Por: Mayobanex De Jesús Laurens

A diario lo presenciamos en las calles y carreteras del país. Rebasan por la izquierda o por la derecha sin medir las consecuencias. La premura por llegar o por presumir de gran volante ante los demás provoca la imprudencia.

Irrespetan a los pasajeros. No importa que tengan la identificación de ?Metro?, pues hacen paradas donde les de las ganas, para montar personas, violando las normas establecidas por ellos mismos.

Unos tienen la asignación de los viajes nocturnos y madrugueros, y sabiendas que deben descansar y dormir bien, por el contrario, viven de la rutina parrandera. Cuando les toca tomar el volante, entonces el cansancio los vence y vienen los accidentes lamentables, con pérdidas de vidas cautivas indefensas.

No importa la imprudencia y las pruebas aportadas por los propios viajeros que resultan ilesos. Las vidas que se pierden pasan pronto por el olvido. Ellos recuperan el valor del vehículo con el seguro y los familiares de las víctimas no volverán a ver a sus seres queridos, idos a destiempo y por imprudencia ajena.

En esta semana fue el caso de la autopista hacia Samaná. En el año suman decenas los accidentes por estas causas. Unos tras otros se suceden y las autoridades responsables del control del tránsito del transporte terrestre permanecen calladas.

Imprudencia que cobra vidas inocentes. Dolor ajeno no quita sueño. Sus familiares gritarán las pérdidas sufridas, pero ni los directivos del sindicato de minibuses, ni los funcionarios de la OTTT, ni las autoridades policiales derramarán una sola lágrima por ellos. Mañana ese caso quedará en el olvido y los chóferes imprudentes volverán por sus fueros a correr sin control en las carreteras.