{"id":250125,"date":"2016-05-07T09:02:40","date_gmt":"2016-05-07T09:02:40","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodominicano.ddns.net\/?p=250125"},"modified":"2016-05-07T09:02:40","modified_gmt":"2016-05-07T09:02:40","slug":"supervivientes-de-las-matanzas-de-ruanda-relatan-el-horror-del-genocidio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodominicano.com\/?p=250125","title":{"rendered":"Supervivientes de las matanzas de Ruanda relatan el horror del genocidio"},"content":{"rendered":"<p><body><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"img3\/a43adca57e0abf83307472db5fdcf249f460c7eb.jpg\" \/><br \/><img decoding=\"async\" src=\"img3\/8d184ea8b7248d9c40ff7885d987e4c0d6fca96b.jpg\" \/>  <\/p>\n<p>7 May 2016<\/p>\n<\/p>\n<p>AFP\/Archivos \/ Marco Longari<\/p>\n<p>Trabajadores extrayendo de la tierra los restos de una fosa com\u00fan en Nyamirambo, cerca de Kigali, el 7 de abril de 2000. En el lugar hab\u00edan sido enterradas al menos 32.000 personas que seis a\u00f1os despu\u00e9s de la masacre en Ruanda iban a ser enterradas<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto me acerco a esa iglesia, me vuelvo loco\u00bb, asegura Jean-Damasc\u00e8ne Rutagungira, que el 13 de abril de 1994, una semana despu\u00e9s del inicio del genocidio en Ruanda, asisti\u00f3 a la matanza de toda su familia en esa parroquia de su pueblo, Kabarondo, al este del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Veintid\u00f3s a\u00f1os m\u00e1s tarde, este agricultor se dispone a declarar en Par\u00eds contra quien fuera entonces alcalde de Kabarondo, Octavien Ngenzi, y su predecesor, Tito Barahira, juzgados a partir del martes por su presunta participaci\u00f3n en el genocidio.<\/p>\n<p>\u00abPerd\u00ed a mi mujer, a mis hijos, a toda mi familia\u00bb, recuerda Jean-Damasc\u00e8ne, al recordar aquella funesta iglesia cat\u00f3lica. A su entender, la culpabilidad de los dos acusados no ofrece la menor duda. \u00abSi no hubieran estado ah\u00ed, no habr\u00eda habido tantos muertos\u00bb asegura este tutsi de unos 50 a\u00f1os, sentado ante su casa rodeada de campos de ma\u00edz y bananos.<\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana de aquel 13 de abril, la poblaci\u00f3n y las milicias hutu Interahamwe se prepararon para iniciar el asalto desde la plaza del mercado. Jean-Damasc\u00e8ne, refugiado en la iglesia, est\u00e1 convencido: Octavien Ngenzi y Tito Barahira formaban parte de los asesinos.<\/p>\n<p>Armados con piedras, los Tutsi intentaron resistir, pero no lograron oponerse a los militares y a los milicianos que llegaron como refuerzo, equipados con granadas y armas de fuego. \u00abHubo muchos muertos. Hab\u00eda cad\u00e1veres por todas partes frente a la iglesia\u00bb, rememora Jean-Damasc\u00e8ne.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abEs el momento de cortar\u00bb &#8211;<\/p>\n<\/p>\n<p>AFP\/Archivos \/ Simon Maina<\/p>\n<p>Cr\u00e1neos humanos conservados en el Memorial del Genocidio en Nyamata, dentro de una iglesia cat\u00f3lica donde miles de personas fueron asesinadas en el genocidio de 1994 en Ruanda, el 4 de abril de 2014 en el pa\u00eds africano<\/p>\n<p>Los milicianos hicieron salir de la iglesia de ladrillo a los supervivientes y procedieron a \u00abseparar los hutus de los tutsis\u00bb. La madre de Jean-Damasc\u00e8ne fue abatida ante sus ojos. Luego otra mujer sali\u00f3 de la iglesia. \u00abUna anciana que se llamaba Jos\u00e9phine Mukaruhigira\u00bb, prosigue. \u00abSe dirigi\u00f3 a Tito Barahira y le dijo: &#8216;No me maten, soy hutu'\u00bb. Pero Tito Barahira \u00abla empuj\u00f3 y la mujer cay\u00f3 de bruces. Y ah\u00ed, un Interahamwe la mat\u00f3 de un mazazo en la cabeza\u00bb. \u00abYo lo vi\u00bb, insiste.<\/p>\n<p>El antiguo alcalde salv\u00f3 en cambio de la matanza a un hutu cuya madre era tutsi, lo que prueba, seg\u00fan el testigo, la influencia del exdirigente. \u00abTodo el mundo era asesinado, pero este hombre se salv\u00f3 porque as\u00ed lo pidi\u00f3 Tito Barahira\u00bb, dice Jean-Damascene.<\/p>\n<p>Respecto a Octavien Ngenzi, \u00e9ste \u00abdaba \u00f3rdenes\u00bb pero de forma m\u00e1s discreta, puntualiza.<\/p>\n<p>Tras el asesinato de la anciana, los milicianos ordenaron a los supervivientes que se pusieran de rodillas y que escondieran su rostro. \u00abLuego uno de ellos grit\u00f3: &#8216;Lleg\u00f3 el momento de cortar&#8217;. Y empezaron a matar a la gente a machetazos\u00bb, relata.<\/p>\n<p>Jean-Damasc\u00e8ne logr\u00f3 huir milagrosamente y sobrevivi\u00f3 escondido en la selva hasta que el Frente Patri\u00f3tico Ruand\u00e9s (FPR) &#8211; exrebeldes tutsi hoy en el poder- lleg\u00f3 a la zona a finales de abril.<\/p>\n<p>Octavien Ngenzi y Tito Barahira niegan los hechos que se les reprochaN. El primero admiti\u00f3 durante la investigaci\u00f3n que se vio superado por la locura asesina imperante y no pudo oponerse a ella, pero ese argumento es dif\u00edcilmente aceptable para los supervivientes. Oreste Incimatata, cura de la parroquia de Kabarondo en 1994, asegura que ambos hombres \u00aberan poderosos\u00bb y \u00abten\u00edan mucha influencia entre la poblaci\u00f3n\u00bb por su estatuto de alcaldes.<\/p>\n<h6> 2016-05-07 09:02:40 <\/h6>\n<p><!--\n<link rel=\"stylesheet\" href=\"css\/bootstrap.min.css\">\n\n\n<ul class=\"pagination\">\n\t    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=19769'>Previous<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n       \n    \n\n<li><a href='?page_no=1'>1<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=2'>2<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=19768'>19768<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=19769'>19769<\/a><\/li>\n\n\n\n<li class='active'><a>19770<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=19771'>19771<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=19772'>19772<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a>...<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=51012'>51012<\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href='?page_no=51013'>51013<\/a><\/li>\n\n    \n\t\n\n<li >\n\t<a href='?page_no=19771'>Next<\/a>\n\t<\/li>\n\n\n    \n\n<li><a href='?page_no=51013'>Last &rsaquo;&rsaquo;<\/a><\/li>\n\n<\/ul>\n\n\n--><br \/>\n<\/body><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>7 May 2016 AFP\/Archivos \/ Marco Longari Trabajadores extrayendo de la tierra los restos de una fosa com\u00fan en Nyamirambo, cerca de Kigali, el 7 de abril de 2000. 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