{"id":430052,"date":"2023-04-07T20:45:59","date_gmt":"2023-04-08T00:45:59","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.com\/?p=430052"},"modified":"2023-04-08T03:06:21","modified_gmt":"2023-04-08T07:06:21","slug":"ocurrio-un-viernes-santo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=430052","title":{"rendered":"Ocurri\u00f3 un Viernes Santo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Sergio Reyes II.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Una marejada humana compuesta por varios centenares de fieles de la grey cat\u00f3lica y uno que otro curioso atrapado en la envolvente magia de un singular evento religioso, se desplaza, en procesi\u00f3n, por una de las calles principales de la taciturna poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"791\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon.-791x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-430055\" srcset=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon.-791x1024.jpg 791w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon.-232x300.jpg 232w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon.-768x994.jpg 768w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon.-1187x1536.jpg 1187w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon.-1583x2048.jpg 1583w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon.-816x1056.jpg 816w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Cristo-del-Perdon.-Dajabon..jpg 1632w\" sizes=\"auto, (max-width: 791px) 100vw, 791px\" \/><figcaption>Cristo del Perd\u00f3n, Dajab\u00f3n.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Entre el incesante sonido del arrastre de los pasos, el infaltable cuchicheo de la muchachada y las profundas oraciones y canticos plet\u00f3ricos de fe pronunciados a viva voz por las beatas y dem\u00e1s creyentes, &nbsp;con una gangosa voz que se eleva por encima de la gente con el auxilio de altoparlantes, el sacerdote dirige a cal y canto las riendas del recorrido, mientras que, en la semi penumbra de c\u00e1lidas alcobas, aquellos que aun batallan con s\u00e1banas y almohadas, dan seguimiento a los aleccionadores textos de la Santa Biblia que se escuchan en lontananza, en los que se hace alusi\u00f3n a las haza\u00f1as y proezas del humilde hijo de un carpintero, venido al mundo para asumir, en s\u00ed mismo, la redenci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Desechando el encanto de la habitaci\u00f3n, que nos hace gui\u00f1os para que permanezcamos envueltos en el disfrute de los mundanos placeres que nos han mantenido virtualmente atados a Dajab\u00f3n por algo m\u00e1s de tres d\u00edas, hemos hecho fuerza de voluntad y, en breve, ya estamos listos para unirnos, llenos de fervorosa devoci\u00f3n, a la caravana que avanza, all\u00e1 afuera, en ruta hacia el denominado Santuario del Cristo del Perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin miramientos de ropaje ni atav\u00edos y con la prisa que el caso amerita, encaminamos las pisadas hasta alcanzar a la retaguardia del enjambre humano que se desplaza, lentamente pero con pasos firmes, hacia las afueras de la poblaci\u00f3n, en ruta hacia Monte Cristi, hasta un punto de relativa elevaci\u00f3n que fue h\u00e1bilmente escogido por los visionarios y abnegados sacerdotes de la Misi\u00f3n Fronteriza Jesuita para construir un centro de veneraci\u00f3n en regalo al pueblo de Dajab\u00f3n, como una forma de mantener vigente entre los moradores de esta parte del noroeste dominicano la fe cristiana, la hermandad y el apego a la Patria.<\/p>\n\n\n\n<p>La citada estructura est\u00e1 conformada por un trio de cruces,&nbsp; de las cuales, en la del centro, se destaca una impresionante imagen de Jes\u00fas crucificado, en directa alusi\u00f3n e invocaci\u00f3n al pedimento al Alt\u00edsimo en pro de soluciones a los males y necesidades de la gente que convive en estos linderos de la Naci\u00f3n y, por extensi\u00f3n, en auxilio de toda la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/IMG-20230407-WA0000-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-430057\" srcset=\"https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/IMG-20230407-WA0000-768x1024.jpg 768w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/IMG-20230407-WA0000-225x300.jpg 225w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/IMG-20230407-WA0000-816x1088.jpg 816w, https:\/\/diariodominicano.com\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/IMG-20230407-WA0000.jpg 960w\" sizes=\"auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>A poco andar, y cuando nuestros ojos se hab\u00edan acostumbrado en parte a la penumbra de la madrugada, comenzamos a notar, primero como algo casual y despu\u00e9s con un dejo de suspicacia, el avance, paso por paso y junto al grueso de los caminantes, de una gallina de mediano peso y tama\u00f1o que, inexplicablemente y sin ninguna l\u00f3gica se desplazaba a aquellas horas, &nbsp;en la misma direcci\u00f3n que los caminantes, sin importar el murmullo ni la cercan\u00eda de las personas que, &nbsp;plet\u00f3ricos de fe, se dirig\u00edan &nbsp;hacia el sagrado recinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero que hubimos de notar en aquel surrealista escenario fue el hecho de que nadie de entre los andantes aparentaba haberse percatado de la presencia de la sinigual&nbsp;<em>\u2018procesionista\u2019<\/em>; &nbsp;M\u00e1s a\u00fan, en vez de causar asombro, todo hac\u00eda suponer que&nbsp;<em>la caminante<\/em>&nbsp;formaba parte del conglomerado de devotos que, con su humilde caminata ofrendaban, a su manera, una muestra de sacrificio y devoci\u00f3n en homenaje a quien dio su vida por todos nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>En llegando a los dominios del recinto, el sacerdote oficiante p\u00fasose a la cabeza de la feligres\u00eda y, mientras resonaban en lo alto los canticos y acordes que forman parte de estas celebraciones del ritual cat\u00f3lico, comenz\u00f3 a ascender con extrema unci\u00f3n los m\u00faltiples escalones que conducen a la planicie en donde fuese erigido el simb\u00f3lico monumento religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras \u00e9l y siguiendo la tradici\u00f3n y el respeto a las normas en esta clase de eventos, fuese desparramando el grueso de la comitiva, hasta llegar al punto de quedar abarrotado todo el espacio circular alrededor del calvario de tres cruces, con el cura dispuesto a oficiar la misa y la muchedumbre preparada para escuchar el mensaje sagrado en total silencio y devoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del respeto que demandaba la ocasi\u00f3n, confieso que, hasta ese momento, todav\u00eda bull\u00eda en mi interior, como en el v\u00f3rtice de un hurac\u00e1n, la incertidumbre y el asombro por lo que hab\u00eda estado observando en el curso del recorrido.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la marejada humana se precipit\u00f3, ascendiendo las escalinatas del recinto religioso, por momentos perd\u00ed contacto visual con la at\u00edpica \u2018procesionista\u2019 de marras. Supuse que se hab\u00eda perdido entre el torbellino que, con sobrada raz\u00f3n, se bat\u00eda en forma afanosa en busca de lugares preferenciales desde donde los fieles pudiesen estar en las cercan\u00edas y dentro del \u00e1rea de influencia de la aureola m\u00edstica que habr\u00eda de difuminarse en el entorno y, en consecuencia, m\u00e1s a tono con el mensaje divino que all\u00ed habr\u00eda de ser&nbsp; difundido, en breve.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero resulta ser que, mientras proced\u00eda con la finalizaci\u00f3n del recorrido y me encaminaba, a mi vez, en busca de una ubicaci\u00f3n que me permitiese escuchar con claridad el tan necesario y oportuno mensaje divino, de buenas a primeras pude observar, nueva vez, a la gallina de marras, ascendiendo los escalones, uno a uno y sin mostrar dificultad, ofuscaci\u00f3n ni cansancio, como ser\u00eda lo usual en estos casos. Nueva vez, esta at\u00edpica e incansable caminante exacerbaba mi curiosidad, motivando situaciones inexplicables que escapaban a mi humilde entender.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras resonaban las demoledoras palabras del sacerdote implorando por la vigencia del respeto a la vida, la paz y el amor, &nbsp;entre el torbellino de creyentes y piadosos que abarrotaban, aquella madrugada, la dilatada escalinata, la planicie, las banquetas y todo el entorno de la estructura, la imagen de la sorpresiva visitante se perdi\u00f3 de repente entre la muchedumbre,<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026 y jam\u00e1s le volv\u00ed a ver!<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella sinigual experiencia, que ocurri\u00f3 un Viernes Santo, se qued\u00f3 &nbsp;grabada en m\u00ed &nbsp;como un nost\u00e1lgico recuerdo que quise desempolvar este d\u00eda, en homenaje fraternal a Ch\u00edo Villalona, quien, con puntualidad meridiana, asiste cada a\u00f1o a esta cita de los dajaboneros con la espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sergio Reyes II. Escritor costumbrista, investigador hist\u00f3rico y comunicador. <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>SERGIO HIPOLITO REYES ARRIAGA<a target=\"_blank\" href=\"mailto:sergioreyes1306@gmail.com\" rel=\"noreferrer noopener\">sergioreyes1306@gmail.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sergio Reyes II. Una marejada humana compuesta por varios centenares de fieles de la grey cat\u00f3lica y uno que otro curioso atrapado en la envolvente magia de un singular evento religioso, se desplaza, en procesi\u00f3n, por una de las calles principales de la taciturna poblaci\u00f3n. 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