{"id":462871,"date":"2023-08-12T09:38:07","date_gmt":"2023-08-12T13:38:07","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.com\/?p=462871"},"modified":"2023-08-12T09:43:50","modified_gmt":"2023-08-12T13:43:50","slug":"sepultaron-los-restos-de-eugenio-maria-de-hostos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=462871","title":{"rendered":"Sepultaron los restos de Eugenio Mar\u00eda de Hostos"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00ab\u00a1La tarde era triste&#8230;muy triste! Llov\u00eda\u201d. El<strong> d\u00eda que sepultaron los restos de Eugenio Mar\u00eda de Hostos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por H\u00e9ctor Tineo Nolasco<\/p>\n\n\n\n<p>Diariodominicano.com<\/p>\n\n\n\n<p>SANTO DOMINGO, RD.- La tarde del\u00a0\u00a012 de Agosto de 1903 fueron\u00a0 sepultados en el Cementerio de  ciudad  Santo Domingo, los restos del\u00a0 educador\u00a0 Eugenio Mar\u00eda de Hostos. Hab\u00eda fallecido a las 11: 15 de la noche del 11 de Agosto. Fue el creador de la Escuela Normal en la Rep\u00fablica Dominicana.<\/p>\n\n\n\n<p>Naci\u00f3 en Mayag\u00fcez, Puerto Rico, el 11 de enero de 1839.&nbsp; La primera vez que vino a la Rep\u00fablica Dominicana fue en un barco que atrac\u00f3 en Puerto Plata, el d\u00eda 30 de mayo de 1875.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; En Puerto Plata se encontr\u00f3 con su compatriota, Ram\u00f3n Emeterio Betances.&nbsp; All\u00ed Eugenio Mar\u00eda de Hostos inici\u00f3 una amistad con el l\u00edder de la Guerra de la Restauraci\u00f3n, General Gregorio Luper\u00f3n, quien apoyaba la lucha por la Independencia de Puerto Rico, que era ocupada por Estados Unidos desde el a\u00f1o 1898, cuando le gan\u00f3 la Guerra Hispanoamericana a Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; En Puerto Plata, Eugenio Mar\u00eda de Hostos se mantuvo hasta el 5 de abril de 1876, cuando sali\u00f3 del pa\u00eds.&nbsp; Retorn\u00f3&nbsp;&nbsp; en el a\u00f1o 1879, al desembarcar en el Puerto de Santo Domingo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; En la capital dominicana fund\u00f3&nbsp; y dirigi\u00f3 la Escuela Normal.&nbsp; El 28 de septiembre de 1884, pronunci\u00f3&nbsp; el discurso central del acto de investidura de los primeros&nbsp; maestros normales.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la ocasi\u00f3n, Eugenio Mar\u00eda de Hostos&nbsp; sostuvo: \u00abS\u00f3lo es digno de haber hecho el bien, o de haber contribuido a un bien, aquel&nbsp; que se ha despojado de s\u00ed mismo hasta el punto de no tener conciencia de su personalidad&nbsp; sino en la exacta proporci\u00f3n en que ella funcione como representante de un beneficio deseado o realizado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El fallecimiento<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Federico Henr\u00edquez y Carvajal, refiere&nbsp; que el fallecimiento&nbsp; de Hostos se produjo en el momento que en la Capital dominicana se sent\u00edan los efectos de una perturbaci\u00f3n atmosf\u00e9rica. \u00ab\u00a1La tarde era triste&#8230;muy triste! Llov\u00eda. La lluvia ca\u00eda como l\u00e1grimas del cielo. El sol, envuelto en una cl\u00e1mide de nieblas, se hund\u00eda en el ocaso como si se extinguiese para siempre. \u00a1La tarde era triste&#8230;muy triste! El silencio reinaba en el cementerio&#8230;Mudo, con el mutismo de la Esfinge, el cad\u00e1ver de fisonom\u00eda socr\u00e1tica, yac\u00eda en el f\u00e9retro. Mudo estaba el s\u00e9quito bajo la pesadumbre del gran duelo. Muda la ciudad doliente. Muda la Naturaleza\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Al pronunciar el paneg\u00edrico&nbsp; ante los restos de Hostos fue que su amigo Federico &nbsp;Henr\u00edquez y Carvajal dijo: \u201c\u00bbEsta Am\u00e9rica infeliz que s\u00f3lo sabe de sus grandes vivos cuando pasan a ser sus grandes muertos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp; educador&nbsp; fue asistido por los m\u00e9dicos y amigos&nbsp; Francisco Henr\u00edquez y Carvajal, Arturo Grull\u00f3n y Rodolfo Coiscou, quienes informaron que muri\u00f3&nbsp; \u00abde una afecci\u00f3n insignificante a la cual hubiera vencido f\u00e1cilmente cualquier otro organismo menos debilitado y, sobre todo, menos postrado por el profundo abatimiento moral que minaba hac\u00eda alg\u00fan tiempo la existencia del insigne educador\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El abatimiento que sufr\u00eda Eugenio Mar\u00eda de Hostos lo atribu\u00edan \u00aba la desesperanza de la redenci\u00f3n de su patria nativa, Puerto Rico y al rumbo proceloso y torpe por el cual impuls\u00f3 la angustiosa vida de su patria adoptiva, la Rep\u00fablica Dominicana, la irreflexiva y funesta divisi\u00f3n de los elementos que dirig\u00edan el Estado a partir de la ca\u00edda del Gobierno de Heureaux\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a al recordar el \u00faltimo viaje de Hostos a Rep\u00fablica Dominicana apunta: \u00abVolvi\u00f3 a Santo Domingo en 1900 a reanimar su obra. Lo conoc\u00ed entonces: ten\u00eda un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, seg\u00fan su costumbre. Sobrevinieron trastornos pol\u00edticos, tom\u00f3 el pa\u00eds aspecto ca\u00f3tico, y Hostos muri\u00f3 de enfermedad brev\u00edsima, al parecer ligera. Muri\u00f3 de asfixia moral&#8217;.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes, en agosto de 1903 y viviendo en New York junto a su hermano Pedro, Max Henr\u00edquez Ure\u00f1a hab\u00eda escrito: \u00abEnemigos cobardes salieron le al paso. Sus disc\u00edpulos se dispersaron en el agitado campo de la pol\u00edtica, y cuando se crey\u00f3 llegada la hora de las grandes redenciones, el estruendo de la lucha fratricida asord\u00f3 los aires, y la guerra civil devast\u00f3 de nuevo los campos de la patria\u00bb\u2026&nbsp; \u00aba Hostos, lo mat\u00f3 la tristeza, lo mat\u00f3 el dolor del ideal irrealizado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Francisco Henr\u00edquez y Carvajal, uno de sus&nbsp; colaboradores en su empresa transformadora del sistema educativo dominicano, fue el m\u00e9dico de su confianza que presenci\u00f3 su despedida definitiva. En su ofrenda a Hostos, titulada \u00abMi tributo\u00bb, dijo: \u00abEs preciso conocer \u00e1 Hostos; profundizarlo, para conocerlo; conocerlo, para encantarse en \u00e9l; encantarse en \u00e9l, para amarlo; amarlo, para darlo \u00e1 conocer, para ense\u00f1arlo como es \u00e9l en verdad; conocerlo profundamente, conocer en todo su alcance el gran poder de su mente razonadora y el noble sentimiento que lo anim\u00f3, que le dio siempre una fisonom\u00eda de inacabable bondad, para, tal como es, mostrarlo al pueblo&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Su alumna, la educadora, Luisa Ozema Pellerano Castro (1870-1927), una de las primeras graduadas de Maestra Normal, en 1887, en el Instituto de Se\u00f1oritas fundado por la poetisa Salom\u00e9 Ure\u00f1a de Henr\u00edquez, expres\u00f3&nbsp; ante la tumba del educador: \u00ab\u00a1Ha muerto el amado Maestro!, era el alarido de dolor inconforme que se exhalaba de todas las almas. Y mi alma, surgiendo de las sombras de ese dolor, se dec\u00eda \u00e1 cada instante: \u00a1Mentira! Es un sue\u00f1o. El no ha muerto; \u00e9l no puede morir, porque vive en el esp\u00edritu de las generaciones educadas en su apostolado de verdad y amor. Y hoy, ante la tumba cubierta de flores que guarda tus restos mortales, torna el alma conmovida \u00e1 repetirme que t\u00fa eres inmortal, porque fuiste bueno y sabio, y ense\u00f1aste lo que predicabas y viviste lo que predicaste. Por eso tu vida fue perenne ejemplo de alt\u00edsima ense\u00f1anza moral\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El escritor Miguel Collado, en \u201cEugenio Mar\u00eda de Hostos: Ciudadano de la Inmortalidad\u201d, destaca: \u201cLas palabras de Luisa Ozema aparecieron en el peri\u00f3dico mocano&nbsp;El Pueblo, 18 d\u00edas despu\u00e9s del fallecimiento de Hostos, con el siguiente t\u00edtulo: \u00abEl inmortal\u00bb. Y esas palabras nos hicieron reflexionar profundamente sobre la perennidad de la obra del Ciudadano de Am\u00e9rica, como llamara el puertorrique\u00f1o Antonio S. Pedreira al Maestro Eugenio Mar\u00eda de Hostos en 1932. Hoy, ante ustedes, en esta ciudad Primada de Am\u00e9rica por donde todav\u00eda su esp\u00edritu libertario anda, nosotros lo nombramos de otro modo: \u00abEugenio Mar\u00eda de Hostos, luminoso Ciudadano de la Inmortalidad\u00bb.<\/h2>\n\n\n\n<p>El historiador Roberto Cass\u00e1, en su 0bra \u201cPersonajes Dominicanos\u201d,&nbsp; afirma que Eugenio Mar\u00eda de Hostos, \u201cLleg\u00f3 a la dolorosa conclusi\u00f3n de que su pr\u00e9dica hab\u00eda tenido escasos resultados y,&nbsp; en su Diario, pas\u00f3 a ponderar a los dominicanos desde la postura de un extra\u00f1o que no acertaba a comprenderlos. Particular impresi\u00f3n le provoc\u00f3 la rebeli\u00f3n de los presos de la Fortaleza, el 23 de marzo de 1903, que dio lugar al derrocamiento de V\u00e1squez y a la instauraci\u00f3n del Gobierno de Alejandro Woos y Gil. Este panorama lo llev\u00f3 a una depresi\u00f3n cr\u00f3nica durante los \u00faltimos meses&nbsp; y a distanciarse efectivamente del conglomerado dominicano. Antes de morir, el 11 de agosto de 1903, v\u00edctima del envenenamiento moral que le provoc\u00f3 la guerra fratricida, hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n de abandonar el territorio dominicano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Diariodominicano.com<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab\u00a1La tarde era triste&#8230;muy triste! Llov\u00eda\u201d. 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