Por Victoria Argüello

CARACAS, 10 oct (Xinhua) -- Las elecciones regionales que se celebrarán en Venezuela el próximo domingo medirán la nueva correlación de fuerzas políticas entre el oficialismo y la oposición de derecha, en medio de un constante clima de incertidumbre sobre el futuro del país.

El 15 de octubre será también decisivo ante lo que quizás sea la más importante contienda en los últimos años: los comicios presidenciales del 2018, cuando se juegue la permanencia del proyecto chavista.

Un total de 18 millones 99.391 electores están habilitados para escoger el domingo a 23 gobernadores de igual número de estados, lo cual permitirá precisar cuál de los dos bandos políticos sigue siendo mayoría o minoría.

Una primera lectura es que la venidera contienda tiene el reto de superar una abstención sin precedentes, dada la "ausencia de esperanza" entre la población, la cual es resultado de errores cometidos por dirigentes del oficialismo y de la oposición.

Esta tesis la sostiene el experto en asuntos electorales y presidente de la encuestadora Buró Consulting, Emiro Romero, quien en un estudio de campañas asegura que los candidatos a gobernadores "no están en sintonía con lo que los electores desean, que es la resolución de sus problemas".

"Estimamos que esa condición de desesperanza y desestímulo tenga como consecuencia una baja participación en ese escenario, y sólo van a votar quienes militan o simpatizan con una de las tendencias políticas, es decir el voto duro", explicó Romero en entrevista con Xinhua.

Actualmente, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) cuenta con una notable mayoría en las direcciones estatales, con 20 gobernaciones a su favor frente a sólo tres que están dirigidas por la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Esta incipiente presencia territorial de la MUD atiende a los estados de Miranda (norte), Amazonas (sur) y Lara (oeste), estos dos últimos liderados por gobernadores otrora vinculados con el chavismo.

No obstante, el PSUV obtuvo esta mayoría abrumadora en las elecciones regionales de 2012, cuando permanecía el mandato del presidente Hugo Chávez (1998-2013) y la aguda crisis económica aún no empezaba a divisarse.

En esa ocasión, de un universo de más de 9 millones de votantes, el Gran Polo Patriótico, que reúne al PSUV y a otras organizaciones independientes, obtuvo 4,8 millones, mientras que la MUD consiguió 3,8 millones de votos.

La cifra opositora creció tres años más tarde, cuando en los comicios parlamentarios del 2015 obtuvo 7,7 millones de votos frente a 5,6 del chavismo, un resultado que muchos analistas atribuyen a un amplio descontento de la población con el gobierno, producto de la crisis económica.

Para analistas como Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, en las próximas elecciones la oposición alcanzará una "clara mayoría", mientras que otros estudios reflejan que el PSUV podría perder al menos 13 de sus 20 gobernaciones.

Según Emiro Romero, el hecho de que alguno de los dos actores políticos gane 16 gobernaciones implicaría tener entre 35 y 40 por ciento de aceptación en la base social, lo cual está en duda dada la falta de conexión entre las aspiraciones populares y las propuestas políticas.

En el caso de la MUD, sostiene Romero, la alianza "decepcionó" a la población tras las protestas violentas convocadas entre abril y julio de 2017 que dejaron 121 fallecidos, todos ellos de los sectores más vulnerables, sin resultado de las promesas emitidas por sus dirigentes.

En relación al PSUV, permanece un "descontento" por la incapacidad del gobierno del presidente Nicolás Maduro de resolver asuntos como la escasez de alimentos y medicinas, la inflación y la inseguridad.

"El voto proclive al chavismo está más desestimulado; los que están un poco más estimulados son los militantes de la oposición, pero tampoco están muy convencidos; el 'voto duro del chavismo' es el que va a votar y podría alcanzar un 20 por ciento", sostuvo Romero.

Pese a las predicciones, proliferan preguntas acerca del escenario poselectoral y si los problemas que aquejan a la población venezolana serán resueltos, independientemente del bando que resulte vencedor.

Para muchos políticos y analistas, no habrá un efecto inmediato tras las elecciones, ya que los principales problemas son "estructurales" y guardan relación con el modelo económico dependiente de la exportación petrolera y una cultura de corrupción arraigada en este esquema.

Por esta razón, el presidente de Buró Consulting cree que la palabra clave en el escenario posterior a los comicios es "incertidumbre", aunque para gran parte de la población los resultados electorales pueden contribuir al diálogo político entre las dos partes. Fin