Por Guillermo Caram

EL Presidente Fernández ha manifestado desde el exterior, según lo ha recogido la agencia EFE, su satisfacción en la forma que dejará la nación cuando abandone el poder el próximo 16 de Agosto. Pero la terminación del acuerdo con el FMI prevista para febrero del año próximo y la coincidencia de un año electoral, introducen riesgos que deben ser previstos para que ésta satisfacción no se convierta en la encarnación de la frecuente culpabilidad que se le atribuye a los males al "gobierno anterior"; expresión que todavía se escuchan en la presente gestión que ya sobrepasa los 7 años.

La reciente experiencia de Grecia al cambiar el gobierno no debe ser ignorada. A raíz del triunfo del actual gobierno y su advenimiento al poder en octubre del 2009, las cuentas externas fueron revisadas, encontrándose que se había encubierto operaciones de crédito para poder obtener nuevos préstamos.

Al destaparse ésta caja de Pandora, como solía decir el Presidente Balaguer, quedó evidenciado que Grecia estaba mas endeudado que lo que decía el "gobierno anterior", con la complicidad de agencias, bancos, y organismos internacionales; por lo que comenzó a reducirse la afluencia de recursos externos en momentos coincidentes con la ebullición de la crisis económica mundial.

Al suspenderse nuevos financiamientos a los acreedores le entró el pánico y comenzaron a ser exigentes en sus pagos exponiendo a Grecia a una tremenda disyuntiva. Si no paga, cae en falta, default, lo que implica su salida automática de la UE y la pérdida de los privilegios que esto implica. Y si decide pagar, necesita imponer mas tributos o recortar radicalmente gastos burocráticos y programas sociales; disposiciones ambas que están generando protestas sociales tremendamente peligrosas.

Hoy los ojos del mundo están puesto en la suerte de Grecia y hasta las potencias occidentales se incriminan mutuamente por la forma como han encarado los problemas de ésta y otras naciones en crisis.

Aunque éste no es estrictamente el caso dominicano, conviene recordar que desde el 2008 a la fecha, al gobierno no le están alcanzando sus recaudaciones para cubrir sus gastos corrientes y servicio a la deuda, faltándole incluso 10 millones por cada hora que abre sus puertas para cubrirlos; por lo que solo puede satisfacer exigencia de inversión para la economía y necesidades sociales de nuestra población a menos que sea con mas prestamos.

Eso lo saben los prestamistas al gobierno y solo lo siguen financiando por el amparo que le ha brindado el acuerdo con el FMI que vence en febrero del próximo año.

De allí que debería preverse desde ahora la posibilidad que al expirar el acuerdo con el FMI, los prestamistas a su gobierno se hagan mas prudentes y dejen de prestarle al país hasta que un nuevo acuerdo con éste organismo pueda concertarse que, por delicadeza, tendría que ser con el gobierno que tomará posesión el 16 de agosto próximo. El hecho que se esté dedicando cerca de la mitad de las recaudaciones gubernamentales para el pago del servicio de la deuda constituye otro ingrediente que observan los financiadores.

De llegar a faltarle esa asistencia financiera externa, el gobierno se vería entonces en la disyuntiva de recortar drástica y radicalmente los gastos en medio de la campaña electoral o los financia con dinero inorgánico que devaluaría nuestra moneda por haber mas pesos en circulación con los mismos dólares generados por la economía y, en consecuencia, mas inflación, echando por el suelo la "estabilidad macroeconómica alcanzada" que es lo que mas satisface al gobierno.

En ese momento los prestamistas hasta ahora generosos se convertirán en acreedores exigentes.

Por éstas razones el gobierno debe propiciar un Presupuesto para el 2012 menos imprudente en materia de gastos, ingresos y financiamientos, que las cifras que hasta ahora han circulado a través de los medios en los que se consigna una expansión del gasto de mas del 10% contando con el absurdo crecimiento de los ingresos corrientes de mas de un 23% frente a tributaciones que apenas se incrementan al mismo ritmo del crecimiento de la economía.

Este Presupuesto es sumamente riesgoso, puesto que expone a incrementos deficitarios originados en gastos fijos que habrán de cumplirse seguramente frente a ingresos contingentes sobre lo que no se está seguro que se obtendrán.

Si el Presidente Fernández desea garantizar su satisfacción al término de su mandato y no convertirse en centro de culpabilidad de las próximas autoridades que culparían al entonces "gobierno anterior" de la inestabilidad provocada por el presupuesto deficitario que su gobierno ha presentado, debería hacer que su gobierno elabore un Presupuesto para el 2012 inspirado en la congelación del gasto y en el comedimiento en las proyecciones de ingresos.