{"id":35213,"date":"2009-01-07T21:41:39","date_gmt":"2009-01-07T21:41:39","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.ddns.net\/?p=35213"},"modified":"2009-01-07T21:41:39","modified_gmt":"2009-01-07T21:41:39","slug":"juan-bosch-el-origen-de-un-nombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=35213","title":{"rendered":"Juan Bosch: el origen de un nombre"},"content":{"rendered":"<p><body><\/p>\n<p class=\"titulogrande1\">Juan  Bosch: el origen de un nombre<\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\" class=\"text1noticias\">Por  Rafael Garc\u00eda Romero<\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\" class=\"text1noticias\">El  Juan Bosch que hab\u00eda llegado del exilio para correr como candidato a la  Presidencia de la Rep\u00fablica era un hombre cincuent\u00f3n, de aventajada estatura,  canoso. Pocas personas recordaban que de joven hab\u00eda sido rubio. De ojos  verdes, mirada penetrante y manos grandes, fuertes, acogedoras. A todo el que  saludaba lo percib\u00eda inmediatamente; fumador empedernido. S\u00f3lo consum\u00eda <em>Cremas<\/em> sin filtro. Ten\u00eda los dedos de la  mano derecha estropeados por la nicotina. El tabaco march\u00f3 una generaci\u00f3n de  l\u00edderes latinoamericanos. Fidel Castro fumaba habanos y Juan Bosch s\u00f3lo  cigarrillos; y los dos decidieron dejar de fumar. Uno y otro entendieron que  hab\u00eda que predicar con el ejemplo y abandonaron el vicio. <\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\" class=\"text1noticias\">El  profesor hablaba y su voz resultaba agradable, cautivadora. No importaba qu\u00e9  dijera; siempre era interesante escucharlo. Nadie le dec\u00eda Juan Bosch, aunque  ese era su nombre. A lo sumo \u00abDon Juan\u00bb o simplemente  \u00abProfesor\u00bb. No era habitual que hablara de s\u00ed mismo. <\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\" class=\"text1noticias\">Una  vez, inevitablemente, lo hizo; y habl\u00f3 de \u00e9l, pero para citar un consejo que  recibi\u00f3 de Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a para que hiciera una poda a su nombre y lo  usara siempre de manera invariable. Entonces lo explic\u00f3 de la forma siguiente:  \u00abSi  el nombre con que se me conoce es de dos s\u00edlabas, se lo debo a Pedro Henr\u00edquez  Ure\u00f1a porque un buen d\u00eda, cuando yo andaba por los veinte y tres a\u00f1os, el  ilustre ensayista me aconsej\u00f3 que no siguiera usando la E que aparec\u00eda en cada  uno de los cuentos que publicaba en <em>Bahoruco<\/em>,  la revista de Horacio Blanco Fombona, metida y seguida de un punto entre las  palabras Juan y Bosch\u00bb.<\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\" class=\"text1noticias\">El consejo le sirvi\u00f3 para  hacer historia. Explic\u00f3 que Henr\u00edquez Ure\u00f1a entonces era el Superintendente  General de Ense\u00f1anza; y que todav\u00eda la alta direcci\u00f3n de la educaci\u00f3n p\u00fablica  dominicana no estaba encabezada por un secretario de Estado. Juan Bosch habl\u00f3  con \u00e9l en la casa de la calle El Conde donde viv\u00eda con su hermano, el  doctor\u00a0 Rodolfo Henr\u00edquez Lauraz\u00f3n, que  hab\u00eda venido de Cuba, donde la \u00fanica universidad del pa\u00eds, la de La Habana,  hab\u00eda sido cerrada por la dictadura de Gerardo Machado. \u00abEn esa ocasi\u00f3n  que no era la primera fui a verlo para llevarle dos cuentos que don Pedro  quer\u00eda mandar a revistas literarias del Continente, una de ellas la bien  conocida <em>Repertorio Americano<\/em> que  publicaba en la capital de Costa Rica el cuentista Joaqu\u00edn Garc\u00eda Monge, y los  dos cuentos iban firmados por <em>Juan Bosch<\/em> en vez del \u00abJuan E. Bosch\u00bb, que hab\u00eda sido el nombre usado por mi  hasta ese d\u00eda.<\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<p align=\"justify\" class=\"text1noticias\">El profesor recordaba que una  semana antes, \u00abel maestro de la lengua que era Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a me  hab\u00eda preguntado, en ocasi\u00f3n en que nos hall\u00e1bamos en el Caf\u00e9 Paliza, de la  calle El Conde, qu\u00e9 quer\u00eda decir esa E que aparec\u00eda entre Juan y Bosch.  \u00abEs que yo me llamo Juan Emilio\u00bb, le respond\u00ed, y pas\u00e9 a explicarle  quo como no me gustaba el \u00faltimo nombre usaba solo su inicial; y en la ocasi\u00f3n  en que me aconsejaba, poco despu\u00e9s, que no usara m\u00e1s la E me dijo:  \u00abOlv\u00eddese de esa E, que para lo \u00fanico que le sirve a usted es para  confundir a sus lectores\u00bb, y a seguidas inquiri\u00f3: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 pone  usted una letra sola en medio de un nombre tan sonoro como Juan y su apellido,  que se pronuncia sin ning\u00fan esfuerzo?\u00bb. Y remach\u00f3 lo que estaba diciendo  con estas palabras: \u00abEn cambio, es muy f\u00e1cil recordar un nombre de dos  s\u00edlabas, por ejemplo, Juan Bosch, como era f\u00e1cil de recordar Mark Twain\u00bb.<\/p>\n<p>&#13;<\/p>\n<h6> 2009-01-07 21:41:39 <\/h6>\n<p><!--\n<link rel=\"stylesheet\" href=\"css\/bootstrap.min.css\">\n\n\n<ul class=\"pagination\">\n\t    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=11198'>Previous<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n       \n    \n\n<li><a href='?page_no=1'>1<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2'>2<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=11197'>11197<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=11198'>11198<\/a><\/li>\n\n\n\n<li class='active'><a>11199<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=11200'>11200<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=11201'>11201<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13611'>13611<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=13612'>13612<\/a><\/li>\n\n    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=11200'>Next<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n    \n\n<li><a href='?page_no=13612'>Last &rsaquo;&rsaquo;<\/a><\/li>\n\n<\/ul>\n\n\n--><br \/>\n<\/body><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Bosch: el origen de un nombre &#13; Por Rafael Garc\u00eda Romero &#13; El Juan Bosch que hab\u00eda llegado del exilio para correr como candidato a la Presidencia de la Rep\u00fablica era un hombre cincuent\u00f3n, de aventajada estatura, canoso. 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