{"id":651249,"date":"2025-11-26T17:06:15","date_gmt":"2025-11-26T21:06:15","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=651249"},"modified":"2025-11-26T17:06:21","modified_gmt":"2025-11-26T21:06:21","slug":"cronica-desde-la-casa-de-alofoke","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=651249","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica desde \u00abla Casa de Alofoke\u00bb\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Roberto Valenzuela&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me provoca una sonrisa la llamada \u00abCasa de Alofoke\u00bb, ese escenario que algunos contemplan con desd\u00e9n, como si fuera la manifestaci\u00f3n m\u00e1s cruda de \u00abla plebe dominicana y de Puerto Rico\u00bb. Se olvidan \u2014o prefieren olvidar\u2014 que ese espacio no pretende ser un auditorio acad\u00e9mico, sino entretenimiento puro. Y para entretener a la gente del caser\u00edo, del patio, del callej\u00f3n, de la parte de atr\u00e1s, hay que hablar su idioma, con sus c\u00f3digos, su cadencia y su verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los personajes que desfilan por ah\u00ed \u2014La Fruta, Capit\u00e1n Alou, Mami Jordan, La Ben\u00edtez, La Perversa, La Insuperable y dem\u00e1s\u2014 son precisamente eso: sociolog\u00eda popular en estado natural, un espejo donde se refleja un pa\u00eds que existe, respira y camina a nuestro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>A esos \u00abplebes\u00bb \u2014dicho sin \u00e1nimo de herir, sino para nombrar a hombres y mujeres del pueblo\u2014 no se les puede exigir la pulcritud de la academia si la&nbsp; misma sociedad que hoy los critica jam\u00e1s les brind\u00f3 educaci\u00f3n ni oportunidades. Vienen \u00abbatiendo el cobre\u00bb, \u00abcon el cuchillo en la boca\u00bb, avanzando a puro esfuerzo, desde comunidades donde el progreso es un visitante escaso. En un pa\u00eds que no suele tender la mano a los de abajo. Es m\u00e1s f\u00e1cil apuntar el dedo acusador, m\u00e1s dif\u00edcil preguntarse por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia lo confirma: la plebe siempre ha sido la olvidada, la empujada a los m\u00e1rgenes. La palabra \u2014del lat\u00edn&nbsp;<em>plebs, plebis<\/em>\u2014 se usaba y a\u00fan se usa para definir al desheredado, al pobre, al que carga la vida sin herencias que lo alivien. No es raro escuchar: \u00abpero fulano s\u00ed es plebe\u00bb, como si fuese una sentencia de inferioridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y siguen vivas expresiones como \u00aba la plebe hay que mantenerla con pan y circo\u00bb o \u00abla plebe quiere ver sangre\u00bb, herencia directa de los coliseos romanos, donde el pueblo alcanzaba el \u00e9xtasis viendo gladiadores despedazarse o caer ante las fieras. La emoci\u00f3n de la masa era un espect\u00e1culo tanto como la lucha en s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, como ayer, llamar a alguien \u00abplebe\u00bb equivale a decirle vulgar, prosaico. En la jerga callejera se les dice \u00abmalapalabrosos\u00bb. Curiosa iron\u00eda: quienes nunca tuvieron acceso a la palabra \u201ccorrecta\u201d, ahora son juzgados por no usarla.<\/p>\n\n\n\n<p>En los debates actuales resuena con fuerza otra palabra:&nbsp;<em>plebiscito<\/em>. Figura jur\u00eddica manoseada, pero con ra\u00edces profundas. En la Roma antigua, los plebeyos \u2014la clase m\u00e1s baja, aunque mayor\u00eda aplastante\u2014 carec\u00edan de derechos: no ocupaban cargos, no decid\u00edan, no eran tomados en cuenta ni como ciudadanos. Iban a la guerra, pero, cuando llegaba el reparto del bot\u00edn, se les dejaba fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que un d\u00eda decidieron reunirse y crear sus propias asambleas, sus propias leyes, sus propios plebiscitos. Fue el primer grito colectivo de una clase que, cansada de ser invisible, exigi\u00f3 ser pueblo de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, el plebiscito qued\u00f3 como s\u00edmbolo de consulta popular directa. Porque la plebe no es solo la \u201cclase baja\u201d: es multitud, gente, pueblo, masa viva.<\/p>\n\n\n\n<p>La Real Academia Espa\u00f1ola y otros diccionarios definen&nbsp;<em>plebe<\/em>&nbsp;como quienes ocupan el nivel socioecon\u00f3mico m\u00e1s bajo, los marginados del progreso. Oxford Languages lo resume con cierta crudeza: \u00abCon la transfiguraci\u00f3n de las realidades en apariencias, se tiene a la plebe contenta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, los patricios \u2014del lat\u00edn&nbsp;<em>patricius<\/em>, \u201cpadre\u201d\u2014 eran los nobles, los descendientes de los primeros fundadores de Roma, los \u00abpadres fundadores\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00e9rmino sigue vivo: hablamos de los padres fundadores de Estados Unidos, del patricio Juan Pablo Duarte, o de cualquier figura que siembre las bases de una naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La plebe y los patricios: dos palabras antiguas que a\u00fan recorren nuestro lenguaje y nuestras miradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras algunos miran la \u00abCasa de Alofoke\u00bb como un circo moderno, tal vez convenga recordar que, en todas las \u00e9pocas, donde est\u00e1 el pueblo, ah\u00ed est\u00e1 la verdadera historia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Roberto Valenzuela <\/strong>elfierovalenzuela@gmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Valenzuela&nbsp; Me provoca una sonrisa la llamada \u00abCasa de Alofoke\u00bb, ese escenario que algunos contemplan con desd\u00e9n, como si fuera la manifestaci\u00f3n m\u00e1s cruda de \u00abla plebe dominicana y de Puerto Rico\u00bb. 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