{"id":39366,"date":"2016-08-23T02:07:20","date_gmt":"2016-08-23T02:07:20","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.ddns.net\/?p=39366"},"modified":"2016-08-23T02:07:20","modified_gmt":"2016-08-23T02:07:20","slug":"cuando-la-verdad-de-la-guerra-se-filtra-en-nuestro-mundo-de-ilusiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=39366","title":{"rendered":"Cuando la verdad de la guerra se filtra en nuestro mundo de ilusiones"},"content":{"rendered":"<p><body><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Jorge Majfud<\/strong><\/p>\n<\/p>\n<p><strong>ALAI AMLATINA, 22\/08\/2016.- <\/strong>Umberto Eco, en alguna p\u00e1gina de La definizione dell?arte (1968), dec\u00eda que un objeto cualquiera que encontramos en la calle se resignifica al ser puesto en un museo. Su valor, art\u00edstico y semi\u00f3tico, radica en la descontextualizaci\u00f3n. Algo similar hab\u00edan entendido los formalistas rusos cuando a principios del siglo pasado analizaron la importancia de la (\u00bfc\u00f3mo decirlo?) agramaticalidad de un verso para arrastrar la atenci\u00f3n del lector en la palabra imprevista, inusual. De esa forma, un engranaje, un sustantivo, cobraban un nuevo significado, m\u00e1s potente, m\u00e1s aut\u00f3nomo (los modernistas hispanoamericanos ya hab\u00edan experimentado con esto en el siglo XIX).<\/p>\n<\/p>\n<p>Esta din\u00e1mica semi\u00f3tica se confirma en los fen\u00f3menos de la globalizaci\u00f3n digital, donde interviene la fr\u00eda indiferencia del fen\u00f3meno y la insoportable tragedia del dolor moral.<\/p>\n<\/p>\n<p>El reciente video donde se muestra la reacci\u00f3n sin llanto ni l\u00e1grimas de un ni\u00f1o v\u00edctima de los bombardeos a\u00e9reos en Alepo, Siria, se convirti\u00f3 en eso que tan dudosamente se llama viral. Cada tanto el mundo se conmueve con estos rostros de v\u00edctimas inocentes. Un caso similar fue el de Aylan Kurdi, otro ni\u00f1o sirio ahogado en el intento de sus padres de llegar a las costas de Europa.<\/p>\n<\/p>\n<p>Ambas tragedias tienen, obviamente, muchos elementos en com\u00fan. Pero ambas reacciones medi\u00e1ticas tambi\u00e9n. Tanto en el caso del ni\u00f1o muerto en la playa griega de Kos como en el de Alepo, el elemento com\u00fan que los convierte en \u00abvirales\u00bb es la descontextualizaci\u00f3n, no en el descubrimiento de ninguna verdad sobre las guerras en curso y los abusos ya tradicionales de la fuerza.<\/p>\n<\/p>\n<p>Desde la invasi\u00f3n de Irak y desde mucho antes (Vietnam, L\u00edbano, Guatemala, Palestina, Sahara Occidental, Sierra Leona, Nigeria&#8230; por nombrar s\u00f3lo unos pocos, los m\u00e1s olvidados de los \u00faltimos a\u00f1os) hemos visto ni\u00f1os cubiertos de polvo, despedazados y masacrados en n\u00fameros escandalosos. Ninguna de esas im\u00e1genes produjo las reacciones en masa que hemos visto en los \u00faltimos casos mencionados.  <\/p>\n<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<\/p>\n<p>Bueno, creo que no hace falta ser un genio para darse cuenta que la explicaci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de moral, es psicol\u00f3gica. En ambos casos, los ni\u00f1os extrapolaban sus dramas (lejanos para Occidente y para el Oriente y el Medio Oriente rico) a un contexto familiar, propio de pa\u00edses desarrollados o, al menos, no en guerra. La playa de Kos era una playa europea, alejada del conflicto; el guardia turco que lo recogi\u00f3 con sus guantes de l\u00e1tex, pod\u00eda ser alguien que conocemos de nuestras playas occidentales.<\/p>\n<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s evidente es el reciente caso de Omran, en Alepo.<\/p>\n<\/p>\n<p>El primer elemento remarcable es la ausencia de llanto de Omran, la constataci\u00f3n de estar herido al tocar su cara y ver su mano ensangrentada. El gesto dolorosamente humilde de ese peque\u00f1o inocente que, casi como si no debiera, se limpia la sangre de su mano en el impecable sill\u00f3n naranja y mira t\u00edmidamente a su alrededor. Su gesto significa, aunque sea por aturdimiento o confusi\u00f3n, todo lo que no esperar\u00edamos de un ni\u00f1o de cinco a\u00f1os: la ausencia de llanto en medio de una tragedia que nuestros hijos nunca han vivido. Nuestros hijos saben llorar, y en un mundo consumista pr\u00e1cticamente lloran por todo. Omran ni siquiera puede darse el lujo de llorar.<\/p>\n<\/p>\n<p>Pero vayamos a un elemento menos evidente, aunque es lo primero que vemos: la composici\u00f3n de la imagen. El ni\u00f1o desdibujado por las heridas de los escombros y el polvo del ataque a\u00e9reo (cuyo objetivo era protegerlo; no vamos a poner en tela de juicio el buen coraz\u00f3n de las potencias mundiales) es sentado en un impecable sill\u00f3n naranja, al lado de otros equipos impecablemente naranjas de los socorristas.<\/p>\n<\/p>\n<p>De por s\u00ed se establece un brutal contraste visual. Pero a\u00fan m\u00e1s marcado es el contraste simb\u00f3lico: la fragilidad, la inocencia, extrapolada a nuestro mundo, el mundo moderno, impecable, funcional &#8211;civilizado.<\/p>\n<\/p>\n<p>Por transferencia simb\u00f3lica, el ni\u00f1o pasa a ser uno de nuestros vecinos o uno de nuestros propios familiares viviendo una tragedia que no podemos contemplar sin conmovernos, sin movernos a contribuir en algo para aliviar esa tragedia, casi como alguien que le ofrece una aspirina a un enfermo de c\u00e1ncer. Con todo, quiz\u00e1s, \u00e9ste es el lado m\u00e1s positivo de toda la sensibilidad de aquellos que no viven en guerra.<\/p>\n<\/p>\n<p>Y, sin embargo, casi por norma, luego de la catarsis que nos demuestra todo lo bueno que somos, la mayor\u00eda siempre est\u00e1 dispuesta a olvidar o a hundirse en la inacci\u00f3n.<\/p>\n<\/p>\n<p>Me dir\u00e1n que el juicio de \u00abla mayor\u00eda siempre est\u00e1 dispuesta a olvidar\u00bb es injusto o arbitrario. Cierto, es muy dif\u00edcil cuantificar este grupo; ni siquiera podr\u00eda cometer la soberbia de excluirme. Sin embargo, a juzgar por la interminable tradici\u00f3n de guerras y contraguerras, de invasiones e intervenciones que normalmente preceden a las guerras civiles y a los grupos terroristas que en consecuencia florecen y se multiplican y luego justifican nuevas intervenciones y m\u00e1s bombas, parecer\u00eda que, efectivamente, el poder siempre cuenta con una mayor\u00eda de indiferentes que cada tanto se conmueve hasta las l\u00e1grimas cuando descubre las consecuencias de sus malas elecciones de las que nunca llegan a aceptar ninguna responsabilidad.<\/p>\n<\/p>\n<p>&#8211; Jorge Majfud, PhD, Universidad de Jacksonville .  Facultad de Artes y Humanidades de Sciences.Division.<\/p>\n<p>jmajfud@ju.edu \/ majfud@gmail.com<\/p>\n<\/p>\n<p>URL de este art\u00edculo: http:\/\/www.alainet.org\/es\/articulo\/179641<\/p>\n<p>Te invitamos a sostener el trabajo de ALAI. <\/p>\n<p>Contribuciones: http:\/\/alainet.org\/donaciones.php<\/p>\n<\/p>\n<p>Mas informacion: http:\/\/alainet.org<\/p>\n<p>FaceBook: http:\/\/facebook.com\/America.Latina.en.Movimiento<\/p>\n<p>Twitter: http:\/\/twitter.com\/ALAIinfo<\/p>\n<p>RSS: http:\/\/alainet.org\/rss.phtml <\/p>\n<\/p>\n<p>______________________________________<\/p>\n<p>Agencia Latinoamericana de Informacion<\/p>\n<p>email: info@alainet.org<\/p>\n<h6> 2016-08-23 02:07:20 <\/h6>\n<p><!--\n<link rel=\"stylesheet\" href=\"css\/bootstrap.min.css\">\n\n\n<ul class=\"pagination\">\n\t    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=2685'>Previous<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n       \n    \n\n<li><a href='?page_no=1'>1<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2'>2<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2684'>2684<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2685'>2685<\/a><\/li>\n\n\n\n<li class='active'><a>2686<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2687'>2687<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2688'>2688<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13611'>13611<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13612'>13612<\/a><\/li>\n\n    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=2687'>Next<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n    \n\n<li><a href='?page_no=13612'>Last &rsaquo;&rsaquo;<\/a><\/li>\n\n<\/ul>\n\n\n--><br \/>\n<\/body><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge Majfud ALAI AMLATINA, 22\/08\/2016.- Umberto Eco, en alguna p\u00e1gina de La definizione dell?arte (1968), dec\u00eda que un objeto cualquiera que encontramos en la calle se resignifica al ser puesto en un museo. 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