{"id":37500,"date":"2007-01-30T03:00:46","date_gmt":"2007-01-30T03:00:46","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.ddns.net\/?p=37500"},"modified":"2007-01-30T03:00:46","modified_gmt":"2007-01-30T03:00:46","slug":"tribuna-antonio-munoz-molina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=37500","title":{"rendered":"TRIBUNA: ANTONIO MU\u00d1OZ MOLINA"},"content":{"rendered":"<p><body><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong class=\"titulogrande1\"><em>TRIBUNA: ANTONIO MU\u00d1OZ MOLINA <\/em><\/strong><br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n    <strong><em>Estado de delirio<\/em><\/strong><br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    <span class=\"text1noticias\">La  pol\u00edtica espa\u00f1ola resulta tan dif\u00edcil de explicar al extranjero porque est\u00e1  toda entera contaminada de delirios, algunos de ellos tan difundidos, tan  arraigados, que casi todo el mundo ya los confunde con la realidad. El delirio  ha sustituido a la racionalidad o al sentido com\u00fan en casi todos los discursos  pol\u00edticos, y los personajes p\u00fablicos atrapados en \u00e9l lo difunden entre la  ciudadan\u00eda y se alimentan a su vez de los delirios verbales y escritos de unos  medios informativos que en vez de informar alientan una incesante palabrer\u00eda  opinativa. La actualidad no trata de las cosas que ocurren, sino de las  palabras que dicen los pol\u00edticos, de los cuales no se conoce apenas otra cosa  que sus exabruptos verbales. En ning\u00fan pa\u00eds que yo conozca los titulares est\u00e1n  tan hechos casi exclusivamente de declaraciones entrecomilladas. El que llega  de fuera se ve asaltado, nada m\u00e1s subir al taxi en el aeropuerto, por un  zumbido perpetuo de opinadores que someten a escrutinio las declaraciones y  contradeclaraciones previamente enunciadas por los charlistas de la pol\u00edtica.  Da la sensaci\u00f3n de haber entrado en un bar de barra pringosa en el que el humo  de la palabrer\u00eda fuera m\u00e1s denso que el del tabaco, y en el que un n\u00famero considerable  de afirmaciones tajantes parece dictado por la ofuscaci\u00f3n de una copa matinal  de co\u00f1ac.<br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    El  delirio contamina todos los saberes y con frecuencia termina por sustituirlos  del todo. Hay una geograf\u00eda delirante, que se manifiesta, por ejemplo, en los  textos escolares y en los mapas de las noticias sobre el tiempo, y en virtud de  la cual cada comunidad aut\u00f3noma es una isla rodeada de un gran espacio en  blanco y sin nombre o se dilata para abarcar territorios so\u00f1ados. Casi  cualquier delirio es un delirio de grandeza. El Pa\u00eds Vasco abarca en los mapas  Navarra y una parte de Francia: Catalu\u00f1a se extiende hacia el norte y a lo  largo del Levante y por las islas del Mediterr\u00e1neo, en un ejercicio de  megaloman\u00eda geogr\u00e1fica que se parece bastante al de los reinos que don Quijote  imaginaba que conquistar\u00eda con su bravura de caballero andante. Galicia se  agranda por las anchuras atl\u00e1nticas de la lusofon\u00eda y por los confines de  niebla de los reinos celtas. Y no quiero pensar qu\u00e9 ocurrir\u00e1 cuando los  cerebros pol\u00edticos de mi tierra natal descubran por azar alg\u00fan libro en el que  se muestre que hubo una \u00e9poca en la que el territorio de Al-Andalus cubri\u00f3 casi  entera la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica y una parte del norte de \u00c1frica.<br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    La  geograf\u00eda fant\u00e1stica se corresponde con el delirio ling\u00fc\u00edstico: en esos mundos  virtuales el espa\u00f1ol es un idioma molesto y residual que s\u00f3lo hablan guardias  civiles, emigrantes y criadas, y que por lo tanto no merece m\u00e1s de dos horas de  ense\u00f1anza semanal en las escuelas, aparte de comentarios despectivos sobre su  rusticidad y su pat\u00e9tico provincianismo. Al fin y al cabo s\u00f3lo se habla en tres  continentes. Cuando no hay modo de prescindir de este idioma al parecer  extranjero que sin embargo es el \u00fanico de verdad com\u00fan de toda la ciudadan\u00eda,  se le desfigura en lo posible con una ortograf\u00eda delirante, que debe de ser un  enigma para la inmensa mayor\u00eda de los cientos de millones de hablantes que lo  tienen como propio. Y cuando los jerarcas de tales patrias viajan por el mundo  se convencen a s\u00ed mismos en su delirio de que hablan ingl\u00e9s, para no rebajarse  a la indignidad de hablar espa\u00f1ol: pero con raras excepciones hablan ingl\u00e9s tan  mal y con un acento espa\u00f1ol tan inconfundible que s\u00f3lo los entienden los  espa\u00f1oles diseminados entre el p\u00fablico, que constituyen, por otra parte, la  mayor\u00eda de \u00e9ste. Los dignatarios -da igual el partido o el territorio al que  pertenezcan- cultivan un delirio grandioso de pol\u00edtica internacional, y viajan  por el mundo con s\u00e9quitos m\u00e1s propios de s\u00e1trapas que de gobernantes  democr\u00e1ticos, con jefes de prensa y de protocolo, con asesores, con  periodistas, con fot\u00f3grafo de corte y c\u00e1maras de televisi\u00f3n, incluso con  pensadores \u00e1ulicos, en alg\u00fan caso muy selecto. Se alojan en los mejores hoteles  y gastan el dinero p\u00fablico con una magnanimidad de jeques petrol\u00edferos. Viajan  con el pasaporte de un pa\u00eds cuya existencia niegan y utilizan los servicios  diplom\u00e1ticos y consulares de un Estado al que no se consideran vinculados por  ninguna obligaci\u00f3n de lealtad, y aseguran que el motivo de tales viajes es la  promoci\u00f3n internacional de sus respectivas patrias, provincias, principados, o  reinos: obtienen, es verdad, una gran cobertura medi\u00e1tica, si bien no en los  peri\u00f3dicos del pa\u00eds que han visitado, sino en los de la comunidad o comarca de  origen, en la que todo el mundo parece aceptar sin sospecha el delirio de los  resultados provechosos del viaje, as\u00ed como la cuantiosa inversi\u00f3n necesaria  para que sus excelencias celebren en Nueva York o en Melbourne una mariscada  suculenta de la que habr\u00edan disfrutado lo mismo sin marcharse tan lejos, o  hagan unas declaraciones a la televisi\u00f3n auton\u00f3mica o al diario local a seis  mil kil\u00f3metros de distancia.<br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    El  delirio afecta lo mismo al pasado que al presente, por no hablar del porvenir.  Jovenzuelos malcriados que disfrutan de uno de los niveles de vida m\u00e1s altos  del mundo se adornan de un corte de pelo carcelario y de un pa\u00f1uelo palestino y  se imaginan que participan en una intifada o en un mot\u00edn kurdo o irland\u00e9s  quemando los cajeros autom\u00e1ticos de sus opulentas instituciones bancarias  y los autobuses de un servicio municipal de transportes lujosamente  subvencionado, sin correr m\u00e1s peligro que el de un siempre desagradable  enfriamiento despu\u00e9s de la carrera delante de los paternales polic\u00edas. En la  escuela les han ense\u00f1ado geograf\u00eda fant\u00e1stica y una historia mitol\u00f3gica  inspirada en folletines truculentos del siglo XIX. Los tebeos de Ast\u00e9rix y las  columnas de astrolog\u00eda de las revistas del coraz\u00f3n son m\u00e1s rigurosos que la  mayor parte de sus libros de texto, pero tienen efectos menos t\u00f3xicos sobre las  conciencias.<br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    El  delirio no s\u00f3lo determina las historias que se cuentan en la escuela. Una  editorial de prestigio le encarga a un escritor un libro sobre la ca\u00edda de  Barcelona al final de la guerra. Al escritor no le cuesta confirmar lo que sabe  o sab\u00eda todo el mundo: que las tropas de Franco fueron recibidas en Barcelona  por una muchedumbre entusiasta -ya observ\u00f3 Napole\u00f3n que en cualquier gran  ciudad hay siempre cien mil personas dispuestas a vitorear a quien sea- y que  en el ej\u00e9rcito vencedor y entre la nueva clase dirigente hab\u00eda un n\u00famero  considerable de catalanes. Al escritor le dicen que el libro no puede  publicarse, sin embargo: no porque cuente mentiras, sino porque las verdades  que cuenta no se ajustan al delirio oficial sobre el pasado, seg\u00fan el cual la Guerra Civil espa\u00f1ola  fue una guerra de Espa\u00f1a contra Catalu\u00f1a, y ning\u00fan catal\u00e1n fue c\u00f3mplice de los  zafios invasores, igual que ning\u00fan vasco llev\u00f3 la boina roja de los requet\u00e9s en  el ej\u00e9rcito de Franco.<br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    El  delirio niega la realidad pero puede tener efectos devastadores sobre ella. En  Espa\u00f1a no queda nadie o casi nadie que simpatice de verdad con el fascismo o  con el comunismo, y sin embargo se oye con frecuencia creciente que al  adversario se le califica de facha o de rojo, con una insensatez verbal que  hiela la sangre, y que revela una voluntad de ruptura de la concordia civil  copiada de lo peor de los a\u00f1os treinta. Cuando a uno lo pueden llamar <em>rojo<\/em> por creer que el atentado del 11 de marzo lo cometieron terroristas isl\u00e1micos o  fascista por no eludir siempre la palabra \u00abEspa\u00f1a\u00bb o defender la Constituci\u00f3n de 1978  est\u00e1 claro que el debate pol\u00edtico ha ca\u00eddo en un extremo irreparable de  delirio.<br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    Por  culpa del delirio de Jos\u00e9 Mar\u00eda Aznar nos vimos involucrados en una guerra de  Irak que ya era en s\u00ed misma otro delirio y en la que no cont\u00e1bamos militarmente  para nada, pero que encon\u00f3 el clima pol\u00edtico del pa\u00eds y nos hizo m\u00e1s  vulnerables a la amenaza del terrorismo integrista. Pose\u00eddo por un delirio en  el que ya ver\u00eda a s\u00ed mismo coronado por los laureles de la Paz, esa bella palabra, el  actual presidente no consider\u00f3 oportuno prestar atenci\u00f3n a los muchos indicios  que ven\u00edan avisando de que su negociaci\u00f3n con los pistoleros y con los socios y  beneficiarios de \u00e9stos no iba por buen camino. Tratar con g\u00e1nsteres puede ser a  veces tristemente necesario, pero conlleva el peligro de que los g\u00e1nsteres  tomen por blandura la benevolencia cautelosa del interlocutor y al menor  contratiempo vuelquen la mesa de p\u00f3quer y se l\u00eden a tiros. Que los servicios  secretos no hubieran advertido lo que se aproximaba no tiene mucho de extra\u00f1o,  ya que tales servicios, casi en cualquier parte del mundo, se caracterizan por  no enterarse de nada, contra lo que sugiere una extendida superstici\u00f3n  literaria y cinematogr\u00e1fica: lo asombroso es que nadie en el entorno  presidencial leyera los peri\u00f3dicos. La insolencia creciente de las hordas  v\u00e1ndalas del norte, las cartas de chantaje y amenaza, los robos de pistolas y  de explosivos, el descaro con que los terroristas presos amenazaban de muerte a  los magistrados que los juzgaban (ante el apocado retraimiento, por cierto, de  los polic\u00edas encargados de reducirlos, quiz\u00e1s temerosos de provocarles una  luxaci\u00f3n si les pon\u00edan las esposas desconsideradamente): es incre\u00edble la cantidad  de cosas que uno puede no ver cuando se empe\u00f1a en cerrar los ojos.<br \/>&#13;<br \/>\n    <br \/>&#13;<br \/>\n    Tambi\u00e9n  es llamativa la complacencia con que tantas personas de izquierda han resuelto  en los \u00faltimos a\u00f1os abolir toda actitud que no sea de inquebrantable adhesi\u00f3n  al Gobierno. He le\u00eddo textos conmovidos sobre la felicidad de estar \u00abal  lado de mi presidente\u00bb, y escuch\u00e9 hace poco en la radio a un entusiasta  que llevaba su fervor hasta un extremo de marcialidad, asegurando que \u00e9l, en  estas circunstancias, se pon\u00eda \u00abdetr\u00e1s de nuestro capit\u00e1n, en primer  tiempo de saludo\u00bb, tal vez no el tipo de incondicionalidad m\u00e1s adecuado  para el primer ministro de una democracia. <br \/>&#13;<br \/>\n*<\/span><\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\"><span class=\"text1noticias\"> Quiz\u00e1s uno, como va cumpliendo a\u00f1os  -enfermedad pol\u00edtica que denunciaba hace poco en estas mismas p\u00e1ginas Suso de  Toro, a quien cabe suponer venturosamente libre de ella- conserva el recuerdo  de otra \u00e9poca en la que las personas de izquierdas pod\u00edamos ser muy cr\u00edticas y  hasta en ocasiones hostiles hacia otro gobierno socialista, o por lo menos no  incondicionales hasta la genuflexi\u00f3n, hasta las l\u00e1grimas. No digo que no haya  motivos para oponerse a una deplorable Oposici\u00f3n, avinagrada y sombr\u00eda, que no  parece capaz de desprenderse de su propio delirio de conspiraciones, y en la  que todo el talento de sus dirigentes da la impresi\u00f3n de estar puesto al  servicio, sin duda generoso, de favorecer a sus adversarios. Lo que me  sorprende es este nuevo concepto de la rebeld\u00eda y de disidencia, que consiste  en rebelarse contra los que no est\u00e1n en el poder y en disentir de casi todo  salvo de las doctrinas y las directrices oficiales. El delirio perfecto, sin  duda: disfrutar de todas las ventajas de lo establecido imaginando  confortablemente que uno vuelve a vivir en una rejuvenecedora rebeld\u00eda,  inconformista y a la vez enchufado, obsequioso con el que manda y sin  remordimientos de conciencia, gritando las viejas y queridas consignas, como si  el tiempo no hubiera pasado, en la zona VIP de las manifestaciones, enaltecido  a estas alturas de la edad por una c\u00e1psula de Viagra ideol\u00f3gica.<br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  <strong class=\"textopq1\">ANTONIO MU\u00d1OZ MOLINA<\/strong> <strong>27\/01\/2007<\/strong>\u00a0<\/span><span class=\"linksnoticias\"> El Pa\u00eds <\/span><span class=\"text1noticias\"><br \/>&#13;<br \/>\n  <br \/>&#13;<br \/>\n  <\/span><span class=\"textopq1\"><strong class=\"textogrande\">Antonio Mu\u00f1oz Molina<\/strong> es escritor.<\/span><\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<h6> 2007-01-30 03:00:46 <\/h6>\n<p><!--\n<link rel=\"stylesheet\" href=\"css\/bootstrap.min.css\">\n\n\n<ul class=\"pagination\">\n\t    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=13256'>Previous<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n       \n    \n\n<li><a href='?page_no=1'>1<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2'>2<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13255'>13255<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13256'>13256<\/a><\/li>\n\n\n\n<li class='active'><a>13257<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13258'>13258<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13259'>13259<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13611'>13611<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13612'>13612<\/a><\/li>\n\n    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=13258'>Next<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n    \n\n<li><a href='?page_no=13612'>Last &rsaquo;&rsaquo;<\/a><\/li>\n\n<\/ul>\n\n\n--><br \/>\n<\/body><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TRIBUNA: ANTONIO MU\u00d1OZ MOLINA &#13; &#13; Estado de delirio&#13; &#13; La pol\u00edtica espa\u00f1ola resulta tan dif\u00edcil de explicar al extranjero porque est\u00e1 toda entera contaminada de delirios, algunos de ellos tan difundidos, tan arraigados, que casi todo el mundo ya los confunde con la realidad. 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