{"id":656418,"date":"2025-12-23T03:36:37","date_gmt":"2025-12-23T07:36:37","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=656418"},"modified":"2025-12-23T18:49:54","modified_gmt":"2025-12-23T22:49:54","slug":"de-sir-francis-drake-a-donald-trump-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=656418","title":{"rendered":"De Sir Francis Drake a Donald Trump"},"content":{"rendered":"\n<p>El Caribe, de proclamada zona de paz, a escenario del saqueo y la violencia imperial; el hilo que atraviesa la historia caribe\u00f1a no es la excepci\u00f3n, sino la persistencia del saqueo bajo distintas formas<\/p>\n\n\n\n<p>Por Rafael M\u00e9ndez<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abConviene subrayar que el corso, figura hist\u00f3rica utilizada para legitimar el saqueo en nombre de una corona, fue abolido hace m\u00e1s de un siglo, por lo que en el orden jur\u00eddico contempor\u00e1neo no existe la pirater\u00eda legal\u00bb, destaca el articulista. (Imagen generada con IA a partir de este art\u00edculo).<\/p>\n\n\n\n<p>El robo del petrolero venezolano en aguas del Caribe, ejecutado por Estados Unidos bajo el amparo de sanciones unilaterales, y asumido p\u00fablicamente por Donald Trump como demostraci\u00f3n de poder, no constituye un hecho aislado ni una excentricidad coyuntural, sino que se inscribe en una escalada que combina coerci\u00f3n econ\u00f3mica, despliegue militar y apropiaci\u00f3n directa de recursos estrat\u00e9gicos, reinstalando a la regi\u00f3n en el centro de una disputa que desconoce el derecho internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese episodio ocurre mientras el Caribe es rodeado por una arquitectura militar desproporcionada frente a la hipocres\u00eda de objetivos oficialmente declarados, ya que el reiterado discurso del combate al narcotr\u00e1fico contrasta con la selecci\u00f3n de blancos econ\u00f3micos y pol\u00edticos, revelando que la seguridad regional funciona m\u00e1s como coartada que como finalidad real, en un contexto donde el control energ\u00e9tico y la subordinaci\u00f3n geopol\u00edtica resultan determinantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La coyuntura del despojo<\/p>\n\n\n\n<p>La interceptaci\u00f3n del buque con crudo venezolano introduce un hecho cualitativamente nuevo en la pol\u00edtica de presi\u00f3n contra la Rep\u00fablica Bolivariana de Venezuela, porque desplaza la coerci\u00f3n desde el terreno financiero hacia la apropiaci\u00f3n material de bienes estrat\u00e9gicos, avanzando m\u00e1s all\u00e1 del congelamiento de activos o del bloqueo de transacciones para establecer el despojo directo como instrumento de presi\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese paso se da en un contexto de creciente militarizaci\u00f3n del Caribe, donde la presencia naval y a\u00e9rea estadounidense no guarda proporci\u00f3n con las amenazas invocadas, imponi\u00e9ndose una l\u00f3gica de control territorial y disuasi\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s cercana a escenarios de confrontaci\u00f3n que a operaciones de seguridad, reforzando la percepci\u00f3n del Caribe como espacio de maniobra imperial.<\/p>\n\n\n\n<p>La gravedad del hecho no reside \u00fanicamente en la p\u00e9rdida econ\u00f3mica que supone para Venezuela, sino en la normalizaci\u00f3n de una pr\u00e1ctica que sustituye el derecho multilateral por la voluntad unilateral, ya que la aplicaci\u00f3n extraterritorial de la legislaci\u00f3n estadounidense sobre bienes de otro Estado erosiona principios b\u00e1sicos del orden internacional y convierte a la regi\u00f3n en laboratorio de m\u00e9todos replicables.<\/p>\n\n\n\n<p>Pirater\u00eda de Estado en el siglo XXI<\/p>\n\n\n\n<p>La apropiaci\u00f3n de un buque petrolero no puede presentarse como un acto administrativo ni como simple extensi\u00f3n del r\u00e9gimen de sanciones, porque implica el uso directo de la fuerza para despojar a un Estado soberano de un recurso estrat\u00e9gico, y al no existir guerra declarada ni mandato internacional, la acci\u00f3n se sit\u00faa fuera de cualquier marco de legalidad reconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene subrayar que el corso, figura hist\u00f3rica utilizada para legitimar el saqueo en nombre de una corona, fue abolido hace m\u00e1s de un siglo, por lo que en el orden jur\u00eddico contempor\u00e1neo no existe la pirater\u00eda legal, y cuando un Estado intercepta y confisca bienes ajenos fuera de su jurisdicci\u00f3n, sin respaldo multilateral, act\u00faa deliberadamente por encima de la ley.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s inquietante es la pretensi\u00f3n de legitimar ese comportamiento mediante el lenguaje, porque presentar el despojo como \u201caplicaci\u00f3n de sanciones\u201d busca habituar a la comunidad internacional a que la fuerza sustituya al derecho, convirtiendo la excepcionalidad en regla y consolidando una forma de pirater\u00eda de Estado compatible con discursos oficiales de legalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La comprensi\u00f3n de este momento exige mirar hacia atr\u00e1s, ya que el Caribe fue desde temprano tratado como espacio donde la violencia pod\u00eda imponerse sin restricciones, como ocurri\u00f3 cuando Sir Francis Drake asalt\u00f3 Santo Domingo en el siglo XVI, un hecho celebrado por Inglaterra como servicio imperial y vivido por los pueblos del Caribe como pirater\u00eda abierta que revel\u00f3 la fragilidad del orden colonial.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa l\u00f3gica no se agot\u00f3 en episodios aislados, sino que se reprodujo durante siglos bajo distintas formas, en la medida en que el filibusterismo, las expediciones punitivas y las intervenciones llamadas \u201cpreventivas\u201d respondieron siempre a una misma necesidad estrat\u00e9gica orientada al control de rutas, recursos y territorios, legitimando el saqueo como civilizaci\u00f3n, castigo o defensa de intereses superiores.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el ascenso de Estados Unidos en el siglo XIX, esa pr\u00e1ctica no desapareci\u00f3, sino que se reorganiz\u00f3 bajo nuevas doctrinas, porque la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto ofrecieron un marco ideol\u00f3gico que justific\u00f3 la intervenci\u00f3n permanente en el Caribe, transform\u00e1ndolo en frontera avanzada de la expansi\u00f3n estadounidense.<\/p>\n\n\n\n<p>Zona de paz y realidad imperial<\/p>\n\n\n\n<p>La proclamaci\u00f3n del Caribe como Zona de Paz, adoptada por la CELAC en 2014, expres\u00f3 la voluntad de los pueblos de la regi\u00f3n de romper con esa herencia de violencia e intervenci\u00f3n, pero esa declaraci\u00f3n convive con pr\u00e1cticas que la contradicen abiertamente, ya que mientras se invoca la paz como principio, se mantienen mecanismos de coerci\u00f3n econ\u00f3mica, presi\u00f3n diplom\u00e1tica y presencia militar.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde Sir Francis Drake hasta Donald Trump, el hilo que atraviesa la historia caribe\u00f1a no es la excepci\u00f3n, sino la persistencia del saqueo bajo distintas formas, porque ayer con ca\u00f1ones y abordajes y hoy con sanciones, guardacostas y tribunales dom\u00e9sticos, el Caribe sigue siendo tratado como frontera disponible, aun cuando sus pueblos han proclamado, con plena conciencia hist\u00f3rica, su derecho a vivir en paz y soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Lissy G\u00f3mez<\/p>\n\n\n\n<p><a target=\"_blank\" href=\"mailto:lissymgomez1995@gmail.com\" rel=\"noreferrer noopener\">lissymgomez1995@gmail.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Caribe, de proclamada zona de paz, a escenario del saqueo y la violencia imperial; el hilo que atraviesa la historia caribe\u00f1a no es la excepci\u00f3n, sino la persistencia del saqueo bajo distintas formas Por Rafael M\u00e9ndez \u00abConviene subrayar que el corso, figura hist\u00f3rica utilizada para legitimar el saqueo en nombre de una corona, fue 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