Ricardo Rojas León

En las últimas semanas, algunos juristas e incluso el Colegio de Abogados, han planteado la necesidad de que se apruebe una ley que castigue el sicariato.

Se entiende por sicario a la persona que mata a otra a cambio de una paga. La palabra sicario proviene del latín "sicari", que significa daga o cuchillo. El sicario era el que utilizaba una daga para asesinar a otro por encargo.

Luego se aplicó a los que envenenaban y finalmente a todo el que asesina a cambio de dinero. En Roma, el sicariato se penalizó mediante la lex Cornelia de sicariis et veneficis.

El crimen por paga o sicariato está penalizado en la legislación dominicana. El artículo 60 del Código establece que "se castigarán como cómplices de una acción calificada de crimen o delito, aquellos que por dádivas? provocaren esa acción.."

El auge del sicariato en el país se debe, por un lado, al incremento del narcotráfico y a la guerra por los "puntos de droga". Pero también al incentivo que las autoridades han dispensado a los sicarios y a sus mandantes, porque la Policía casi nunca investiga los denominados "ajustes de cuentas". El muerto en un supuesto ajuste de cuentas "no se paga", como nunca se han pagado los muertos en las campañas electorales.

El problema del sicariato no se resolverá con una nueva ley que sancione con penas generalmente reservadas a los crímenes de lesa humanidad (40 años, propone el CARD) a quien mata o intenta matar por encargo de otro.

Pero se puede reducir cuando tengamos una Policía que investigue todos los ?ajustes de cuenta?, porque así se atacará el problema en su raíz, y ello permitirá, incluso, procesar por asesinato a supuestos narcotraficantes y a otros delincuentes.

El sicariato tampoco se combate eliminando físicamente al supuesto sicario, como acontece en muchos "intercambios de disparos". Cuando se abate a tiros a un supuesto sicario, generalmente el caso queda ahí y, en la práctica, se premia con la impunidad a los que pagaron al sicario.

Una ley contra el sicariato podrá ser "publicitariamente conveniente" y ?simpática?, en términos de opinión pública, pero no va a contribuir a resolver un problema que tiene raíces sociológicas e institucionales.

Eliminemos el incentivo, o sea la impunidad, de pagar para matar a otro y veremos cómo se reduce esa clase de muertes. La fiebre del sicariato no está en la sábana.

Ricardo Rojas León es profesor de Derecho Penal y Procesal Penal