{"id":570176,"date":"2024-10-28T22:08:16","date_gmt":"2024-10-29T02:08:16","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=570176"},"modified":"2024-10-28T22:09:08","modified_gmt":"2024-10-29T02:09:08","slug":"victor-hugo-en-el-ojo-de-la-tormenta-fiscal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=570176","title":{"rendered":"V\u00edctor Hugo en el ojo de la tormenta fiscal"},"content":{"rendered":"\n<p>OBSERVATORIO GLOBAL<\/p>\n\n\n\n<p>Leonel Fern\u00e1ndez<\/p>\n\n\n\n<p>E l s\u00edmil no habr\u00eda podido proyectar mayor similitud. El anuncio del proyecto de modernizaci\u00f3n fiscal fue como el de una tormenta que se aproximaba al suelo nacional con vientos huracanados.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ciudadanos sucumbieron, v\u00edctimas del p\u00e1nico y la incertidumbre. No era para menos. Luego de 36 meses consecutivos de inflaci\u00f3n, percib\u00edan inquietantes nubarrones en el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p>Su primera reacci\u00f3n fue de autodefensa. Procuraban protegerse de las agresivas alzas de precios de la carne de res y de cerdo; de las habichuelas; del aceite; de la batata y de la pi\u00f1a. De ah\u00ed, la ola de cacerolazos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando tomaron conciencia de que los nuevos grav\u00e1menes se extender\u00edan al pago anual del impuesto sobre la propiedad inmobiliaria de bajo costo; que tambi\u00e9n ser\u00eda para los marbetes de los veh\u00edculos en circulaci\u00f3n; y hasta para las compras por internet de menos de 200 d\u00f3lares, el \u00e1nimo empez\u00f3 a encolerizarse, haciendo m\u00e1s ruidosos los cacerolazos.<\/p>\n\n\n\n<p>La ira popular alcanz\u00f3 su cl\u00edmax cuando el pueblo no fue advertido de que tendr\u00edan que pagar m\u00e1s por el agua en botella, la leche maternizada, los \u00fatiles escolares; y para colmo, por los servicios funerarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo parec\u00eda oler mal, y no era precisamente en Lisboa. El nerviosismo y el desconcierto se esparc\u00edan a escala nacional. La convocatoria a vistas p\u00fablicas se convirti\u00f3 en un verdadero ejercicio de catarsis.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante un panorama tan sombr\u00edo, con el mar embravecido y el cielo en tinieblas, el representante del Ejecutivo pronunci\u00f3 un discurso tan breve, quiz\u00e1s, como el de Lincoln en Gettysburg, para informar que hab\u00eda escuchado el clamor popular y, por consiguiente, retiraba su plan de modernizaci\u00f3n fiscal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Bravo! Las aguas volvieron apaciguarse, los vientos se disiparon y el sol volvi\u00f3 a brillar.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cabo de Ca\u00f1\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>En su novela, El Noventa y Tres, el poeta, dramaturgo y narrador franc\u00e9s, V\u00edctor Hugo, relata, entre verdad hist\u00f3rica y ficci\u00f3n, los tr\u00e1gicos acontecimientos acaecidos hacia 1793, la \u00e9poca del Terror de la Revoluci\u00f3n francesa.<\/p>\n\n\n\n<p>La trama empieza cuando una corbeta transporta al marqu\u00e9s de Lantenac, un radical opositor de la revoluci\u00f3n y apasionado partidario de la monarqu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El marqu\u00e9s llevaba el prop\u00f3sito de sublevar una importante regi\u00f3n de Francia y colocarse al frente de una revuelta contrarrevolucionaria que desalojar\u00eda del poder a la joven rep\u00fablica gala.<\/p>\n\n\n\n<p>Para garantizar su seguridad, en caso de que alguna embarcaci\u00f3n de la marina contraria apareciese, la corbeta dispon\u00eda de 30 ca\u00f1ones bien amarrados, cada uno con su respectivo guardi\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, en medio de la traves\u00eda oce\u00e1nica, un ruido terrible, seguido de gritos de espanto, surgi\u00f3 del interior de la corbeta. Algo aterrador hab\u00eda ocurrido. Uno de los ca\u00f1ones hab\u00eda roto sus amarras.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera inesperada, el ca\u00f1\u00f3n cay\u00f3 sobre un grupo de hombres, como un artefacto demoledor, destroz\u00e1ndolos. El ca\u00f1\u00f3n iba y ven\u00eda. Su fuerza ciega, su c\u00f3lera incontrolable, hab\u00eda causado graves estragos a la embarcaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>El panorama era desolador. El responsable fue el cabo de ca\u00f1\u00f3n, al incurrir en la negligencia de no colocar el clavo en la cadena de amarre y no sujetar bien las ruedas del ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Honor y Muerte<\/p>\n\n\n\n<p>Recuperado de su desbarajuste inicial, el capit\u00e1n de la nave orden\u00f3 tomar todas las medidas necesarias para detener la furia de la bestia de acero. Pero nada funcionaba. Nada lo deten\u00eda. Cada nuevo movimiento del ca\u00f1\u00f3n amenazaba con hacer zozobrar la embarcaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El miedo se esparci\u00f3 como p\u00f3lvora entre los miembros de la tripulaci\u00f3n. Al carecer de nuevas iniciativas, decidieron encomiar sus almas a Dios. Fue entonces, en medio de esa escena de devastaci\u00f3n que, de repente, un hombre apareci\u00f3 para enfrentar el drama interminable.<\/p>\n\n\n\n<p>Era el cabo de ca\u00f1\u00f3n, el mismo cuya inacci\u00f3n hab\u00eda desencadenado la desventura. Quer\u00eda reparar lo acontecido. Estaba dispuesto hasta morir en el empe\u00f1o, con tal de salvar la embarcaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Armado de una barra de hierro, en su mano izquierda, y una especie de lazo de metal en su mano derecha, se lanz\u00f3 a un duelo contra la bestia de acero. Fue, como cuenta el genial novelista franc\u00e9s, una lucha feroz entre el hombre y la m\u00e1quina.<\/p>\n\n\n\n<p>El artillero desafiaba al ca\u00f1\u00f3n. Pero este se arrojaba a toda velocidad contra su antiguo guardi\u00e1n. El marino lo esquivaba. Pero era el ir y venir. La m\u00e1quina de hierro le causaba nuevos destrozos a la nave y amenazaba con aplastar a otros miembros de la tripulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio del duelo tit\u00e1nico, en el que parec\u00eda que la m\u00e1quina destrozar\u00eda al artillero, un anciano apareci\u00f3 en la proa. En forma sorprendente, lanz\u00f3 un gran saco de equipaje que detuvo a la maquinaria de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, aprovechando la circunstancia, el marinero coloc\u00f3 la barra de hierro sobre los rayos de la rueda del ca\u00f1\u00f3n, le tir\u00f3 el lazo y lo amarr\u00f3. El duelo hab\u00eda terminado.<\/p>\n\n\n\n<p>Los miembros de la tripulaci\u00f3n se precipitaron a felicitar al valiente compa\u00f1ero que hab\u00eda logrado evitar el naufragio y salvar la operaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El anciano que hab\u00eda hecho aparici\u00f3n en la proa hab\u00eda sido el marqu\u00e9s de Lantenac. Lo hab\u00eda observado todo. Sab\u00eda que el cabo de ca\u00f1\u00f3n, si bien, con valent\u00eda, hab\u00eda evitado el hundimiento de la corbeta, tambi\u00e9n, debido a su negligencia fue el causante de la tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hizo un llamado a los artilleros a formar filas y prestar armas en honor al hombre que los hab\u00eda salvado. En medio de la alegr\u00eda colectiva, fue condecorado. Pero, inmediatamente, tambi\u00e9n sentenci\u00f3: ese hombre, por su irresponsabilidad puso en peligro a todos. Por tanto, debe morir. Orden\u00f3 que fuese fusilado.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grupo de hombres, en medio de la tristeza, fue escogido para ejecutar la orden. Un ruido de r\u00e1fagas puso fin a la vida del cabo de ca\u00f1\u00f3n. Sus restos fueron lanzados al mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Una lecci\u00f3n se desprende. Se reconocen las buenas acciones. Se sanciona la ineptitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Listin Diario.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>OBSERVATORIO GLOBAL Leonel Fern\u00e1ndez E l s\u00edmil no habr\u00eda podido proyectar mayor similitud. El anuncio del proyecto de modernizaci\u00f3n fiscal fue como el de una tormenta que se aproximaba al suelo nacional con vientos huracanados. Los ciudadanos sucumbieron, v\u00edctimas del p\u00e1nico y la incertidumbre. No era para menos. 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