París, 20 abr (PL) Después de gobernar por cinco años con François Hollande como presidente, el Partido Socialista (PS) de Francia podría obtener en las venideras elecciones los peores resultados de las últimas décadas.

Así lo vaticinan todas las encuestas que ubican a su candidato, Benoit Hamon, en el quinto puesto en la intención de voto, con aproximadamente un 10 por ciento del apoyo, bien alejado del cuarteto favorito y de la posibilidad de clasificar al duelo final.

Sin embargo, el retroceso socialista era previsible desde hace varios meses, sin importar el nombre del representante electoral, pues la tendencia negativa tiene su origen, según reconocen analistas y políticos, en las numerosas decepciones legadas por el quinquenio Hollande.

La inconformidad de los franceses con los resultados del gobierno fue evidente con la caída en picada de la popularidad del mandatario en el año 2016, quien en consecuencia optó por desistir de buscar la reelección en tanto le vaticinaba una derrota segura.

En su lugar se postuló Manuel Valls, que fue primer ministro durante más de dos años y se convirtió entonces en la apuesta fuerte del PS, pero ni siquiera los simpatizantes socialistas lo respaldaron y en las primarias de la izquierda terminó venciendo Hamon.

La victoria de este político, identificado como representante del ala más izquierdista del PS y quien en numerosas ocasiones se opuso públicamente a las políticas liberales desplegadas por Hollande -lo cual lo llevó a renunciar como ministro de Educación en los primeros tiempos del quinquenio-, reflejó claramente la necesidad de renovación imperante en el PS.

Sin embargo, su retraso en las encuestas evidencia que el candidato sigue heredando la decepción ciudadana con la gestión gubernamental de su partido.

Asimismo, Hamon no ha logrado superar un desafío que hace meses aparecía como crucial: limar las diferencias existentes al interior de PS para conseguir la cohesión de la familia política en torno a su campaña.

Varias de las principales figuras socialistas se niegan abiertamente a votar por él al estar en desacuerdo con su programa, que consideran demasiado inclinado a la izquierda, o en una especie de represalia por la oposición de abierta que Hamon adoptó en numerosas ocasiones hacia el gobierno.

Incluso Hollande se ha mantenido al margen del asunto y solo el actual primer ministro Bernard Cazenevue ha manifestado el apoyo al candidato, pero con declaraciones bastante discretas.

De su lado, el ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, considerado uno de los políticos socialistas más influyentes, anunció que no apoyará a Hamon sino al centrista Emmanuel Macron, decisión imitada por otros altos funcionarios de la formación.

En resumen, el PS llega a las elecciones profundamente debilitado y fracturado, mientras sus detractores lo consideran al borde del colapso.

Por otra parte, el candidato tampoco ha conseguido movilizar el apoyo ciudadano con su programa de gobierno, que tiene un fuerte componente social y ecologista con el fin de impulsar un nuevo modelo de desarrollo en Francia que no esté centrado en el capital, sino en el ser humano.

Su principal propuesta, consistente en instaurar una renta universal básica para todos los ciudadanos, comenzando progresivamente por los más vulnerables, ha sido blanco de críticas que la califican de utópica e imposible de concretar en las condiciones actuales de Francia.

Tras ganar las primarias, Hamon dedicó grandes esfuerzos a intentar crear un frente amplio de fuerzas de izquierda y si bien consiguió llegar a un pacto electoral con el partido Europa Ecología Los Verdes, no tuvo el mismo éxito con el líder izquierdista Jean-Luc Melenchon, quien optó por seguir su camino en solitario.

Cuando el fracaso electoral socialista es dado por seguro, la atención se centra en si el PS será capaz de recomponerse en el futuro para volver a salir a flote.

(Por Luisa María González).