{"id":45899,"date":"2011-09-25T21:54:49","date_gmt":"2011-09-25T21:54:49","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.ddns.net\/?p=45899"},"modified":"2011-09-25T21:54:49","modified_gmt":"2011-09-25T21:54:49","slug":"el-lenguaje-del-cambio-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=45899","title":{"rendered":"El lenguaje del cambio"},"content":{"rendered":"<p><body><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\"> <\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">Hace tiempo se introdujo el t\u00e9rmino \u00abpost-democracia\u00bb para designar una situaci\u00f3n de estabilidad de las democracias contempor\u00e1neas que, para los m\u00e1s optimistas, supon\u00eda celebrar su asentamiento definitivo y, para los pesimistas, una etapa caracterizada por la mediocridad y la degeneraci\u00f3n. Tal vez las dos perspectivas no sean contradictorias sino modos de ver una misma realidad, que se banaliza en la misma medida en que se consolida. En el fondo, \u00bfes que ya no resulta posible cambiar nada o que todo cambio \u00fanicamente puede hacerse en el interior del sistema que pretende cambiarse?<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">Para resolver este enigma es necesario entender c\u00f3mo se tramita el malestar en la sociedad contempor\u00e1nea. Y aqu\u00ed observamos unos fen\u00f3menos que podemos calificar de \u00abposrevolucionarios\u00bb en la medida en que son m\u00e1s insurrecciones expresivas que subversiones desestabilizadoras. Un indignado no es un revolucionario, del mismo modo que el agitamiento no equivale necesariamente a capacidad de transformaci\u00f3n. No hay revoluciones por las mismas razones que explican la ausencia de un verdadero antagonismo pol\u00edtico: hay diferencias y cambios, por supuesto, pero el tiempo pol\u00edtico ha dejado de regirse por una l\u00f3gica de sublevaciones. La confrontaci\u00f3n pol\u00edtica no es un choque de modelos. No se da este contraste en el antagonismo oficial, regido por un tiempo pol\u00edtico plano en el que act\u00faan gobiernos que resisten y oposiciones que aguardan (la mejor justificaci\u00f3n para un cambio de gobierno es su car\u00e1cter higi\u00e9nico, no su proyecto alternativo). Cualquiera que no est\u00e9 en el gobierno representa al \u00abcambio\u00bb, que no es un valor ni de izquierdas ni de derechas, sino de la oposici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">Se nos ha desestructurado el lenguaje relativo al cambio, con lo que todo ello supone de concepci\u00f3n del tiempo hist\u00f3rico y de la intervenci\u00f3n pol\u00edtica. En el lenguaje progresista la revoluci\u00f3n ha sido sustituida por la modernizaci\u00f3n, la adaptaci\u00f3n y la innovaci\u00f3n; las reformas son un t\u00e9rmino m\u00e1s bien de derechas; y en la izquierda extrema hay gestos cr\u00edticos, pero no una teor\u00eda cr\u00edtica de la sociedad (mucho menos un programa de acci\u00f3n). Buena parte de lo que dice y hace no son m\u00e1s que ademanes de hero\u00edsmo frente al mercado o simple melancol\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">Los liberales apelan a la sociedad civil y la izquierda poscomunista a la multitud, ambos conceptos muy l\u00edquidos y muy poco pol\u00edticos. Ya no estamos en la era de la derecha y la izquierda institucionalizada, sino en la del Tea Party y los movimientos sociales. La derecha prefiere el mercado que el Estado y la izquierda formula, en vez de las tradicionales formas de lucha sindical, social, institucional o armada, unos sustitutos de combate como el exilio, la defecci\u00f3n o la nomadizaci\u00f3n. Por supuesto, nada que recuerde a la vieja aspiraci\u00f3n de asaltar el poder; la propuesta m\u00e1s ambiciosa es la de beneficiarse de los intersticios o de las zonas desocupadas por el Estado.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">Siempre que ocurren estos efectos de irritaci\u00f3n hay quien los interpreta como una especie de epifan\u00eda de lo verdaderamente pol\u00edtico, en contraste con un sistema o una clase pol\u00edtica a las que se considera como realidades cosificadas. En la estela de Guy Debord o Giorgio Agamben, Zizek acaba de documentar dicha expectativa en su libroLiving in the end of times. Se trata de una evocaci\u00f3n de un orden del mundo completamente distinto que no nos da la menor indicaci\u00f3n acerca de en qu\u00e9 podr\u00eda consistir, qu\u00e9 actor social podr\u00eda provocar un cambio de tales dimensiones y qu\u00e9 forma de acci\u00f3n ser\u00eda la m\u00e1s apropiada. Este pop-leninismo equivale a la esperanza de que el cambio hacia un nuevo orden resultar\u00eda del proceso de autodestrucci\u00f3n del orden existente. En el escenario milenarista no hay nada que se parezca a una descripci\u00f3n acertada y cr\u00edtica de la sociedad contempor\u00e1nea. Cuando el valor de diagn\u00f3stico es pr\u00e1cticamente nulo, puede uno estar seguro de que, salvo esperar al apocalipsis, no podemos hacer nada.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">La pol\u00edtica es el \u00e1mbito social que m\u00e1s impresi\u00f3n da de paralizaci\u00f3n; ha dejado de ser una instancia de configuraci\u00f3n del cambio para pasar a ser un lugar en el que se administra el estancamiento. Esta circunstancia es valorada de diferente manera seg\u00fan sea uno un liberal que lamenta la lentitud de las reformas o un izquierdista que se queja de la ausencia de alternativa.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">La indignaci\u00f3n, el compromiso gen\u00e9rico, el altermundialismo ut\u00f3pico o el insurreccionismo expresivo no deben ser entendidos, a mi juicio, como la antesala de cambios radicales sino como el s\u00edntoma de que todo esto ya no es posible fuera de la mediocre normalidad democr\u00e1tica y del modesto reformismo. El problema de los grandes gestos cr\u00edticos no es que se proponga algo diferente, sino que las cosas suelen quedar inalteradas cuando las modificaciones deseadas est\u00e1n fuera de cualquier l\u00f3gica pol\u00edtica.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\"> <\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">Daniel Innerarity<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\">Catedr\u00e1tico de Filosof\u00eda Pol\u00edtica y Social, investigador en la Universidad del Pa\u00eds Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democr\u00e1tica<\/span><\/p>\n<p><span class=\"text1noticias\"> <\/span><\/p>\n<\/p>\n<h6> 2011-09-25 21:54:49 <\/h6>\n<p><!--\n<link rel=\"stylesheet\" href=\"css\/bootstrap.min.css\">\n\n\n<ul class=\"pagination\">\n\t    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=8565'>Previous<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n       \n    \n\n<li><a href='?page_no=1'>1<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2'>2<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=8564'>8564<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=8565'>8565<\/a><\/li>\n\n\n\n<li class='active'><a>8566<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=8567'>8567<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=8568'>8568<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13611'>13611<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13612'>13612<\/a><\/li>\n\n    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=8567'>Next<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n    \n\n<li><a href='?page_no=13612'>Last &rsaquo;&rsaquo;<\/a><\/li>\n\n<\/ul>\n\n\n--><br \/>\n<\/body><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace tiempo se introdujo el t\u00e9rmino \u00abpost-democracia\u00bb para designar una situaci\u00f3n de estabilidad de las democracias contempor\u00e1neas que, para los m\u00e1s optimistas, supon\u00eda celebrar su asentamiento definitivo y, para los pesimistas, una etapa caracterizada por la mediocridad y la degeneraci\u00f3n. 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