{"id":646006,"date":"2025-10-28T18:45:12","date_gmt":"2025-10-28T22:45:12","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=646006"},"modified":"2025-10-28T18:45:34","modified_gmt":"2025-10-28T22:45:34","slug":"los-fantasmas-del-convento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=646006","title":{"rendered":"Los fantasmas del convento"},"content":{"rendered":"\n<p>I.- Un coro de \u00e1nimas tristes.<\/p>\n\n\n\n<p>El sonido proyectado en la distancia dejaba latente la vaga impresi\u00f3n de ser causado por un concierto de gatos maullando a la intemperie, en la nocturna soledad de la mon\u00f3tona poblaci\u00f3n. Aguzando m\u00e1s el o\u00eddo pod\u00eda percibirse con nitidez algo as\u00ed como un quejido, un lamento doloroso, proveniente quiz\u00e1s de la propia esencia monumental de la hist\u00f3rica ciudad. Algo que estaba impregnado en las s\u00f3lidas y vetustas paredes de las casonas, iglesias y fortalezas, que a\u00fan se ergu\u00edan imponentes, como recuerdo imperecedero de la villa de los Colones y del Comendador Ovando, que viajaba en el espacio, acompa\u00f1ando las met\u00e1licas notas orquestadas en los altos campanarios erigidos por la devoci\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"791\" data-id=\"646022\" src=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-del-convento.-Mosaico-1024x791.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-646022\" srcset=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-del-convento.-Mosaico-1024x791.jpg 1024w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-del-convento.-Mosaico-300x232.jpg 300w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-del-convento.-Mosaico-768x593.jpg 768w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-del-convento.-Mosaico-816x630.jpg 816w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-del-convento.-Mosaico.jpg 1389w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"708\" data-id=\"646021\" src=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-convento.-Mosaico-1024x708.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-646021\" srcset=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-convento.-Mosaico-1024x708.jpg 1024w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-convento.-Mosaico-300x208.jpg 300w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-convento.-Mosaico-768x531.jpg 768w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-convento.-Mosaico-816x565.jpg 816w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Los-fantasmas-convento.-Mosaico.jpg 1389w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>No obstante, alg\u00fan incr\u00e9dulo y acucioso chiquillo, m\u00e1s dado a divulgar historias y leyendas que a respetar fielmente los mandamientos y las oraciones, hubo de dedicar algunas de las horas perdidas de sue\u00f1o, para profundizar un poco m\u00e1s en la naturaleza real de los enigm\u00e1ticos y sospechosos sonidos, habida cuenta de que no daba cr\u00e9dito a las vagas e imprecisas justificaciones que sobre los mismos recib\u00eda de sus mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>Definitivamente, mas que maullidos, aquellos parec\u00edan ser quejido: no de gatos sino de humanos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pla\u00f1ideras de ni\u00f1os, asustados y horrorizados!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cada noche repet\u00edase tan macabro concierto y poco a poco fueron at\u00e1ndose los cabos hasta que la verdad total fue conocida y se hizo p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa dram\u00e1tica y horrenda verdad, padecida en carne propia por aquellos que vivieron en la amurallada ciudad en la d\u00e9cada de los treinta y a\u00f1os posteriores, es la que presentamos a continuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>II.- La tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Corr\u00eda el a\u00f1o 1930. Menos de 20 d\u00edas hab\u00edan transcurrido desde la toma de posesi\u00f3n de un gobierno que habr\u00eda de dirigir los destinos de la Republica durante m\u00e1s de tres d\u00e9cadas en la mas oprobiosa y sangrienta tiran\u00eda que recuerde la historia dominicana.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad capital hab\u00eda amanecido nublada aquel 3 de septiembre. La temporada cicl\u00f3nica estaba en marcha y todo hacia suponer que se acercaba alg\u00fan fen\u00f3meno meteorol\u00f3gico de esos a que ya estaba habituada la poblaci\u00f3n. A medida que la hora avanzaba, la ciudad recibi\u00f3 con escepticismo la confirmada noticia de que se acercaba un meteoro de incalculable capacidad destructora. Los mas cautos se pusieron a buen recaudo, pero la mayor\u00eda se dedic\u00f3 a rastrear con la vista desde el malec\u00f3n el desenfreno de las olas en el embravecido Mar Caribe, haciendo caso omiso al aullar de las sirenas que preven\u00edan contra la desgracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasado el mediod\u00eda, la furia incontenible de los vientos se descarg\u00f3 sobre la aneja ciudad, provocando en apenas segundos la destrucci\u00f3n casi total de las populosas barriadas constituidas en su mayor\u00eda por humildes casuchas construidas de madera y zinc. Los viejos edificios coloniales resistieron con hidalgu\u00eda el embate de los vientos, pero no podr\u00eda decirse lo mismo del desastroso efecto causado por los torrenciales aguaceros que sobrevinieron al cicl\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un espect\u00e1culo dantesco se ofrec\u00eda a la vista de aquel que tuviese valor para internarse en lo profundo de la hecatombe, entre escombros, lamentos, muerte y desolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A tal extremo lleg\u00f3 el apocalipsis que familias completas fueron arrastradas por el paso impetuoso de los vientos, sin que llegase a saberse nunca lo que hab\u00eda sido de estos.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese marco desgarrador qued\u00f3 encubierta la tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>III.- Atrapadas bajo el agua.<\/p>\n\n\n\n<p>El Convento de Santa Clara, ubicado entre las actuales calles Isabel La Cat\u00f3lica, Padre Billini y Las Damas, albergaba la congregaci\u00f3n de las piadosas monjas Clarisas, quienes, entre otras actividades, dirig\u00edan un internado de ni\u00f1as de humilde extracci\u00f3n, las m\u00e1s de ellas, hu\u00e9rfanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Contaba dicho recinto con amplias instalaciones dotadas de capilla, aulas para la ense\u00f1anza b\u00e1sica, una vasta hortaliza y un primoroso y bien cuidado jard\u00edn. En un herm\u00e9tico y protegido s\u00f3tano se encontraban los dormitorios, tanto de las religiosas como de las desamparadas puestas a su cargo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal parece que estaba escrito que el destino habr\u00eda de ensa\u00f1arse contra aquella congregaci\u00f3n y su humilde feligres\u00eda. Tan pronto principiaron a caer los torrenciales aguaceros sobre la indefensa ciudad, el agua se comenz\u00f3 a esparcir, ocupando los espacios a desnivel. Corriendo por pendientes inclinadas, el agua arremet\u00eda con fuerza, arrastrando a su paso puertas, troncos, piedras e incluso a las personas desaprensivas, que, desde\u00f1ando los consejos de la prudencia, se aventuraban a salir a la calle, picadas por la curiosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin que pudiese notarse a tiempo, el agua comenz\u00f3 a colarse hasta lo profundo del refugio, inundando en breve tiempo los salones anteriores al espacioso dormitorio donde se encontraban las indefensas religiosas. En esos momentos, su atenci\u00f3n estaba puesta en emotivas plegarias al Alt\u00edsimo, en procura de piedad para la Republica.<\/p>\n\n\n\n<p>Una espeluznante oscuridad, disminuida apenas por la temblequeante lucecita de alguna&nbsp;<em>jumiadora<\/em>, ocupaba el extenso sal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El frio contacto con el agua constituy\u00f3se en la se\u00f1al de alarma, ante el inminente peligro. En acelerado tropel, se dirigieron hacia la escalinata que conduc\u00eda a la salida, rebasando los obst\u00e1culos que ya se interpon\u00edan, arrastrados por la corriente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, triste y cruel habr\u00eda de ser la sorpresa recibida, cuando, al ascender al \u00faltimo escal\u00f3n, descubrieron que la portezuela se encontraba obstruida desde afuera, a causa de los escombros arrastrados por el vendaval.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta horroroso relatar la pat\u00e9tica escena en que aquel grupo de atribuladas monjitas, rodeadas de las aterrorizadas huerfanitas, fueron quedando cubiertas por la inundaci\u00f3n del sal\u00f3n. En vano trataron de pedir auxilio, pues afuera la poblaci\u00f3n se debat\u00eda tambi\u00e9n entre la vida y la muerte, corriendo alocadamente en busca de un seguro refugio. Las voces provenientes del soterrado sal\u00f3n, de por si disminuidas por lo inaccesible del lugar, quedaron atenuadas por el revuelo en la ciudad, con lo cual quedaron irremisiblemente abandonadas a su suerte y en la m\u00e1s espantosa soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando de las enronquecidas gargantas apenas brotaban quejumbrosos lamentos y el agua ocupaba la casi totalidad del espacio vital, empezaron a caer desfallecidas las m\u00e1s peque\u00f1as de las ni\u00f1as, ante la angustiada e impotente mirada de las religiosas. Poco a poco fueron quedando cubiertas por el agua y, finalmente, no qued\u00f3 mas que un absoluto silencio, ocupando las inundadas instalaciones del a\u00f1oso Convento de Santa Clara.<\/p>\n\n\n\n<p>El sarc\u00e1stico destino hab\u00eda cobrado vidas inocentes, ensa\u00f1\u00e1ndose con inusual desenfreno en aquella negra tarde de septiembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Y despu\u00e9s, el l\u00fagubre manto de la noche, con su carga de lamentos, envolvi\u00f3 la desolada ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo gracias a la sobrehumana capacidad de superaci\u00f3n del pueblo y la toma de heroicas medidas por parte de las autoridades, se pudo superar el sentimiento derrotista producido por la tr\u00e1gica cat\u00e1strofe. Luego de extensas y agotadoras jornadas de trabajo tesonero, en las que se integr\u00f3 todo el pueblo sin distingo de clase ni posici\u00f3n econ\u00f3mica, empez\u00f3 a vislumbrarse la reanudaci\u00f3n de las labores normales en la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando las calles, plazas y barriadas volvieron a resurgir de entre las ruinas y las monta\u00f1as de escombros, empezaron a registrase las estad\u00edsticas fatales sobre los da\u00f1os en vidas y propiedades.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada cual sac\u00f3 sus cuentas sobre amigos y familiares perdidos y, de manera m\u00e1s imprecisa, los desaparecidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, con la fuerza incontenible de un volc\u00e1n que desgarra las entra\u00f1as de la tierra, todos volvieron la vista hacia el silente convento en donde, previo la tragedia, siempre campeaba el bullicio proveniente de la juguetona chiquiller\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo dolor y lamentos quedaban para el recuerdo!<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego, de colof\u00f3n, en una inexplicable y dram\u00e1tica medida, el autoritarismo oficial dispuso cubrir con gruesas losas de concreto todo el s\u00f3tano del convento, convertido as\u00ed en una inusual y pat\u00e9tica fosa com\u00fan, en donde quedaron sellados los cad\u00e1veres de las v\u00edctimas, cual si se quisiera borrar para siempre de la faz de la tierra el recuerdo de la imprevista tragedia que nadie pudo evitar.<\/p>\n\n\n\n<p>IV.- La leyenda.<\/p>\n\n\n\n<p>En las noches calurosas de la ciudad colonial, cuando se apagaban los \u00faltimos susurros de las viejas oraciones quedando apenas el sonido de los grillos y el rechinar de los altos ventanales arrastrados por alg\u00fan vientecillo travieso, cualquier aguzado insomne pod\u00eda escuchar, en la distancia, un apagado lamento, proveniente de lo mas profundo de las alcantarillas que corren bajo el a\u00f1ejo empedrado de las calles y plazas.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de algunos instantes de precavida y aguzada atenci\u00f3n, se comenzaba a definir la naturaleza de los ruidos, percibi\u00e9ndose con m\u00e1s claridad su semejanza con lamentos, quejidos y gritos desgarradores.<\/p>\n\n\n\n<p>Un escalofriante temor, que pon\u00eda los pelos de punta al m\u00e1s valiente, hacia que las noches perdieran su encanto y placidez, pasando a ser entonces algo m\u00e1s que una pesadilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien pronto comenzaron a asociarse los sonidos nocturnos con el deambular de las&nbsp;<a>\u00e1<\/a>nimas en pena de las v\u00edctimas de la cat\u00e1strofe, quienes, al decir de los vecinos, vagaban intranquilas ante la falta de cristiana sepultura para su descanso eterno.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta creencia, extendida con el tiempo de boca en boca, se convirti\u00f3 en leyenda. Y de nada valieron los intentos de los adultos por convencer a los ni\u00f1os de que los ruidos eran provocados por manadas de gatos errabundos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un pat\u00e9tico detalle epilogaba la trama: con puntualidad meridiana y cada 3 de septiembre se repet\u00eda el suceso, en una macabra y horrenda ocurrencia que no se pod\u00eda ocultar. Fue preciso recurrir a la intercesi\u00f3n de la autoridad religiosa, para mitigar el lamento de las \u00e1nimas en pena.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, los vientos de la noche, provenientes de las tibias aguas de la r\u00eda del Ozama cuando vuelan sobre la empedrada ciudad, arrastran,&nbsp;<em>todav\u00eda<\/em>, un tenue y vago rumor. Mi Madre persiste en decir que son los gritos del alma en pena de la Madre Superiora, quien mantiene la esperanza de que alguien llegue en su rescate, y que libre de la espantosa muerte,&nbsp;<em>aunque sea a las pobres huerfanitas!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Centro Agro Eco Cultural Villa Vitalina <a href=\"mailto:evarielaaron@gmail.com\">evarielaaron@gmail.com<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I.- Un coro de \u00e1nimas tristes. El sonido proyectado en la distancia dejaba latente la vaga impresi\u00f3n de ser causado por un concierto de gatos maullando a la intemperie, en la nocturna soledad de la mon\u00f3tona poblaci\u00f3n. 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