{"id":46865,"date":"2010-10-24T18:13:23","date_gmt":"2010-10-24T18:13:23","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.ddns.net\/?p=46865"},"modified":"2010-10-24T18:13:23","modified_gmt":"2010-10-24T18:13:23","slug":"el-juan-francisco-santamaria-que-llevo-en-mi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=46865","title":{"rendered":"El Juan Francisco Santamar\u00eda que llevo en m\u00ed"},"content":{"rendered":"<p><body><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/10.0.0.82:8080\/img3\/Juan Santamar.JPG\" \/><br \/><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/10.0.0.82:8080\/img3\/Franklin Guti.JPG\" \/>  <\/p>\n<p><strong><span class=\"text1noticias\">Por Franklin Guti\u00e9rrez<\/span><\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tDespu\u00e9s de su intempestiva partida f\u00edsica los medios de comunicaci\u00f3n han sido transmisores de m\u00faltiples testimonios exaltando su inteligencia, humildad, solidaridad, caballerosidad; en fin, su grandeza humana. A decir verdad, exiguos son esos elogios para resaltar la figura de un hombre que soport\u00f3 hasta la hora de la muerte, con sobrado silencio y harta valent\u00eda, tanta injusticia en su contra. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tNo tuve, como muchos afirman ahora, el privilegio de saborear los frutos positivos sembrados por \u00e9l en los diferentes puntos del planeta a donde sus deberes pol\u00edticos lo llevaron. Mi imagen de Juan Francisco Santamar\u00eda es m\u00e1s remota, tierna y saludable que la de muchos de sus amigos cercanos y compa\u00f1eros de partido y de trajines pol\u00edticos que hoy lo exaltan. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tSiendo p\u00faberes fuimos vecinos en el Ensanche Julia. El resid\u00eda en la calle 6 Norte, yo, en la 31-A. Pocas casas separaban la suya de la m\u00eda. Nos hicimos amigos los primeros d\u00edas de 1961. Ten\u00edamos, entonces, doce a\u00f1os de edad. Ambos llegamos al Julia a finales de 1960.. All\u00ed disfrutamos a plenitud el peda-zo de arenque, con un pan carioca viejo y un ba\u00f1o en ducha que ofrec\u00eda los s\u00e1bados Mar\u00eda Quint\u00edn en su ventorrillo, por dos cheles; nos entreten\u00edamos arranc\u00e1ndole los botones a nuestras camisas para cambiarlos por cangrejitos de agua dulce. El resultado era desastroso, porque aparte de tener que soportar fuertes coscorrones de nuestros progenitores, los cangrejitos mor\u00edan  dos o tres d\u00edas despu\u00e9s de adquiridos; fabric\u00e1bamos y vol\u00e1bamos chichiguas y capuchines; en fin, protagonizamos eventos propios de los mozalbetes de entonces. Sin embargo, nuestra edad era insuficiente para entender por qu\u00e9 en la postrimer\u00eda de 1961 la escuela Angelita, a la que asist\u00edamos, pas\u00f3 repentinamente a llamarse Escuela Colombia, y el Ensanche Julia, que nos albergada, se convirti\u00f3 en Ensanche Luper\u00f3n.  <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tLo que actualmente conocemos como Ensanche Luper\u00f3n era, en 1960, una zona en construcci\u00f3n. Trujillo hab\u00eda ordenado en 1957 el levantamiento de mil viviendas de concreto, un hospital, dos iglesias, un parque recreativo, un juzgado de paz, dos escuelas p\u00fablicas y un destacamento policial, en el antiguo barrio Faria, para alojar a la clase media capitalina que ya no cab\u00eda en Gascue, y a oficiales de rangos medianos. Lo bautiz\u00f3 con el nombre de su madre, Ensanche Julia. Pero el proyecto qued\u00f3 trunco con su ajusticiamiento. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tTalvez el apego a la religi\u00f3n que nos inculcan nuestros padres en la ni\u00f1ez, o los sermones de los curas de la iglesia Mar\u00eda Inmaculada, cuya pared trasera separaba dicho templo de la humilde residencia de Juan Santamar\u00eda, lo motivaron a hacerse monaguillo. Aunque \u00e9l y su diminuta y afable madre eran feligreses de la Mar\u00eda Inmaculada y yo de la Santo Cura de Ars, ten\u00edamos en com\u00fan que los dos \u00edbamos los domingos a los servicios religiosos con un librito de oraciones cat\u00f3licas debajo del brazo derecho, y un rosario colgado al cuello. Cre\u00edamos que nuestra asistencia a un templo religioso asegurar\u00eda la eternidad de nuestras almas. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tUn domingo de abril de 1963 me pidi\u00f3 que le bautizara una virgencita de la Altagracia que descansaba sobre una diminuta mesa en su dormitorio. Lo complac\u00ed.. Lamentablemente la virgencita desapareci\u00f3 pocos meses despu\u00e9s del bautizo. La cantidad de agua derramada por el cura sobre ella termin\u00f3 mohoseando la l\u00e1mina y destruy\u00e9ndola. Cuando la imagen de la virgen des-apareci\u00f3 totalmente del papel, tanto Juan como yo coincidimos en que el cura hab\u00eda ahogado a Altagracia. Ese fue el primero y hasta ahora el \u00fanico intento de compadrazgo en mis 59 a\u00f1os de edad.     <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tEl oficio de monaguillo fue ef\u00edmero para Juan Santamar\u00eda. A los curas de la Mar\u00eda Inmaculada les atemorizaba su sapiencia y terminaron, como reza el argot popular, sac\u00e1ndole los pies. Adem\u00e1s, cuando a finales de 1964, su familia se mud\u00f3 del Luper\u00f3n a un lugar bastante distante de la iglesia, sus acciones ya comenzaban a desvelar el camino que marcar\u00eda su vida: la pol\u00edtica<\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tComo en los a\u00f1os que fuimos adolescentes no se gozaba de las mismas libertades que la presentes generaciones ni tampoco exist\u00edan las facilidades comunicativas de hoy, nos desconectamos pr\u00e1cticamente por un lustro. As\u00ed que entre 1965 y 1970 apenas nos vimos tres o cuatro veces. Sin embargo, a inicios de los 70 cuando nos encontramos en la Universidad Aut\u00f3noma de Santo Domingo, \u00e9l intentando hacerse ingeniero y yo maestro, tratamos de recuperar los a\u00f1os perdidos. Nos reun\u00edamos frecuentemente debajo de copiosa mata de mango de la Facultad de Humanidades. Nuestros temas eran la pol\u00edtica y la rememoraci\u00f3n del pasado. <\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tDesde su ingreso a la universidad estatal Juan Santamar\u00eda hizo suyas las jornadas de protestas organizadas por los grupos estudiantiles que ped\u00edan al gobierno de Joaqu\u00edn Balaguer m\u00e1s recursos econ\u00f3micos para esa instituci\u00f3n. Reclam\u00e1bamos, entre bombas lacrim\u00f3genas y despiadadas ocupaciones policiales y militares, Medio Mill\u00f3n para la UASD. En poco tiempo Santamar\u00eda adquiri\u00f3 un liderazgo sorprendente, al extremo de que con el apoyo del Frente Universitario Socialista Democr\u00e1tico (FUSD), afiliado al Partido Revolucionario Dominicano, alcanz\u00f3 la Secretaria General de la Federaci\u00f3n de Estudiantes Dominicanos, en 1972. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tEstuve presente en muchos de los discursos pronunciados por \u00e9l en su gesti\u00f3n como secretario General de la Federaci\u00f3n de Estudiantes Dominicanos. Pese a lo enjuto de su cuerpo, a su serenidad ante el micr\u00f3fono y la parsimonia de sus gestos, sus discursos eran tan espont\u00e1neos, sagaces y explosivos que conmov\u00edan a la audiencia y hac\u00edan vibrar las tarimas donde los pronunciaba. Era, sin duda alguna, un orador brillante, de palabras precisas, con notables conocimientos de los males que azotaban a la sociedad dominicana, y de convicci\u00f3n pol\u00edtica firme. Una vez frente al Alma Master le coment\u00e9 que su brillantez era suficiente para alcanzar la presidencia de la Rep\u00fablica. El me respondi\u00f3 con una sonrisa vaga: \u00bfad\u00f3nde piensas que puede llegar alguien con una figura como la m\u00eda. Mejor te invito a la cafeter\u00eda de la Facultad de Humanidades a tomar un refresco, talvez en el trayecto despiertas de esa pesa-dilla\u00bb. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tEn pleno desarrollo de esas facultades de pol\u00edtico innato y promisorio Juan Bosch lo envi\u00f3 a estudiar a Espa\u00f1a. Eso explica su repentina desaparici\u00f3n del escenario pol\u00edtico universitario a mediado de 1973. Desde entonces hasta el momento de su partida f\u00edsica, idolatr\u00f3 sin mesura a Juan Bosch, difundi\u00f3 las ideas de su l\u00edder por todas partes que pudo y le fue leal como pocos bochistas lo han sido. En y  desde Espa\u00f1a y Francia cumpli\u00f3 con todas las encomiendas que por d\u00e9cadas les asign\u00f3 el Partido de la Liberaci\u00f3n Dominicana en diversos puntos de Europa. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tDespu\u00e9s de su partida hacia Espa\u00f1a nos vimos muy espor\u00e1dicamente. Tres veces en Nueva York, dos en Espa\u00f1a y cinco en la Rep\u00fablica Dominicana. Todos fueron encuentros emotivos y cargados de remembranzas, menos el ocurrido en septiembre de 1984. Se celebraba en esa ocasi\u00f3n el VII Congreso Internacional de la Asociaci\u00f3n de Ling\u00fc\u00edstica y Filolog\u00eda de Am\u00e9rica Latina (ALFAL), en el Banco Central de la Rep\u00fablica Dominicana. Los dos hab\u00edamos arribado ese mismo d\u00eda al pa\u00eds, \u00e9l desde Espa\u00f1a y yo desde Nueva York, para participar en el congreso. <\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tNos encontramos justamente en la puerta principal del sal\u00f3n de conferencia. Ah\u00ed nos detuvimos a conversar, antes de ingresar a la sala. Mientras charl\u00e1bamos, por esa misma puerta, sali\u00f3 Juan Bosch acompa\u00f1ado por dos personas desconocidas para m\u00ed. Santamar\u00eda lo abord\u00f3 entusiasmado: \u00abdon Juan, maestro, profesor, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1 usted\u00bb. El maestro sembr\u00f3 sus ojos en nosotros, para percatarse bien de quien lo llamaba, hizo un adem\u00e1n extra\u00f1o, torn\u00f3 su rostro hacia el extremo opuesto, y continu\u00f3 la marcha tranquilamente. \u00bfQu\u00e9 paso, le pregunt\u00e9 a Juan? y \u00e9l con la nobleza y la lealtad que siempre lo caracteriz\u00f3, y en un tono de inocultable tristeza, respondi\u00f3: Quiz\u00e1s no me vio. Tanto la acci\u00f3n del maestro como la docilidad del disc\u00edpulo me petrificaron. Mi conclusi\u00f3n fue que el maestro estaba molesto con Juan. Un lustro despu\u00e9s, en 1989, en una actividad celebrada en la sede newyorquina del Instituto Cervantes, le pregunt\u00e9 a Bosch por Santamar\u00eda. Su respuesta fue lac\u00f3nica: \u00abdebe estar bien\u00bb.<\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tAhora, ya ausente, sus apologistas lo definen como un ser humano especial, a quien le sobraba la consideraci\u00f3n y el reconocimiento de los dem\u00e1s. Eso, dir\u00e1n algunos, es dicha. Yo, sin embargo, pienso que Juan Francisco Santamar\u00eda fue un hombre desdichado e injustamente compensado. Primero, porque enviarlo a estudiar a Espa\u00f1a y abandonarlo por all\u00e1 a la suerte del des-tino, a\u00fan despu\u00e9s de haber concluido exitosamente los estudios, fue aniquilarlo pol\u00edticamente. Deshacerse de la sombra de un talento que pone en peligro la perpetuidad o al avance pol\u00edtico de otros, no consiste solamente en apresarlo o desaparecerlo f\u00edsicamente. Consignarlo al exilio mediante un cargo diplom\u00e1tico o una oferta de estudio es, simplemente, un m\u00e9todo menos cruel y menos sancionable, pero sus efectos son igualmente devastadores. Segundo, pas\u00f3 casi inadvertido por la administraci\u00f3n p\u00fablica, pues jam\u00e1s fue considerado para un cargo que retribuyera su entrega total al Partido de la Liberaci\u00f3n Dominicana. Tercero, le ultrajaron su inteligencia y lo despojaron del brillo y la prestancia pol\u00edtica que les correspond\u00eda, y que hoy exhiben muchos de sus compa\u00f1eros del Partido menos talentoso que \u00e9l. Cuarto, fue lazarillo emocional de un maestro que no valor\u00f3 la dimensi\u00f3n de su lealtad.                             <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">\tNo conozco a su viuda ni a sus hijos. Desafortunadamente, nuestras ubicaciones geogr\u00e1ficas y otras circunstancias de la vida, troncharon la oportunidad de alimentar mejor nuestra amistad. No estuve presente en la funeraria ni en su sepelio para decirle hasta luego. Pero hay hechos que marcan a los seres humanos. Y la sacada de pies de los curas de la iglesia Mar\u00eda Inmaculada a Juan me hizo sentir, pese a mi corta edad en esa \u00e9poca, que le estaban castrando su inteligencia. \tEsa fue la primera de las muchas injusticias cometidas en su contra. Por eso, desde entonces, lo plant\u00e9 en mi coraz\u00f3n y jam\u00e1s lo dej\u00e9 reto\u00f1ar para que nadie lo disfrutara con la misma intensidad y silencio que yo. Ese es el Juan Santamar\u00eda que llevo y llevar\u00e9 en m\u00ed. <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">New York<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">23 de octubre, 2010<\/span><\/p>\n<\/p>\n<\/p>\n<h6> 2010-10-24 18:13:23 <\/h6>\n<p><!--\n<link rel=\"stylesheet\" href=\"css\/bootstrap.min.css\">\n\n\n<ul class=\"pagination\">\n\t    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=9434'>Previous<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n       \n    \n\n<li><a href='?page_no=1'>1<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2'>2<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=9433'>9433<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=9434'>9434<\/a><\/li>\n\n\n\n<li class='active'><a>9435<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=9436'>9436<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=9437'>9437<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13611'>13611<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13612'>13612<\/a><\/li>\n\n    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=9436'>Next<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n    \n\n<li><a href='?page_no=13612'>Last &rsaquo;&rsaquo;<\/a><\/li>\n\n<\/ul>\n\n\n--><br \/>\n<\/body><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Franklin Guti\u00e9rrez Despu\u00e9s de su intempestiva partida f\u00edsica los medios de comunicaci\u00f3n han sido transmisores de m\u00faltiples testimonios exaltando su inteligencia, humildad, solidaridad, caballerosidad; en fin, su grandeza humana. A decir verdad, exiguos son esos elogios para resaltar la figura de un hombre que soport\u00f3 hasta la hora de la muerte, con sobrado silencio [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"class_list":["post-46865","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opiniones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/46865","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=46865"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/46865\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=46865"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=46865"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodominicano.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=46865"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}