelidad institucional y de responsabilidad con la continuidad hist\u00f3rica de la Naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mirado en retrospectiva, aquel episodio revela una constante en la historia de los pueblos peque\u00f1os: cuando afirman su identidad jur\u00eddica y cultural frente a corrientes dominantes del sistema internacional, son sometidos a presiones que se presentan como exigencias morales universales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la verdadera universalidad del derecho internacional no reside en la uniformidad cultural impuesta, sino en el respeto mutuo entre naciones soberanas, grandes o peque\u00f1as, poderosas o vulnerables.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, al recordar aquellos d\u00edas de 2014, no evoco solo una pol\u00e9mica personal ni un enfrentamiento diplom\u00e1tico puntual. Recuerdo un momento en que la Rep\u00fablica Dominicana se vio obligada a reafirmar, ante el mundo y ante s\u00ed misma, que su Constituci\u00f3n no es una pieza ornamental ni un documento negociable seg\u00fan las corrientes ideol\u00f3gicas del momento, sino la expresi\u00f3n viva de su historia, de su cultura y de su voluntad soberana de existir como Naci\u00f3n independiente en medio de un sistema internacional cada vez m\u00e1s complejo y presionante.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed, cuando hoy repaso aquellas palabras que pronunci\u00e9 en defensa de la Constituci\u00f3n y de la soberan\u00eda dominicana, comprendo que no respond\u00edan solo a un embajador ni a una coyuntura medi\u00e1tica. Respond\u00edan a una tensi\u00f3n m\u00e1s profunda entre la permanencia de los pueblos y la volatilidad de las ideolog\u00edas globales. Una tensi\u00f3n que seguir\u00e1 marcando, sin duda, el destino de nuestra Naci\u00f3n mientras exista, como existe, la eterna lucha entre la identidad hist\u00f3rica de los Estados y las corrientes que buscan redefinirlos desde fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Dije entonces que:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMi posici\u00f3n se fundamenta, ante todo, en la defensa de la Constituci\u00f3n de la Rep\u00fablica Dominicana, a la cual jur\u00e9 fidelidad al asumir mis funciones p\u00fablicas. En particular, me remito a los art\u00edculos que consagran el respeto a la vida desde la concepci\u00f3n hasta la muerte natural, as\u00ed como al marco jur\u00eddico que establece que el matrimonio y la familia, conforme a nuestro ordenamiento constitucional vigente, se fundamentan en la uni\u00f3n entre un hombre y una mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl pueblo dominicano constituye, en el sentido hist\u00f3rico y cultural del t\u00e9rmino, la naci\u00f3n de \u00e9poca moderna m\u00e1s antigua de Am\u00e9rica. Somos el primer gran crisol de culturas y razas del continente, ra\u00edz originaria de lo que hoy se denomina Am\u00e9rica, en el marco de la civilizaci\u00f3n occidental. Esa condici\u00f3n hist\u00f3rica ha forjado valores esenciales que estructuran nuestra identidad como pueblo, como Naci\u00f3n y como Estado soberano. Dichos valores merecen ser respetados tanto por los Estados grandes como por los peque\u00f1os, en el marco del principio de igualdad soberana consagrado por el derecho internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDesde la Constituci\u00f3n de 2010, al igual que ocurri\u00f3 con la de 1963, el Estado dominicano se define como un Estado laico. Esta laicidad, sin embargo, no implica el desconocimiento de las profundas ra\u00edces culturales y \u00e9ticas que el cristianismo ha dejado en nuestra formaci\u00f3n hist\u00f3rica. No somos un Estado confesional, pero s\u00ed un Estado laico que reconoce y respeta la tradici\u00f3n cultural que ha contribuido a modelar nuestra vida social y jur\u00eddica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn consecuencia, como Embajador, mi deber es defender la Constituci\u00f3n y el ordenamiento jur\u00eddico de la Rep\u00fablica Dominicana. Y como cristiano, sostengo los valores culturales que forman parte de nuestra herencia hist\u00f3rica, independientemente de la vivencia personal de la fe, la cual pertenece al \u00e1mbito de la conciencia individual.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cRespeto plenamente la pluralidad y la libertad, tanto la m\u00eda como la de los dem\u00e1s. Del mismo modo, considero que esa misma pluralidad exige el respeto hacia nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestros valores y, sobre todo, hacia el ordenamiento jur\u00eddico que, en ejercicio de nuestra soberan\u00eda, nos hemos dado como naci\u00f3n y como Estado independiente.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Respuesta al Embajador James \u201cWally\u201d Brewster<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>14 de febrero de 2014 <\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ARCHIVO; Por V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes Imagen de archivo cuando el se\u00f1or Grimaldi desempe\u00f1\u00f3 los cargos de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Rep\u00fablica Dominicana ante la&nbsp;Santa Sede, ante la&nbsp;Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusal\u00e9n, de Rodas y de Malta&nbsp;y ante la&nbsp;Rep\u00fablica Hel\u00e9nica&nbsp;(Grecia) A comienzos de 2014 el aire en Santo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":28,"featured_media":418742,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[36,19,27],"tags":[4564,4563],"class_list":["post-665544","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-hombresmujeresycosas","category-mi-voz","category-portada","tag-santa-sede","tag-victor-manuel-grimaldi-cespedes-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/665544","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/28"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=665544"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/665544\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":665716,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/665544\/revisions\/665716"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/418742"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=665544"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=665544"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=665544"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}