{"id":270586,"date":"2021-04-04T02:14:14","date_gmt":"2021-04-04T06:14:14","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.com\/?p=270586"},"modified":"2021-04-04T02:24:51","modified_gmt":"2021-04-04T06:24:51","slug":"nace-americo-lugo-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=270586","title":{"rendered":"Nace Am\u00e9rico Lugo"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00abPol\u00edtica es amor y tolerancia. Gobernar es amar, porque gobernar es dirigir la educaci\u00f3n de un pueblo y no educa quien odia, ni gobierna quien no pone sobre su cabeza a unos, junto a su pecho a otros y en sus rodillas a la generaci\u00f3n naciente. Gobernar es tolerar porque es armonizar las partes que forman el todo. No armoniza quien segrega, ni gobierna quien no suma los intereses, afectos y opiniones del ciudadano m\u00e1s humilde. No basta la voluntad de gobernar: se necesita la capacidad de hacerlo real y efectivamente\u00bb.&nbsp;<strong>(Am\u00e9rico Lugo a Fabio Fiallo)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por HTN<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Diariodominicano.com<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>SANTO DOMINGO, el 4 de abril de 1870, naci\u00f3 en la ciudad de Santo Domingo, en la calle S\u00e1nchez esquina El Conde, Isidoro Am\u00e9rico Lugo Herrera, hijo de Tom\u00e1s Joaqu\u00edn Lugo y Celia Herrera.<\/p>\n\n\n\n<p>Am\u00e9rico Lugo se destac\u00f3 como abogado e historiador. Su principal obra es la \u00abHistoria de Santo Domingo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Am\u00e9rico Lugo Herrera fue un opositor de la dictadura de Trujillo y se resisti\u00f3 a aceptar funciones p\u00fablicas durante la dictadura.<\/p>\n\n\n\n<p>En lugar de ceder prefiri\u00f3 recluirse en su hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Am\u00e9rico Lugo Herrera muri\u00f3 en la ciudad de Santo Domingo, el 5 de agosto de 1952. Algunos historiadores han apuntado que falleci\u00f3 el 4 de Agosto del mismo a\u00f1o 1952.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Obras Escogidas I y II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la presentaci\u00f3n de Obras Escogidas I y II, la Fundaci\u00f3n Corripio, patrocinadora de la edici\u00f3n anota: \u00abDisc\u00edpulo amant\u00edsimo de Eugenio Mar\u00eda de Hostos, gran parte de su conducta c\u00edvica est\u00e1 inspirada en las prendas de la moral social del sabio maestro puertorrique\u00f1o. El hecho de no haber conciliado el modelo hostosiano de finales del siglo XIX, con una visi\u00f3n ecl\u00e9ctica al modelo dominicano del siglo XX fue su gran tragedia, aisl\u00e1ndolo de toda posibilidad de participaci\u00f3n en un eventual proceso de transformaci\u00f3n \u00e9tica con la participaci\u00f3n de sus mejores hijos. Finalmente su hogar le sirvi\u00f3 de refugio, aisl\u00e1ndose del mundo exterior.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAbogado de un prolongado ejercicio, ensayista como historiador, fue el primero entre nuestros investigadores en recibir oficialmente el encargo de explorar los archivos europeos, especialmente el de Indias, en procura de poner a disposici\u00f3n de los historiadores locales y extranjeros las fuentes primarias de nuestro pasado colonial. Gran parte del resultado de esa labor, realizada en condiciones un tanto artesanal, por no disponer entonces de los actuales recursos t\u00e9cnicos para llevar a cabo este tipo de trabajo, consiste en 97 libretas que contienen importantes informaciones acerca de la historia dominicana, 7702 papeletas y unos 957 documentos. En 1938 se inici\u00f3 su publicaci\u00f3n, comenzando en el No. 1 del Bolet\u00edn del Archivo General de la Naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa Misi\u00f3n Lugo, dispuesta por el presidente Ram\u00f3n C\u00e1ceres, se inici\u00f3 en 1911 y se extendi\u00f3 hasta 1916. Durante ese per\u00edodo explor\u00f3 los archivos y la Biblioteca Nacional de Francia; el Archivo Hist\u00f3rico de Madrid, el Archivo General de Indias, de Sevila, as\u00ed como la Biblioteca de la Ciudad de New York y la Biblioteca del Congreso, con sede en Washington.<\/p>\n\n\n\n<p>Ejerci\u00f3 el periodismo como tribuna para exponer sus ideas al servicio de los mejores intereses de la patria. Fue un nacionalista insobornable, hasta llegar a constituirse en un verdadero paradigma por su vida ejemplar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los editoriales del peri\u00f3dico Patria, fundado por don Am\u00e9rico en 1922 en San Pedro de Macor\u00eds, son ejemplo de sus condiciones c\u00edvicas y \u00e9ticas. El mismo esp\u00edritu se refleja en los art\u00edculos aparecidos en el List\u00edn Diario, en El Nuevo R\u00e9gimen, en El Progreso, en La Cuna de Am\u00e9rica, en Letras y en El Tiempo, as\u00ed como en todos los dem\u00e1s medios nacionales y extranjeros en los que escribi\u00f3 durante su vida activa como profesional del derecho y escritor de fino estilo<\/p>\n\n\n\n<p>y de pensamiento aleccionador.<\/p>\n\n\n\n<p>La tragedia de ciudadanos de la estatura moral del doctor Am\u00e9rico Lugo ha consistido en pensar que nuestro pa\u00eds ha debido ser como ellos lo conceb\u00edan y no como realmente ha sido. De ah\u00ed su frustraci\u00f3n y su incapacidad para sortear las vicisitudes, permitiendo con su ausencia el predominio de los mediocres, lastre que ha contaminado nuestro an\u00f3malo proceso hist\u00f3rico desde Juan Pablo Duarte hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Del Dr. Am\u00e9rico Lugo se ha dicho que por su car\u00e1cter de reciedumbre inquebrantable, es muralla de c\u00edvicas virtudes y trinchera de patriotismo inmaculado. Esto explica su actitud ante la intervenci\u00f3n militar norteamericana de 1916. Ese acto de fuerza, contraviniendo los m\u00e1s elementales principios consignados en los Convenios internacionales, deb\u00eda ser denunciado en todos los escenarios donde tuviera cabida el derecho y la justicia. Y as\u00ed lo hizo, a riesgo de su libertad y de su propia vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Su campa\u00f1a period\u00edstica y sus disertaciones en contra de este ins\u00f3lito hecho motiv\u00f3 en 1920 que la llamada Alta Comisi\u00f3n Militar lo detuviera como a tantos otros patriotas, pero su verticalidad fue de tal magnitud que desconcert\u00f3 al organismo opresor, al punto que aplaz\u00f3 la causa y el fallo no fue pronunciado y se le concedi\u00f3 la libertad mediante el pago de una fianza de $300.00.<\/p>\n\n\n\n<p>El periodista venezolano radicado en Rep\u00fablica Dominicana, Horacio Blanco Fombona, coment\u00f3 el 12 de septiembre de 1920, en las columnas de la revista Letras que \u00e9l dirig\u00eda: \u00abEs esta una muralla m\u00e1s inaccesible que la china, tras la cual se coloca el reo, y coloca tambi\u00e9n al pa\u00eds al colocarse \u00e9l\u00bb. Y Pe\u00f1a Batlle: es \u00abparadigma de dominicanidad. Maestro y gu\u00eda de su generaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa misma actitud irreductible acerca de la intervenci\u00f3n militar norteamericana de don Am\u00e9rico puede verse en los lineamientos program\u00e1ticos del Partido Nacionalista, cuyos estatutos elabor\u00f3 y cuya presidencia ostentaba en 1925.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero como se suele decir que genio y figura hasta la sepultura, con ese mismo esp\u00edritu rechaz\u00f3 directamente a Rafael Le\u00f3nidas Trujillo Molina, a trav\u00e9s de una carta del 13 de febrero de 1936.<\/p>\n\n\n\n<p>En una carta anterior, tambi\u00e9n dirigida al general\u00edsimo Trujillo Molina, el 4 de abril de 1934, le expresa la imposibilidad de aceptar ning\u00fan cargo oficial, ya que se hab\u00edan hecho ofertas en ese sentido, \u00abno solo a causa de mi estado de salud, sino tambi\u00e9n a causa de mi convicci\u00f3n de que el pueblo dominicano no constituye naci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Represent\u00f3 el pa\u00eds en diferentes congresos y conferencias inter nacionales, en las cuales demostr\u00f3 su competencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Su variada bibliograf\u00eda bien puede ser considerada como modelo de voluntad y de dignidad. El 18 de julio de 1935 suscribieron el Dr. Am\u00e9rico Lugo y el Gobierno dominicano un contrato por US5000 para escribir una Historia de la isla de Santo Domingo, desde el descubrimiento hasta 1899, pero a Trujillo se le ocurri\u00f3 decir el 26 de enero de 1936, durante la inauguraci\u00f3n de un acueducto y un mercado en la comunidad de Esperanza, que \u00e9l hab\u00eda confiado a Lugo \u00abescribir, en calidad de Historiador Oficial, la historia del pasado y del presente\u00bb, aseveraci\u00f3n que Lugo rechaz\u00f3 tajantemente. Entend\u00eda que \u00abhistori\u00f3grafo e historiador oficial huele a palaciego o cortesano, y yo soy la ant\u00edtesis de todo eso\u00bb, y, adem\u00e1s, para \u00e9l \u00abla virtud y la ambici\u00f3n son en principio incompatibles\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Su obra, en total, comprende 26 t\u00edtulos, entre otros: A punto largo (1901), donde dej\u00f3 consignado que \u00abgobernar es amar\u00bb; Heliotropo (1903; Ensayos dram\u00e1ticos (1906); Bibliograf\u00eda (1906); Camafeos (1919); Los restos de Col\u00f3n (1927); Baltasar L\u00f3pez de Castro y la despoblaci\u00f3n del norte de la Espa\u00f1ola (1947); Recopilaci\u00f3n diplom\u00e1tica relativa a las colonias francesa y espa\u00f1ola de la isla de Santo Domingo (1640-1701), tomo tercero de la Colecci\u00f3n Trujillo (1944); Am\u00e9rico Lugo. Antolog\u00eda. Selecci\u00f3n, introducci\u00f3n y notas de Vetilio Alfau Dur\u00e1n. Librer\u00eda Dominicana (1949); Antolog\u00eda de Am\u00e9rico Julia, compilada por Julio Jaime Julia; tres tomos (1976-1977-1978): Edad Media de la Isla Espa\u00f1ola. Historia de Santo Do mingo, desde el 1556 hasta 1608. (1952).<\/p>\n\n\n\n<p>Con atributos m\u00e1s que sobrados se inserta don Am\u00e9rico en los vol\u00famenes XIV-XV-XVI de la Biblioteca de Cl\u00e1sicos Dominicanos, presentados por la autorizada pluma del licenciado Roberto Cass\u00e1, quien considera que \u00abLugo incorpor\u00f3 a plenitud las ense\u00f1anzas de Hostos, liberales, democr\u00e1ticas y racionalistas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esas ideas vivi\u00f3 y con ellas baj\u00f3 a la tumba el 4 de agosto de 1952, en un ambiente de soledad, casi inadvertido, anota la Fundaci\u00f3n Corripio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Carta de Am\u00e9rico a Trujillo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ciudad Trujillo, Distrito de Santo Domingo,<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>13 de Febrero de 1936<\/p>\n\n\n\n<p>General\u00edsimo<\/p>\n\n\n\n<p>Rafael L. Trujillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Presidente de la Rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>CIUDAD<\/p>\n\n\n\n<p>Honorable Presidente:<\/p>\n\n\n\n<p>En el discurso pronunciado por Ud. el 26 de Enero \u00faltimo al inaugurar el acueducto y el mercado de Esperanza, hace Ud. una afirmaci\u00f3n que no puedo dejar pasar por alto, relativa al encargo que, a iniciativa de Ud. me fu\u00e9 propuesto por el gobierno dominicano y que, aceptado por m\u00ed, di\u00f3 ocasi\u00f3n al contrato celebrado entre \u00e9ste y yo en fecha 18 de julio de 1935, y en virtud del cual me he comprometido a escribir una nueva Historia de la Isla de Santo Domingo. Dicha afirmaci\u00f3n es la siguiente: \u00abQue Ud. me ha confiado el encargo de escribir, en calidad de Historiador Oficial, la historia del pasado y del presente\u00bb. (sic)<\/p>\n\n\n\n<p>Me veo en la necesidad de ocupar su elevada atenci\u00f3n para manifestarle que no me considero historiador oficial ni obligado a escribir la historia de lo presente. No me considero historiador oficial, porque mi convenio excluye por naturaleza de toda idea de subordinaci\u00f3n y debe ser cumplido exclusivamente bajo los dictados de mi conciencia. No recibo \u00f3rdenes de nadie y escribo en un rinc\u00f3n de mi casa. Tampoco me considero historiador del presente, porque, por el contrario, la cl\u00e1usula primera de mi contrato con el Gobierno Dominicano excluye de manera expresa el escribir la historia del presente. Dicha cl\u00e1usula dice as\u00ed: \u00abEl doctor Am\u00e9rico Lugo se obliga frente al Gobierno Dominicano a escribir una obra intitulada Historia de la Isla de Santo Domingo, que constar\u00e1 de cuatro vol\u00famenes en octavo, de cuatrocientas p\u00e1ginas, m\u00e1s o menos, cada volumen; la cual comprender\u00e1 el per\u00edodo comprendido entre los a\u00f1os 1492 a 1899, o sea desde el descubrimiento de la isla basta la \u00faltima administraci\u00f3n del Presidente Ulises Heureaux inclusive. A partir de esa fecha, el Dr. Lugo se obliga a hacer en su obra un recuento hist\u00f3rico de las dem\u00e1s administraciones\u00bb. \u00abRecuento\u00bb significa: Enumeraci\u00f3n, inventario\u00bb. En consecuencia, recuento hist\u00f3rico significa una enumeraci\u00f3n de sucesos hist\u00f3ricos; pero de ning\u00fan modo significa escribir la historia de dichos sucesos. Y un recuento es lo \u00fanico a que me he obligado, a contar de 1899 o sea de la \u00faltima administraci\u00f3n del Presidente Heureaux. El t\u00edtulo de historiador oficial carec\u00eda de sentido aplicado a un historiador del pasado. No podr\u00eda referirse sino a la persona nombrada para escribir la historia de la administraci\u00f3n actual; y la historia de la administraci\u00f3n actual est\u00e1 excluida de mi Contrato, con el Gobierno Dominicano, como lo est\u00e1 la de todas las dem\u00e1s administraciones p\u00fablicas posteriores al 26 de julio de 1899. Yo manifest\u00e9 al enviado de Ud. que mi deseo era y hab\u00eda sido siempre no escribir historia sino hasta el a\u00f1o 1886 solamente. Se me arguy\u00f3 que mi historia quedar\u00eda muy atr\u00e1s para los estudiantes; y en obsequio de \u00e9stos convine en alargarla hasta 1899 y en hacer un recuento o enumeraci\u00f3n de sucesos hist\u00f3ricos a contar de esa fecha, pero nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>A Ud. no pod\u00eda sorprenderle que yo me negase a traspasar en mi historia, los linderos del siglo XX. Ud. recordar\u00e1 que en Marzo de 1934 Ud. me ofreci\u00f3 una fuerte suma de dinero para que yo salvara mi casa, a cambio de que yo escribiera la Historia de la D\u00e9cada, lo cual era proponerme que fuese su historiador oficial; y Ud. recordar\u00e1 as\u00ed mismo que prefer\u00ed perder mi casa, como efectivamente la perd\u00ed, contestando a Ud. en carta de fecha 4 de abril de 1934 lo siguiente: \u00abYo podr\u00eda ser, aunque humilde, historiador, pero no histori\u00f3grafo\u2026 Creo un error la resoluci\u00f3n de escribir la historia de la \u00faltima d\u00e9cada. Lo acontecido durante ella est\u00e1 todav\u00eda demasiado palpitante. Los sucesos no son materia de la historia sino cuando son materia muerta. Lo presente ha menester ser depurado, y s\u00f3lo el tiempo destila el licor de verdad dulce y \u00fatil para lo porvenir. Todo cuanto se escribe sobre lo actual o lo inmediatamente inactual, est\u00e1 fatalmente condenado a revisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La administraci\u00f3n del general V\u00e1squez y la de Ud. s\u00f3lo podr\u00e1n ser relatadas con imparcialidad en lo futuro. El juicio que uno merece de la posteridad no depende nunca de lo que digan sus contempor\u00e1neos; depende exclusivamente de uno mismo. Aparte de estas consideraciones decisivas, yo no podr\u00eda escribir ese trozo de historia por dos razones: la primera, mi falta de salud; la segunda, mi falta de recursos. Recibir dinero por escribirla en mis presentes condiciones, tendr\u00eda el aire de vender mi pluma, y \u00e9sta no tiene precio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No cabe en lo posible que qui\u00e9n escribi\u00f3 a Ud. lo que precede, acepte, ahora ni nunca, el cargo de Historiador Oficial. Aunque Ud. hubiera de alcanzar y merecer todo lo que se propone y dice en su discurso, de lo cual yo me alegrar\u00eda por el bien que reportar\u00eda el pa\u00eds, yo no ser\u00eda su histori\u00f3grafo. No puedo serlo de nadie. Un histori\u00f3grafo o historiador oficial huele a palaciego y cortesano, y yo soy la ant\u00edtesis de todo eso. No soy ni puedo ser sino un humilde historiador de lo pasado, y s\u00f3lo como tal me he obligado con el Gobierno. Un historiador oficial es un histori\u00f3grafo, y la diferencia que hay entre simple historiador e histori\u00f3grafo ha sido magistralmente expuesta por Voltaire en su \u00abDiccionario Filos\u00f3fico\u00bb, vocablo \u00abHistoriograf\u00eda\u00bb, en donde dice: \u00abEste t\u00edtulo es muy distinto del t\u00edtulo de historiador. Se llama histori\u00f3grafo en Francia al hombre de letras que est\u00e1 pensionado. Es muy dif\u00edcil que el histori\u00f3grafo de un pr\u00edncipe no sea embustero, el de una rep\u00fablica adula menos, pero no dice todas las verdades. En China los histori\u00f3grafos est\u00e1n encargados de coleccionar todos los t\u00edtulos originales referentes a una dinast\u00eda\u2026 Cada soberano escoge su histori\u00f3grafo. Luis XIV nombr\u00f3 para este cargo a Pellisson. . . \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n se debe a mi exclusiva iniciativa la cl\u00e1usula s\u00e9ptima del referido contrato del 18 de julio de 1935, cl\u00e1usula que se refiere a la cesi\u00f3n de 5.000 ejemplares al Gobierno Dominicano. Esta no me exigi\u00f3 nada; pero yo no hubiera aceptado su oferta de escribir una historia sino a condici\u00f3n de ofrecer, a mi vez, la manera de reembolsar ampliamente la cantidad de dinero que costase escribirla y editarla. Es mi firme voluntad, sean cuales fueren las condiciones en que yo escriba mi Historia; poner desinteresadamente mi obra, por alg\u00fan tiempo, a disposici\u00f3n del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>He aceptado escribir una nueva historia de Santo Domingo a pesar de mi poca idoneidad por la raz\u00f3n capital expresada en 1932, en mi introducci\u00f3n al curso oral sobre historia colonial, cuando digo: \u00abEl efecto m\u00e1s doloroso para nosotros de la decadencia de la isla ha sido que, desde entonces, la historia de \u00e9sta qued\u00f3 enterrada en los archivos coloniales; y all\u00ed est\u00e1 y estar\u00e1 hasta que la rescate de la noci\u00f3n que la conciencia nacional va creando de s\u00ed misma y tan poco a poco como lo requiere el hecho de que la formaci\u00f3n de la conciencia nacional depende del conocimiento de la historia patria\u00bb. Cuando Ud. me propuso escribirla, envi\u00f3 a decirme que Ud. consideraba que prestar\u00eda un servicio eminente a las generaciones futuras aportando su concurso para que yo la escribiera, y yo acept\u00e9, por mi parte, el escribirla, con el \u00fanico pero elevado prop\u00f3sito de contribuir, siquiera modestamente, a la formaci\u00f3n de la conciencia nacional, que todav\u00eda no existe pero acept\u00e9 teniendo cuidado en evitar, como se v\u00e9 en las cl\u00e1usulas primeras y s\u00e9ptima de mi contrato, que nadie pueda err\u00f3neamente figurarse que pertenezco a la far\u00e1ndula que sigue a Ud. como sigue a todos los potentados de la tierra, tratando de medrar a cambio de lisonjas.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que, en honor a la verdad, si Ud. hubiera podido tener a mano y compulsar el contrato que he celebrado con el Gobierno Dominicano, no se habr\u00eda expresado en la forma en que lo hizo, atribuy\u00e9ndome un cargo que no tengo y una obligaci\u00f3n que no me corresponde. Creo tambi\u00e9n que aunque Ud. me haya tratado muy poco, me conoce lo bastante, como me conoce todo el pa\u00eds, para saber que yo no me puedo consentir en verme uncido a ning\u00fan carro triunfal. La virtud y la ambici\u00f3n son en principio incompatibles. Los vencedores no tienen entrada franca en mi cristianizado esp\u00edritu. Los que la tienen son los pobres y los humildes. \u00abLos humildes ser\u00e1n ensalzados y de los pobres es el reino de los cielos\u00bb, dice el Evangelio. En cuanto a los grandes triunfadores, \u00e9stos pertenecen a la historia: ella se los entrega a la posteridad, y la posteridad ha de juzgarlos. No se puede formar Juicio hist\u00f3rico contempor\u00e1neo sin violar la jurisdicci\u00f3n de ese tribunal misterioso y supremo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no tengo \u00abuna mentalidad erudita\u00bb. S\u00f3lo tengo ideas claras y rectitud de coraz\u00f3n. No he estudiado nunca por la simple curiosidad de saber, sino, conforme a Arist\u00f3teles, para ser bueno y obrar bien. En este sentido creo que la lectura de la historia es una suprema lecci\u00f3n de moral. Es injustificado el desd\u00e9n hacia la historia del pasado. No hay pasado obscuro. La obscuridad s\u00f3lo est\u00e1 en nosotros. Es del pasado de donde viene siempre la luz con que vemos hoy con el esp\u00edritu las cosas, sencillamente porque no puede venir del porvenir. El porvenir ser\u00eda tan obscuro como la muerte, si no fuera porque la luz de lo pasado es tan potente que permite prever ciertos acontecimientos de un futuro pr\u00f3ximo. Y la ciencia dif\u00edcil del mando es la eminencia sobre la cual la historia proyecta con m\u00e1s claridad la luz. Aunque la marcha de la humanidad sea progresiva, el hombre de Estado debe abismarse en la contemplaci\u00f3n de lo pasado, porque \u00e9ste es ra\u00edz, tronco y savia de los frutos del presente, sin los cuales \u00e9ste se marchitar\u00eda y se secar\u00eda como rama arrancada del \u00e1rbol.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de elaborar sucesos hist\u00f3ricos es indispensable estudiar los sucesos realizados por las generaciones anteriores. Ellos son la experiencia de la vida; ellos suministran las reglas y modelos. Y de modo singular necesita el pol\u00edtico el conocimiento del pasado de su pueblo, porque ese pasado es la cantera de los materiales apropiados para la f\u00e1brica de una obra pol\u00edtica verdaderamente nacional. La \u00edndole de un pueblo no puede estudiarse s\u00f3lo en su generaci\u00f3n viviente. En pol\u00edtica ninguna soluci\u00f3n es f\u00e1cil; ning\u00fan error es te\u00f3rico. Las disposiciones legislativas de un pueblo, aunque sean cient\u00edficas; son perturbadoras cuando no respondan a sus necesidades, a su situaci\u00f3n, opiniones y creencias. Lo que se llama reconstrucci\u00f3n nacional debe hacerse de acuerdo con lo pasado: la reconstrucci\u00f3n contra el pasado es pura ideolog\u00eda; es lo mismo que si para reparar un edificio, se prescindiese de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Los m\u00e1s grandes, guiadores de sociedades y de ej\u00e9rcitos han medido sus pasos por la lecci\u00f3n de la historia y acu\u00f1ado sus haza\u00f1as en este acerado y fin\u00edsimo troquel. Los mejores reyes y capitanes de Grecia y Roma y del mundo se criaron y formaron en el regazo de la historia, y a\u00fan algunos magistralmente la escribieron. La almohada de Alejandro era la Iliada junto con su espada; C\u00e9sar puso al lado de la suya sus admirables Comentarios; y Napole\u00f3n, en sus reflexiones sobre la campa\u00f1a del Magno Macedonio, nos revela su atento y profundo estudio de lo pasado. El rey Alfonso el Sabio, el hombre m\u00e1s culto del siglo XIII, escribi\u00f3 la Historia de Espa\u00f1a para ense\u00f1ar al pueblo espa\u00f1ol sus or\u00edgenes; tambi\u00e9n escribi\u00f3 la del suyo el profeta Mois\u00e9s, mientras lo guiaba a la tierra prometida; y Mahomet el Conquistador le\u00eda y fundaba escuelas mientras combat\u00eda. La excelsitud no se improvisa. Las grandes acciones exigen poderoso y cultivado entendimiento, y necesitan ser puestas, antes de ser realizadas con audacia, bajo el signo de la prudencia, virtud suprema del que manda y rige pueblos y que s\u00f3lo se acendra en la lecci\u00f3n atenta de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>La actual generaci\u00f3n dominicana es precisamente, en mi pobre concepto, la m\u00e1s desgraciada de cuantas han hollado con su planta el suelo de la isla sagrada de Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00e9bese esto a la Ocupaci\u00f3n Americana, que fu\u00e9 escuela de cobard\u00eda y envilecimiento, debilidad y corrupci\u00f3n, y cuya acci\u00f3n depresiva y delet\u00e9rea destruy\u00f3 la energ\u00eda del car\u00e1cter, la seriedad de la palabra, la verg\u00fcenza en el obrar, dejando, a la hora de la Desocupaci\u00f3n, un pueblo muelle, despreocupado y descre\u00eddo sobre esta tierra de acci\u00f3n y de f\u00e9, que fu\u00e9 alm\u00e1ciga de h\u00e9roes desde los primeros tiempos del descubrimiento del Nuevo Mundo y que di\u00f3 a \u00e9ste, en el siglo XIX, un pr\u00edncipe de la libertad en Francisco del Rosario S\u00e1nchez. Los poderes p\u00fablicos deben estimular en nuestra juventud el florecimiento de aquellas energ\u00edas de que dieron alta prueba Meri\u00f1o frente a Santana, Luper\u00f3n frente a Espa\u00f1a, Emiliano Tejera frente a B\u00e1ez, Luis Tejera frente a la tentativa filibustera de 1905, y, frente al desembarco de los norteamericanos en San Pedro de Macor\u00eds, Gregorio Urbano Gilbert. Es menester buscar al historiador dominicano que m\u00e1s se asemeje a Tuc\u00eddides, para que evoque en toda su \u00e9pica belleza el proceso glorioso de esta rep\u00fablica nuestra durante la Anexi\u00f3n y riegue con la corriente y declaraci\u00f3n de los sucesos antiguos los modernos, a fin de vigorizar la debilitada cepa del presente. (sic)<\/p>\n\n\n\n<p>Mi creencia, cada vez m\u00e1s arraigada, de que el pueblo dominicano no constituye naci\u00f3n, me ha vedado en absoluto ser pol\u00edtico militante. No he sido, dentro de los t\u00e9rminos de mi pa\u00eds, ni siquiera alcalde ped\u00e1neo. En una serie de art\u00edculos publicados en 1899 y reproducidos luego en \u00abA Punto Largo\u00bb, he escrito lo siguiente: \u00abGobernar es Amar\u00bb. \u00abSon, a mi ver, m\u00e1s compulsivos para el pol\u00edtico que para el sacerdote los deberes de humanidad, dulzura, piedad y tolerancia, porque lo m\u00e1s grave de la ley es como afirma San Mateo. el juicio, la misericordia y la f\u00e9. Para m\u00ed la cuesti\u00f3n no es dispensar el bien y el mal como las divinidades antiguas, sino hacer el bien; es no adoptar resoluciones que no est\u00e9n cimentadas en la rectitud del coraz\u00f3n, es dar al pueblo toda su personalidad en\u00e9rgica y viril, fortificando diariamente su esp\u00edritu en el rudo ejercicio de la libertad, que es el \u00fanico que produce los caracteres en\u00e9rgicos que forman las naciones y mantienen independiente al estado de toda dominaci\u00f3n extranjera; es proporcionar, no la educaci\u00f3n meramente intelectual que s\u00f3lo sirve para aumentar las filas de los peores auxiliares del poder, sino la que fecundiza, extiende y vivifica la libertad jur\u00eddica, hasta el punto de producir la libertad pol\u00edtica, que es la verdadera libertad; es poner fuera. de todo alcance los derechos del ciudadano y reducir al m\u00ednimum necesario los de los poderes p\u00fablicos, es finalmente, consagrarse al bien p\u00fablico con perfecto desinter\u00e9s material e inmaterial, amar la pobreza y practicarla, despreciar el aplauso en absoluto, adoptar s\u00f3lo los medios que justifiquen la nobleza de los fines y acu\u00f1ar la paz en las palabras, en las medallas, en los actos y en las almas.<\/p>\n\n\n\n<p>Suplico a Ud. dispensarme por haberle distra\u00eddo de sus importantes ocupaciones, y espero que Ud. no tendr\u00e1 inconveniente en reconocer, como es de estricta verdad y justicia, que no estoy encargado de escribir la historia del presente, sino la del pasado hasta el 26 de Julio de 1899, y que lo \u00fanico a que estoy obligado, respecto del presente es a hacer una enumeraci\u00f3n de los sucesos hist\u00f3ricos a contar de 1899, todo de conformidad a mi contrato con el Gobierno Dominicano, de fecha 18 de julio de 1935; y que es conforme a este criterio que debo continuar escribiendo la Historia de la Isla de Santo Domingo.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy de Ud. Honorable Presidente, con sentimientos de la consideraci\u00f3n m\u00e1s distinguida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>AMERICO LUGO<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abPol\u00edtica es amor y tolerancia. Gobernar es amar, porque gobernar es dirigir la educaci\u00f3n de un pueblo y no educa quien odia, ni gobierna quien no pone sobre su cabeza a unos, junto a su pecho a otros y en sus rodillas a la generaci\u00f3n naciente. 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